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20 de Noviembre de 2014

Ariel Scher: “La literatura y el deporte
cuentan mundos”


Cuando uno va a una entrevista, la mayoría de las veces, se presta a un ida y vuelta. No importa
el tenor, ni la importancia del entrevistado. Se suele dar un peloteo, un tet a tet que, siempre,
termina siendo sumamente interesante. Bueno, esta vez, Rock ‘N Ball no fue capaz de devolver
ni una sola pelota. Y no porque no quisiéramos, eh. Ariel Scher nos recibió en su casa un sábado
al mediodía, bastante atrás en el tiempo.

La excusa era hablar de la salida de “Contar el Juego”, su último libro, donde el periodista y escritor
propone un ¿ensayo? ¿recopilación? sobre la “Literatura y Deporte en la Argentina”, como anuncia la
tapa, de un color medioocre. Scher nos espera gentil, con cafés y medialunas, que ridiculizan a
nuestras pepas, aportadas desde la idea de compartir un desayuno.

Después, entramos en modo esponja. Mientras Scher habla sobre su libro, gesticula con pasión y
dice con sus silencios, nosotros, grabador encendido, aprendemos concepto a concepto. No se
puede hacer menos cuando uno tiene enfrente a un verdadero maestro en lo suyo. Scher, con
su humildad como bandera, se presta a teorizar sobre este River de Gallardo, el Racing de Cocca,
el regreso de Milito pero -claro- todo después de que nos cuente de qué va su nuevo libro. ¿Por
qué tardamos tanto en publicar esta nota? Porque lo bueno se hace esperar. Ni más, ni menos.

-¿Qué nos vamos a encontrar en este libro?

- El libro es un recorrido por la relación personal y profesional o narrativa de nueve escritores con el
deporte. La idea es contar cómo esos escritores, diversos entre sí, en su historia, sus estilos y su
relación con el deporte: cómo lo miraron, cómo lo hicieron y cómo lo escribieron.

Los nuevo escritores por los que Scher nos va a llevar son Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar,
Haroldo Conti, Rodolfo Braceli, El Negro Fontanarrosa, Juan Sasturain, Eduardo Sacheri, Martín
Caparrós y Osvaldo Soriano. “Son esos y pudieron ser muchos más”, se apura en aclarar Scher.
“Es un libro que en su construcción original al papel tendrá 300 páginas (NdR: En rigor de verdad,
son 262) y su volumen real eran cuatro veces eso, pero los formatos editoriales y la paciencia de
los lectores tienen un límite”, cuenta Ariel.

-¿Qué pensás hacer con todo ese material extra?

-No lo tengo resuelto. La decisión de que fuera más corto es porque nos pareció que era más digerible
contar 9 historias con esta naturaleza y el resto se irá viendo. Antes y después de la publicación de
este libro, me llaman y me piden datos. Y yo hago lo mismo. La construcción del conocimiento es
un ejercicio colectivo. Hay escritores que uno desde el campo siempre fértil de la ignorancia no
les supone presencia de lo deportivo en su vida o en sus obras. Y eso termina siendo tan
intenso que te asombra. Hay escritores que yo no tenía ni idea, pero jugaron más a la pelota que yo.

-¿Creés que eso tiene que ver con el preconcepto de que el “hincha” de fútbol es la
parte más vulgar de esta gente tan culta?

-Hay un campo de cierto prejuicio, por el cual suponemos que existe una cancha vulgar donde uno
mueve el cuerpo y hay otra no vulgar donde uno mueve el cuerpo de las ideas. Y esto, quienes
tenemos limitaciones para gambetear a más de un tipo, sabemos que no es así. El libro tiene por
un lado la biografía de estos escritores y, dentro de esas biografías, hay muchachos que han jugado
a un nivel muy alto en distintos deportes a los que les pasaban cosas con estos libros. Juampi Sorín
me cuenta que cuando él iba a las prácticas de Argentinos, cuando era un pibito, con un amigo que
siempre lo acompañaba y me refiere a un libro del Gordo Soriano. Soriano era su amigo a través de
los libros. El Toto Berizzo me dice que él leía y lee cuentos de fútbol porque lo ubican en esos
momentos que él jugaba. Y Santiago Solari me pasa una referencia sobre la lectura de Borges que
dice que “la lectura fantástica está dentro del fútbol”. Y a Jorge Valdano le pedí un recuerdo de los
tantos que él tenía con el “negrito” Fontanarrosa y me dice que se acuerda de un partido que
jugaron juntos en Las Parejas, en un estadio en que no había ni un sólo espectador. El Negro
había ido de Rosario hasta allá y el Negro hizo un gol de cabeza y lo festejó como si un estadio
estuviera por delante.Y Jorge se acuerda de ese gol tanto como del que hizo en el Mundial.

