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14 de Octubre de 2014

Ser Leona: de la fantasía a la realidad, sueños
de chicas y presiones de grandes


Miles de jóvenes en todo el país aspiran a llegar al prestigioso seleccionado de hockey; la
autoexigencia extrema, el papel de los padres y las figuras consagradas como modelo a
seguir, un combo que analizan jugadores, técnicos y psicólogos

Por Gastón Saiz



¿Quién no sueña con ser una Leona ?" La frase es un eslogan compartido por miles de chicas
que practican hockey sobre césped en todo el país. Cada una repite la idea como si fuera
de propiedad exclusiva, pero el deseo íntimo se replica en todas desde el boom de este
deporte en 2000, con la obtención de la medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Sydney.
Sin embargo, esa búsqueda tan genuina queda envuelta en una atmósfera no siempre
favorable. Hay otro costado: "El hockey se está futbolizando; se nota en partidos de séptima
división por la manera en que reaccionan los padres ante un mal fallo de un árbitro. Tenemos
que erradicar esas actitudes y bajar los decibeles, porque si no vamos a terminar mal",
advierte Gabriel Minadeo, head coach de las Leonas, preocupado por el exitismo cada vez
más visible en las categorías menores. "No puede ser que en un Torneo Argentino se
desencadenen insultos entre equipos de distintas provincias; en el medio hay chicos que
todavía atraviesan una etapa formativa. La presión de los padres y sus reacciones
terminan frenando el crecimiento", agrega.

El imaginario colectivo de convertirse hoy en Luciana Aymar , y más atrás en el almanaque en
Soledad García o Vanina Oneto , mantiene una vigencia absoluta porque los logros del equipo
acompañaron desde aquella gesta en Australia hasta el Mundial 2014 de La Haya; un largo
camino de 15 años que alumbró mitos y símbolos arropados con la camiseta celeste y blanca.
Pero a veces los límites del deseo se vuelven difusos, entre la fantasía de las fanáticas por
ser Leonas y las chances concretas de alcanzar algún día ese objetivo. En este contexto, el
trabajo mental se incrementó a medida que aumentaron las exigencias para el seleccionado
mayor en el ámbito internacional. Ese papel desempeñó con el primer equipo la psicóloga
deportiva Nelly Giscafré, que ahora atiende las inquietudes de jugadoras de clubes que
pretenden ser Leonas. Ellas son enviadas por técnicos o por sus propios padres. "La principal
preocupación de las aspirantes es tener que demostrar lo que saben frente a las pocas
oportunidades que se les presentan. Son tantas las ganas de ser Leonas que muchas veces
terminan bloqueándose. Durante una prueba muestran una sensibilidad terrible por la forma
en que las observa el entrenador. En lugar de tomar cosas del DT para aprender, transforman
esa mirada en una crítica. Se ponen una coraza que les impide jugar liberadas, de manera
más lúdica. Es el sentimiento de «tengo miedo a equivocarme y que no me elijan». Y entonces
se equivocan el doble." Según Giscafré, las chicas ansían "encarnar un modelo ideal" y "obtener
el certificado de ser muy buena en el deporte". No se trata de salvar su futuro económico con el
hockey, sino de esa necesidad tan humana de ganar prestigio.

Son varios los casos de Leonas que decidieron declinar en pleno tránsito hacia una consagración
definitiva. Campeona mundial en 2010 y todavía con un gran futuro, Giselle Kañevsky renunció
un año después de aquel título en Rosario y recurrió a la sabiduría de la Cabalá para vivir
en meditación y armonía. "Alejarme de las Leonas fue lo mejor que me pudo haber pasado,
porque crecí un montón y encontré un equilibrio y bienestar conmigo misma. Mi último año en
el grupo lo viví con miedos y muchas presiones. Estaba de viaje en un torneo y quería volver a
mi casa. Con la práctica de la Cabalá aprendí que el ser espiritual puede controlar las emociones
de sí mismo", señaló en su momento la defensora a la revista Augol. En 2003, Silvina D'Elía fue
citada con 17 años para sumarse al plantel campeón del Mundial en Perth 2002, aunque siendo
tan joven empezó a angustiarse con los vuelos de Mendoza a Buenos Aires y terminó dando el
portazo porque sentía que no la cuidaban desde la Confederación. Estaba desamparada.
Enseguida, Piti se reinsertó en la vida colegial mendocina y recuperó la calidez familiar; con
el tiempo volvió al equipo con todas sus fuerzas. Otro caso: en 2005, Daniela Maloberti
asomaba como una implacable goleadora, pero una crisis adolescente la llevó a descartarse
para un replanteo total de su vida. "La gente que te quiere te mete presión, pero no lo hace
para ponerte mal. La presión me la pongo yo misma y más en torneos importantes.
Disfrutar es difícil", reconocía la delantera, en un intento de regreso de corto alcance en 2007.

