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21 de Julio de 2016

Los vaivenes del "organizado" fútbol argentino

Dos notas que reflejan el momento que atraviesa el nuestro fútbol de acuerdo
a los acontecimientos (búsqueda y consecuencia) de la tan buscada Superliga.

Arriba las manos

Los dirigentes levantarán sus manos para votar y aprobar la Superliga. Se disfraza
el asunto como un cambio revolucionario pero por ahora parece ser sólo maquillaje.

Por Mariano Hamilton



Parece ser que finalmente se va a jugar la Superliga en la Argentina. A partir de agosto
y con formato todavía indefinido (¿ahora parece que reflotaron el torneo corto de cuatro
meses?, ¿o será un torneo largo como en Europa?). Para ser francos, lo único que se
modifica de lo conocido hasta ahora es el nombre y el reparto de la plata, ya que
tendremos los mismos organizadores, los mismos dirigentes, los mismos clubes, los
mismos técnicos y los mismos jugadores. También, por supuesto, los mismos estadios
(muchos de ellos en precarias condiciones) y los mismos pésimos campos de juego

Por eso, por lo menos a corto plazo, se podrá llamar Torneo Julio Grondona, Copa Iveco,
Superliga o Liga Intergaláctica pero en lo que respecta a lo futbolístico y organizativo será
más de lo mismo.

Pero bueno, más allá de este no detalle, al menos parece ser que los dirigentes se
pusieron de acuerdo para repartir la plata (en realidad la única pelea de fondo): 78% para
Primera, 12% para la B Nacional, 7,5% para las otras categorías del ascenso y 2,5% para la
AFA. En términos de plata, hablamos de: 1.950 millones de pesos para Primera, 300 millones
para la B Nacional, 175 millones y medio para el resto de las categorías y 62 millones y medio
para la AFA.

Igual, el reparto sigue. De ese 75 por ciento que les corresponde a los clubes de Primera,
habrá diferentes niveles para cada equipo según estos criterios: 40% se repartirá
equitativamente, 25% de acuerdo con el rating televisivo y la convocatoria a los estadios, 20%
por la posición en el torneo y el 5% restante de acuerdo a la cantidad de socios. El primer
escalón de la cadena de ingresos lo ocuparán Boca y River; el segundo, Independiente,
Racing, San Lorenzo y Vélez; y el tercero, los otros 24 equipos. No deja de ser llamativo
que Central, Newell’s, Belgrano, Talleres, Colón, Unión y Huracán sean considerados pares
de otros conjuntos con menor convocatoria e historia. ¿Lo aceptan? Raro, ¿no?

¿Qué quiere decir todo esto? Vamos a los bifes: Boca y River recibirán 9 millones de pesos.
Independiente, Racing, San Lorenzo y Vélez, 6. Los otros 24 clubes, 4,5. Los equipos de la
B Nacional contarán con 1.400.000 cada uno. Los de Primera B, 261 mil pesos por cabeza y
además negociarán con TyC Sports la transmisión de partidos.

¿Qué nos parece todo este asunto? Vamos por partes.

Reparto del dinero

Hay una lógica extendida en el fútbol. El más poderoso, el que mueve más gente, el que
tiene más recursos, debe cobrar más plata. Capitalismo puro. Sentido común del más ramplón.

Hay otras formas de mirar la cosa. Si efectivamente Boca, River, Independiente, Racing, San
Lorenzo y uno que otro equipo son los más mueven la aguja del negocio, los que más recaudan
fuera de los derechos de TV, sería una variante a considerar que el dinero que llega de la
televisión pudiera servir para equiparar ese poderío. Nos referimos a algo parecido de lo
que ocurre con los deportes en Estados Unidos, en donde –más allá de que hay formas de
evadir los controles– se observa la cuestión deportiva como parte vital del negocio y por eso
existe la figura de los topes salariales o las prioridades para elegir a las figuras emergentes
(rookies).

A los equipos de fútbol americano, básquet, hockey sobre hielo o beisbol que les fue mal en una
temporada, se les dan prerrogativas para que se refuercen porque se entiende que lo deportivo
está íntimamente vinculado al negocio. Para los norteamericanos sería inaceptable que se
jugaran torneos con finales anunciados, como ocurre por ejemplo en España.

Aquí, si se hicieran las cosas pensando en el negocio deportivo, tranquilamente se podrían haber
considerado esas variantes. Darle más plata al campeón o al que tiene más socios o al que
convoca más gente a sus partidos (es decir que recauda más que los otros por estos conceptos)
creemos que abre la brecha entre lo más ricos y los más pobres y, por defecto, aleja al resto
de mejores oportunidades deportivas futuras.