-Y esta idea de hablar de estos escritores reconocidos y relacionarla con
el deporte, ¿de dónde nace?

-Nace de muchos lados. A mí me gusta mucho el deporte y todos los juegos que éste implica.
El ejecutarlo, ejercitarlo y mirarlo y lo mismo pasa con la literatura. Me pareció que ahí había
un campo que conviene explorar. Yo ambiciono que de ese campo salgan muchos trabajos,
incluso muchos mejores que éste. Tengo la sensación de que hay montón de cosas por estudiar.
La literatura y el deporte cuentan mundos. Me parece que es así. Yo cuando leo a Bioy y
veo todas sus referencias al tenis, me digo ‘mierda, a este tipo no sólo le gustaba jugar al
tenis, sino que era muy importante en su vida’ y quien no lo conoce a él no se lo sospecha.
Así como está bueno cuando vas al colegio que San Martín sea más que un cuadro, me da la
sensación de que estos tipos que nos hacen gozar con su extraordinaria capacidad narrativa
tienen una vida. No sé si decirte los humaniza, pero te los ubica en un escenario más hermanado.
Esta idea de que Cortázar, desde niñito, siempre se preocupaba por el boxeo es muy
interesante. Y digo Cortázar que es un tipo de mínima relación con el fútbol, sin embargo
nombra equipos y jugadores reales de equipos porque eso le permite contar.

-¿Cuál es la relación escritor-deporte que más te llamó la atención?

-En general, te llama más la atención aquello que no conocés o que menos conocés. Yo a
Fontanarrosa lo conocí, a Sacheri lo conozco, a Juan Sasturain lo conozco y a Martín Caparrós
lo he tratado también. Hay zonas que me resultan más conocidas. Pero laburando sobre Haroldo
Conti, escritor desaparecido por la acción de la última dictadura, tiene algunos de los más
extraordinarios cuentos sobre deportes que yo he leído en mi vida, como “Las doce a Bragado”.
Gente que corre se pone auriculares y la voz de Alejandro Apo leyendo ese cuento. Conti era
un tipo que se tiraba al agua a remar o a nadar y desafiaba a cualquier cosa. Él era socio del
“Tigre Boat Club”. Y él iba y remaba y pagaba con religiosidad su cuota social. Hay en Conti
esto de tomar la proeza deportiva y contarlo. Él contó el Delta del Tigre como poca gente
lo ha hecho. La navegación deportiva en Conti me fascinó. Conti no viene del fútbol, pero su
hijo más chico, que nació en el tiempo de la desaparición de su padre, es egresado en la carrera
de Periodismo Deportivo. Los sueños de Eduardo Sacheri por ser el “Pato Sacheri”, me parecen
inherentes a cualquiera de su generación. Así como los sueños de Caparrós con el rugby. Eso
demuestra que hay patrias de las que no nos vamos nunca.

-Ahora del otro lado, ¿qué esperas que la gente encuentre en el libro?