Con 37 años, ocho distinciones anuales como Mejor Jugadora del Mundo y medallas en Juegos
Olímpicos, Mundiales y Champions Trophies, Luciana Aymar se sigue entrenando con el
entusiasmo de una quinceañera, con vistas a su función final en Mendoza, en diciembre
próximo. "Todas las nenas tienen que tener la fantasía y el sueño de ser Leona, porque en
cualquier momento se te puede hacer realidad. Cuando empecé a jugar, sinceramente nunca
imaginé que podía lograr tanto, pero se me dio. Es perseverar y después dependerá de la
decisión que tome cada una en cuanto a la continuidad y la constancia que le ponga, pero la
fantasía hay que tenerla siempre", opina Lucha, hábil también para brindar charlas de liderazgo
y para la promoción de distintos campus de perfeccionamiento para niñas. En sus 17 años en el
seleccionado, la rosarina vio pasar a varias compañeras que naufragaron en la búsqueda de
consolidarse como Leonas. Es decir: aun habiendo llegado a la meta suprema de representar
a la Argentina, muchas vieron sus proyectos truncos. "Hubo jugadoras de 20 o 22 años que se
dieron cuenta de que no estaban preparadas para entrenarse todos los días y sí para estudiar
una carrera universitaria. A los 15, yo supe que estaba capacitada y lo quería hacer. Tenía ganas
de esforzarme y aposté. La vida del deportista es las 24 horas; es una filosofía que no
cualquiera puede o quiere practicar."

Marcelo Garraffo , ex DT de ambos seleccionados, ubica en la balanza el gran arraigo del hockey
con las metas deportivas de las chicas. "Un deporte se populariza por los sueños de la
población de esa disciplina. Antes, con Gabriela Sabatini, los sueños se trasladaban a una
cancha de tenis. Ahora hay una gran población de la franja etaria juvenil que se ilusiona
con el hockey", argumenta. El director deportivo de GEBA y asesor de la UADE agrega: "Los
padres y los entrenadores debemos educar esa fantasía de querer ser Leona y controlarla
para que no sea nociva. Son muy pocas las chicas que llegan al seleccionado; tenemos
que ser cautos y acercarlas a la mayor realidad posible. Esto es un embudo en el que cada vez
pasan menos. Es cruel, y cuanto más chica se es, más difícil resulta asimilar la frustración".

"Mi amor por las Leonas es por la humildad y garra que ponen. De ellas aprendí que actitud
mata talento. Me convocaron tres veces para ser una Leoncita. Fue una de las mejores experiencias
de mi vida, pero fue muy duro cuando me lo dijeron", recuerda Camila Valotta, de 18 años, de
Regatas de Bella Vista.

La mayoría de jugadoras de clubes son ciento por ciento fieles a sus equipos, a tal punto de
entrenarse hasta avanzada la noche, con frío, lluvia o calor, mientras compatibilizan su
agenda con las obligaciones escolares o universitarias y algún momento de ocio. Convencidas de
resignar viajes familiares o acontecimientos sociales de fin de semana, hacen prevalecer el
sentido de pertenencia grupal en defensa de sus colores y fomentan ese espíritu desde un
perfil totalmente amateur. Su compromiso es irrestricto a lo largo de la semana, entre ejercicios
físicos cada año más intensos y ensayos técnicos de una mayor sofisticación. El éxito argentino
en el hockey internacional subió la vara en la preparación de las jugadoras de clubes y promovió
una mayor competencia interna, con miras a integrar algún seleccionado. "Cada vez es más
difícil llegar, hay más nivel, dedicación y se requiere de muchos más cuidados personales,
pero la ilusión siempre está. Aparecen varias chicas que se me acercan y me dicen «me muero
por ser Leona», y capaz que juegan en la D de un club ya con 16 años", describe Sofía Maccari,
que formó parte de las Leonas hasta Londres 2012 y está a cargo de la 7a y 5a división de
mujeres y la 8a y 5a de varones en San Fernando.

Sergio Vigil, arquitecto fundamental del fenómeno del hockey femenino, siempre pregonó valores
que deben ser prioritarios en esta aspiración de ser Leona: perseverancia, humildad, solidaridad,
esfuerzo, espíritu de lucha, tolerancia, compañerismo, alegría, convicción, respeto, compromiso
y honestidad. "Para ganar en la vida hay que estimular y despertar los potenciales que hay
en cada ser humano. Los valores no se imponen, los van generando los conductores y los
propios jugadores a través del ejemplo, de la acción de cada día", suele enseñar Cachito.