Pero como acá todos quieren ser campeón y les importa un rábano el negocio-deporte, se
toman este tipo de decisiones. Para Angelici o D’Onofrio, por citar dos ejemplos pero todos
piensan igual, lo único que importa es tener equipos más poderosos que el resto y, en
lo posible ser campeones siempre. Si eso hace que la Superliga se transforme en un embole
deportivo, eso se verá más adelante. Por eso decimos: ya que se dice revolucionar, este
punto debería ser considerado. Pero no.

Lo deportivo

Ya esbozamos cuáles pueden ser los problemas de acá a cuatro o cinco años, cuando la brecha
económica se amplíe. Copiar el modelo de España sería un error garrafal. Porque gran parte de
las virtudes del fútbol argentino es que pueden aparecer equipos como Lanús en el torneo
anterior que pongan patas para arriba las cosas y le entreguen al torneo un sabor diferentes de
lo que ocurre en las otras ligas, en donde Barcelona, Real Madrid, Paris Saint Germain, Juventus
o Bayer Münich desfilan. Ni que hablar del espaldarazo que recibió la Premier con el título
obtenido por el Leicester, es decir un equipo con un presupuesto de 74 millones de euros que
se impuso contra los monstruos que cobraban entre 120 y 110 millones de euros. Allí vimos,
como nos pasa habitualmente en la Argentina, las virtudes de una competencia deportiva
que puede llegar a encumbrar a los menos poderosos, es decir el verdadero y maravilloso valor
que tiene este juego llamado fútbol. Ni más ni menos que el arte de lo impensado.

Otra cuestión que anda dando vueltas es el formato. Ahora parece que otra vez se habla del
hacer un torneo corto. Es decir otra vez retrocedemos en chancletas.

Si se había avanzado en la idea de volver a los torneos anuales, si se estaba por combinar el
calendario con la Copa Argentina y si finalmente prosperaba la idea de armonizar todo
llevado a la Copa Libertadores y a la Sudamericana a un formato anual, ¿alguien puede
explicar por qué debemos padecer otra vez el desquicio de los torneos cortos?

Volvemos a lo mismo. Aquí son los equipos más chicos lo que prefieren este formato por la
misma razón que los grandes quieren más plata: no les importa la virtud, prefieren sostener
el mamarracho de los torneos cortos porque suponen que una buena racha los podría acercar
a rapiñar un título. O sea, otra vez se miran el ombligo en lugar de pensar en grande.

La maraña del dinero

Muchos dirigentes entienden que este es un momento bisagra para el fútbol argentino después
del reinado despótico de Julio Grondona. Tienen razón. Reformular los Estatutos de AFA es
una prioridad. Quitarle al próximo presidente la discrecionalidad para manejar todas las
variantes de negocio-fútbol es vital. Un hombre no puede controlar desde los árbitros
pasando por los calendarios hasta llegar a a disponer de todo el dinero para hacer lo que
se le antoje. Eso es inadmisible.

También se encuentran hoy ante el desafío de hacer un torneo en serio por una vez en la vida
y así demostrarle a los futuros inversores que tanto desean que se acerquen, que son
capaces de profesionalizar el manejo del fútbol, de hacer algo previsible.

Hoy nuevamente deben recurrir al Gobierno, que paralizó las licitaciones ante el desquicio
de la AFA y se comprometió, por última vez, a poner 2.500 millones de pesos. En el futuro
todos se imaginan a Turner, Fox, Torneos, Al Jazeera o a Magoya y quieren que esos 2.500
millones se transformen, por lo menos, en el doble. Pero para que esto pase, deben ser
serios. Y no seguir pensando con un pañuelo de cuatro nudos en la cabeza.

Está más que claro que el asunto del fútbol por TV abierta tiene fecha de vencimiento, en uno,
dos o tres años. No nos gusta pero entendemos que, más aún como está el país hoy, esos
recursos puedan ser destinados a otras cuestiones. Seguimos creyendo que con una buena
administración, el Gobierno argentino podría transformar el salvavidas de plomo en un buen
negocio y que, incluso, le dejaría cierta rentabilidad. Pero para hacerlo habría que tocar intereses
y ya sabemos que Cambiemos no llegó a la política ni al Gobierno para incomodar a los actores
concentrados de la economía y de las comunicaciones.