-Yo tengo un sueño con este libro. A mí, que crecí en un barrio del conurbano, que soñó todo
el tiempo con jugar al fútbol y lo hizo, el deporte me arrimó a pensar la historia de la Argentina,
a pensar las lógicas de la política. ¿Por qué este libro no puede ser una herramienta que nos
ayude en torno de la literatura o narración? Si contar la vida deportiva de alguien que escribe
puede ayudar a que alguien se acerque, no sólo a su vida deportiva, sino a su vida narrativa…
bueno, eso es genial. Desde que salió el libro, montones de chicos me han escritos correos y
me han llamado para preguntarme cómo ubicar a Braceli, que lo quieren conocer, entrevistas
o conocer. Braceli es mendocino. Su relato empieza contando que él peleó 4 rounds con Locche
y no le pudo pegar. El otro día me llamó otra persona que yo no conocía y me dijo que no
podía creer que a Bioy le importara este costado humano que tenía que ver con jugar y que
tuviera tanta pasión sobre el tenis. En el texto sobre él, Guillermo Salatino, que tenía 17,
18 años cuando Bioy era una de las altas autoridades del Buenos Aires Lawn Tennis, cuenta
que para él Bioy era un hombre del club: en ese entonces, él no leía a Bioy.


Mi amigo El TOPO

El libro no tiene grandes dedicatorias, pese a que Ariel conoce a mucha gente y, sin duda,
precisó de mucha para llevar adelante este libro, que él mismo reconoce como un recorrido.
Sin embargo, sí está dedicado a una persona sola. Muy especial para el autor.

Después de pasar unas pocas páginas el lector se encuentra con una frase sola, que de tan
sola emociona. Sobre todo ahora, después de conocer el trasfondo. Dice: “A la memoria de
Jorge “Topo” López, siempre un crack”.

El Topo perdió la vida cuando fue víctima de la cruenta inseguridad que vive Brasil, en el
marco del Mundial Brasil 2014, horas antes de que la Argentina, en San Pablo, se jugara su
pase a la final del Mundo ante Holanda. El Topo, amigo de Lionel Messi, entre otros de sus
muchos cientos de amistades y afectos, no logró ver consumado su sueño. No pudo ver
a Lio, siempre su defendido, su bancado, su adorado, a quien conoció cuando apenas
era un “chaval” que soñaba en grande en La Masía, la fábrica de sueños del FC Barcelona.
El Topo sí pudo ver cómo Lio conquistaba el mundo redondo una y otra vez, incluso, logrando
su mayor victoria: conquistar al futbolero argentino promedio. No pudo verlo yendo por la
gloria. No pudo verlo jugar por la Copa del Mundo, esa que Mario Götze nos robó a minutos
de que los tiros del punto de penal signaran la suerte de la final. Su pérdida, en una noche
aciaga de San Pablo, causó un dolor inenarrable en el ámbito del periodismo deportivo
todo y marcó para siempre la vida de Verónica Brunati, periodista de profesión, su mujer y la
madre de sus tres hijos. También la de sus amigos, entre los que se cuenta la familia Scher.

-¿Por qué la dedicatoria al Topo López?

-A ver…(piensa). La primera cosa tiene que ver con el propio Topo. Él era un individuo muy parecido
a lo que yo sueño sobre la condición humana. Francamente se lo extraña mucho, aunque la
potencia de su condición personal hace que siempre esté. El Topo se cruzaba conmigo y me
decía “Bueno, dale, pelotudo, terminá el libro”. “Pelotudo” amistosamente, claro, ciertas
formar reverenciales. Me decía “no seas pelotudo, terminá ese libro que lo quiero leer”. El
Topo era la expresión de alguien que quería siempre saber más. Tenía una dimensión infinita
de lo curioso. Al Topo vos le hablabas de un autor que nadie conocía o de un ignoto número
3 y el Topo se moría por averiguarlo. Si este libro mutara en las direcciones que todo el tiempo
mutaba él, ya justifica su existencia. Tiene que ver un poco con que el Topo siempre estuvo en
el tiempo largo de gestación que tuvo este trabajo. Más allá de que siempre estuvo muy cerca
de cosas mucho más importantes en la vida de mi familia.

-¿Dirías que hay mucho de la esencia de él en este libro?