Aun en convivencia con esas malas reacciones que apuntaba Minadeo, el hockey no se detiene.
La proliferación de canchas sintéticas por todo el país a partir de 2000, muchas de ellas de
agua, colaboró decisivamente en la multiplicación de jugadoras en cada rincón. Carlos Retegui,
que comandó en simultáneo a los dos seleccionados en el último Mundial, con dos terceros
puestos, desarrolla una tarea en el hockey social, de donde pueden surgir nuevos talentos.
Recorrió puntos tan disímiles como El Galpón (Salta), Las Heras (Santa Cruz), Barreal (San
Juan) o Goya (Corrientes). "Cada vez que voy al interior digo que el esfuerzo más grande
que se pueda hacer desde lo anímico o familiar valdrá la pena por el sólo hecho de ponerse
la camiseta argentina. Aunque sea una vez. Escuchar el himno y representar el país es algo
glorioso", abunda el Chapa, que explica cuál es su criterio a la hora de elegir: "En una jugadora
valoro más la actitud que la aptitud. Luchar en el día a día y no bajar los brazos sirve para
la vida y para enfrentar las adversidades, no sólo para quedar preseleccionada".

El hockey también explota en Twitter a través de sus fanáticas. La mayoría participa en clubes
y muchas se identifican con alguna jugadora en particular, con lo que utilizan las caras de sus
ídolas en sus propios avatares. Además, viven pendientes de la actualidad de las Leonas.
Aunque se retiró del seleccionado, su carisma y trayectoria hacen que la ex capitana Magdalena
Aicega posea cerca de 44.000 followers. "En mi época te mandaban a probarte a Lomas para
que algún entrenador te viera entre 500 chicas; hoy existen más pasos intermedios y distintos
seleccionados Sub 14, Sub 16 o Sub 18 en donde podés quedar. La clave para llegar es tener
una cabeza fuerte y fijarse objetivos cortos: primero darle lo mejor a tu club para luego
pensar en el seleccionado. Después, la vida te irá diciendo cuál es tu camino", comenta
Magui. Martina Cavallero, delantera del plantel actual, amplía: "Es un conjunto de cosas;
además del esfuerzo que volcás hay que tener la suerte que un entrenador te vea y le
llames la atención por algo en el momento justo. Formar parte del equipo es un privilegio,
pero lo debés ratificar día a día, no sólo en un torneo".

La construcción de una Leona es una tarea de orfebre en la que se conjugan algún talento en
particular con una constancia de hierro, a prueba de todo. Es la realización máxima para miles
de chicas, que cuando posan sus cabezas sobre la almohada se debaten entre la utopía y la
realidad. Entre sueños y presiones...


"Con orejas y fosas nasales congeladas":
Lucrecia Rebello / Ex jugadora de la selección de pista

Hasta dónde llega el amor por el hockey, cómo calcularlo. Lucrecia Rebello (36 años) es un
ejemplo. Vive en Comodoro Rivadavia e integró la selección de pista, modalidad indoor. A
su modo, fue una leona. De hecho, el equipo usa la misma camiseta. "En Comodoro me
he entrenado con vientos de 120 kilómetros, bajo cero, lluvia y nieve. Corría sola en el
Estadio Municipal, con orejas y fosas nasales congeladas. Pero el entrenamiento siempre
me llenó el alma, sentía el máximo placer", confiesa. Viajaba "1800 kilómetros de ida y
otros tantos de vuelta, 26 horas cada tramo en ómnibus". Lo hacía una vez por mes para
concentrarse en el Cenard con el plantel. En el verano patagónico, a falta de carpetas
sintéticas, jugó mayormente en canchas de tierra. Para solventarse vendió huevos y fue
delivery de quesos y verduras. Su último club fue el Naútico Rada Tilly. "El hockey fue una
parte muy importante de mi vida, un estilo de vivir. Es raro que una jugadora del Sur llegue
a las Leonas. Sólo conozco a Julia Gómes Fantasía, de Madryn. No es un deporte barato,
pero te da un gran placer emocional. Me dejó amistades y nuevos lugares, pero lo máximo
fue haber integrado un seleccionado de mi país".


LAS CIFRAS DEL CRECIMIENTO

Cantidad de jugadoras federadas, a partir de 12 años, de clubes afiliados a asociaciones
de todo el país que forman la Confederación Argentina de Hockey:

39.000 / Septiembre 2000

93.600 / Febrero 2011

123.000(*) / Octubre 2014

(*) A esta cantidad hay que sumarles unos 22.ooo federados varones. Al margen, hay
unos 150.000 jugadores de ambos sexos que practican el deporte en la Argentina en
forma no competitiva, entre universidades, colegios, countries, ligas del interior,
mami-hockey y en nivel social



Fuente: La Nación




 

 
 
 

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