Sin ir más lejos, obligado, lo está haciendo, ya que al cerrar las licitaciones generó el enojo de
muchos de los medios que lo ayudaron a llegar al poder. No hay más que fijarse en algunos
títulos sugestivos de Clarín, que ya le está marcando la cancha. ¿O ustedes creen que la
revelación que hizo Clarín sobre la reunión secreta entre Macri y Lorenzeti en medio del quilombo
por la suba de las tarifas fue por amor al periodismo? A esta altura de la noche no somos tan
cándidos como hace un par de décadas. Las operaciones y los aprietes se ven a varias leguas
de distancia.

Así está todo hoy. Seguramente en la Asamblea se levantarán más de las 61 manos necesarias
para aprobar la Superliga. ¿Será un cambio para bien? Hasta que no veamos dirigentes con los
pantalones largos que decidan gobernar a sus clubes y a la AFA con una visión global dejando
de lado sus miserias, se nos permite dudar.

En la estupeda novela Il Gattopard, Tancredi Falconeri le dice a su tío Fabrizio Corbera, quien
está preocupado por el final de la supremacía aristocrática: “Se vogliamo che tutto rimanga come
è, bisogna che tutto cambi” (“Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo
cambie”). Desde entonces las ciencias políticas se han ocupado largamente del tema: el
“gatopardista” o “lampedusiano” (por el autor de la novela, Giuseppe Tomasi di Lampedusa)
refiere al político que inicia una transformación supuestamente revolucionaria pero que
sólo altera superficialmente las estructuras de poder. Justamente para que nada cambie.

Fuente: Revista el Caño



Y fue la superfarsa

La Superliga no verá luz este año: sin acuerdo por el estatuto y con una Comisión en la AFA
afín al Gobierno, ¿se pospuso para 2017 o va directo al tacho?



Al fin y al cabo, fue una puesta en escena. Que insumió cientos de negociaciones y tres
asambleas de la AFA para que aprobase su funcionamiento dentro de Viamonte 1366. La
creación de un nuevo orden en el fútbol argentino, denominado Superliga, por ahora murió
antes de nacer. Sí, increíble. Y no se sabe si verá la luz el año que viene...

El proyecto había sido concebido con la idea de que -al igual que en España- la Primera y la
Segunda división generaran, aumentaran y administraran sus propios recursos, ya sean de
la TV o cualquier otro. Impulsado por Angelici, D´Onofrio y Tinelli, entre otros, persiguió
quitarle poder a una eventual presidencia de la AFA del tándem Moyano/Tapia. Hasta se
redactó un estatuto y se analizó quién la presidiría (Verón o el propio MT). Pero ayer Horacio
Martignoni, vice de Sarmiento de Junín y hombre cercano a Daniel Angelici, confirmó que la
FIFA no estaría de acuerdo con el estatuto y obligaría a reformarlo. Y que los tiempos ya no
darían para arrancar el 19 de agosto. ...

Pero, como sucede habitualmente, existe otra cara de la misma moneda: la Comisión
Normalizadora designada por la FIFA en acuerdo con el Gobierno y la Conmebol será
presidida por Armando Pérez, quien fuera el candidato predilecto de Mauricio Macri para
presidir la AFA. Así, con Hugo Moyano y Marcelo Tinelli afuera de la conducción del fútbol
argentino, tal cual pretendían en Balcarce 50, "al haber Normalizadora monitoreada por
el Gobierno no se necesita Superliga", tal cual le dijeron a Olé. Es que los recursos de los
derechos de TV serán gestionados vía Comisión. Y el Estado ya avisó que está dispuesto
a rescindir el contrato con el FPT, algo que los clubes solicitaron el último lunes. Fernando
De Andreis, secretario de la Presidencia, anunció ayer que "aceptamos el planteo que hace
el 95 por ciento de los clubes de Primera División y varios del Nacional B, abriendo una
instancia de diálogo que piden para evaluar los tiempos y la forma", y agregó que el
Gobierno insistirá para "que hasta 2019 la gente siga viendo los partidos de la misma
manera que hoy, sin tener que pagar costos adicionales". Entonces, la AFA será quien
organice el próximo certamen. Hay dos posturas: que se disputen Apertura y Clausura,
ambos en dos zonas, con una final por el título de campeón, o bien torneo largo de
30 fechas, todos contra todos, con dos fechas de clásicos. Este último formato cuenta con
más adeptos, puesto que sería visto como más justo desde lo deportivo. La idea es cerrarlo
la semana próxima.

Sin más Superfarsa.


Fuente: Diario Deportivo Olé

 

 

 

 

 

 
 
 

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