-Los libros siempre son una oportunidad, como libros, de multiplicar generosidades en el Mundo.
En el caso del Topo yo le tenía mucha admiración y la tengo. El Topo era…a ver, yo pienso que
que nunca te define la cuchara con la que revolvés el café, sino la búsqueda de cómo llegás a
la cuchara. Y el Topo tenía una enorme voracidad y tenía una generosidad extraordinaria. Si
yo pudiera elegir cosas que nunca tendré para mí, porque no voy a llegar, me gustaría generar
la mitad, un cuarto de lo que el Topo irradiaba sobre la tierra. El Topo mejoraba el mundo
caminándolo. Y estaba en un proceso de mejorar eso mejorado que él era. Le tengo una gran
admiración, a él y a los compañeros que con las herramientas que tienen van
transformando o transformándose. No me provocan gran admiración los tipos con muchas
oportunidades de base; me genera mucho más entusiasmo y seducción el tipo que no tiene
la cancha en la esquina de la casa, que donde esté la cancha, va. El Topo se rateaba del
colegio para ir a ver los entrenamientos de Tigre porque quería ser periodista. El tipo que
en una cobertura te decía qué nota ibas a hacer y le gustaba acompañarte o si tenía un
dato jamás se lo archivaba sólo para él. Además, en lo que tiene que ver con este libro, el
Topo te preguntaba por un autor y, o te conseguía algo, o ya lo buscaba. Tenía una gran pasión
por la vida. Y lo que tenía que ver con la vida iba a buscarlo. Sin ninguna jactancia. Por eso
el libro está dedicado a él y dice: que siempre es un crack. Creo que le hubiese dado mucho
pudor si yo se lo dedicaba y él podía estar acá, pelotudeando con nosotros. Pero lo hubiera
merecido igual. Dedicárselo a él tiene que ver con todo lo que él nos sigue avisando como
individuo, más allá de la tristeza de su ausencia.

El momento del periodismo

-¿Y en el periodismo en sí, ¿qué te genera fascinación? Estamos en un momento
raro del periodismo, ¿no? Se dice que cualquiera con un Smartphone puede ser
periodista. ¿Qué opinás de todo eso?

-La primera fascinación es la de la época, en el sentido de ser testigo directo, acaso protagonista,
de un tiempo de impactante transformaciones. Es casi un privilegio ser parte de eso. Me da
mucha curiosidad, me estimula la pasión. Sin ser conservador de ninguna índole. Me da mucha
pasión cada chico, chica que conozco que piensa cómo contar viejas y nuevas historias con
viejas y nuevas herramientas. Hoy se discute quién comunica y desde dónde y eso me
parece sumamente interesante. Yo tengo una gran curiosidad y leo muchísimo cómo gente
más chica o más grande genera nuevas herramientas, nuevos canales de comunicación y
dice cosas que me descolocan. Me parece que vamos hacia descubrir nuevos paradigmas y
formas. Eso es entusiasmante, absolutamente. No me parece conveniente quedarse
encerrado en las discusiones de “bueno o malo para el oficio”. Lo interesante es repensar,
nos revisa a todas las personas, comuniquemos más o menos profesionalmente, para qué
contamos cosas. Hacer comunicación no es fotocopiar la realidad. Es ir sobre el mundo y ver
con qué sentido ponemos eso que vemos en otro lugar. Hay muchas discusiones que son
cáscaras, que son coyunturales que no me llaman la atención. Hay gente capaz que nos
invita a ser más capaces.

-¿Cómo es tu relación con los medios autogestionados?

-Yo creo que todo convive. Y que todos los tiempos de la historia son disputas de sentidos.
Me cuentan mis alumnos que hay mucho muy parecido…Estos tiempos de la historia nos
obligan a buscar maneras distintas de contar lo mismo. Pero no por ser distinto, sino para
agregarle miradas a las cosas. Hablamos de algo muy interesante, que es cómo los individuos,
en este tiempo de la historia, en la industria de la comunicación hacen autogestión. Es un
tema que habrán discutido Adán y Eva entre sí: ¿cómo morfaban?, ¿no?. Nos obliga también
a pensar qué es trabajo y qué es empleo. Es una responsabilidad, en esos espacios, ir por la
sustentabilidad. El tema es que hay que aprenderlo.

Fuente: www.rockandball.com.ar (Por Javier García)



 

 
 
 

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