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16 de Diciembre de 2016

San Martín: un club que renace con militancia Florida

El Club San Martín, ubicado en la zona norte de Rosario, se venía deteriorando desde la
década del 70 producto de las políticas estatales, la desarticulación y el desmembramiento
de lo social. Hace cinco años llegó un grupo de jóvenes con la idea de hacer un taller de
música. Terminaron haciéndose cargo de la recuperación institucional y el club volvió a
tener una comisión directiva estable y un nuevo estatuto. Hoy son 150 socios y es la parada
obligada de toda la familia. Hay patín, fútbol, danza, tango, percusión y bochas. Además,
Los pibes del Club San Martín realizan talleres en las escuelas, trabajan en la vecinal del
barrio y gestionan una huerta.

Por Tomás Viú



El Club San Martín está en la zona norte de Rosario, en el límite entre los barrios La Florida
y La Cerámica. Su historia es un espejo de la historia política argentina desde la segunda
mitad del siglo pasado: se fundó en 1949 durante el primer peronismo, cuando los clubes y
las vecinales entraron en ebullición; en las décadas del 50 y 60 estuvo en actividad pero en
los 70 sufrió el tremendo impacto de las políticas de la dictadura; en los 80 hubo un intento
de reverdecer pero los años 90 lo terminaron de castigar.

– Che, hay un club en el barrio al que pueden caer. Si van ustedes que son jóvenes y le dan
una inyección, el club va a ir para adelante.

El que habla es el padre de Santiago y la frase fue un presagio de lo que vendría. Él supo ir
al club. Cuando su hijo empezó a juntarse con los amigos del barrio para pensar en organizarse,
fue el encargado de contarles sobre la existencia del San Martín. A pesar de vivir a siete
cuadras, Santiago no lo conocía. Así de abandonado estaba. Era un lugar que abría de noche.
Había una cancha de bochas y un bufete. El resto de las actividades variaban según el
aprovechamiento que hacían del abandono los vivos de siempre.

– ¿Quiénes son? ¿De dónde salieron? ¿Qué quieren hacer? ¿Para quiénes trabajan?

Ésta fue la bienvenida que recibieron quienes hoy son conocidos como Los pibes del Club
San Martín. Definitivamente algo estaba por cambiar. “Cuando vinimos éramos un grupo de
quince pibes y pibas sin experiencia. Queríamos ver qué pasaba”, recuerda Santiago. Cuenta
que aquello que los juntó fue el deseo de estar en un club. “Nosotros somos pibes del barrio.
Somos producto de una coyuntura social, política y cultural hija del 2001. Nuestra militancia
fue tratar de resignificar estos lugares”. Santiago Dalleva es músico y estudia Ciencia Política.
Dice que el contexto social, político y cultural los hizo pensar en organizarse de otra manera
y en participar institucionalmente. “Hace cinco años llegamos acá con la idea de hacer un taller
de música”.

Después de un primer acercamiento con el club que no prosperó, fueron a la vecinal La
Florida y empezaron a trabajar con distintas actividades. “Ahí tomamos conciencia de lo que
era organizarnos y participar institucionalmente de un espacio”. Después de tres años
volvieron al club porque ya no les alcanzaba la estructura para hacer las actividades que
hacían en la vecinal. Sin embargo, continuaron paralelamente el trabajo en la vecinal en
donde hoy dan un taller de música. También organizaron talleres y actividades que continúan
al día de hoy en las escuelas Nº 824 “República Oriental del Uruguay” y Nº 1315 en barrio
La Cerámica. “En las escuelas estamos dando un taller de radio y comunicación. Logramos
articular todas las instituciones del barrio”, dice Santiago. Dentro del taller de comunicación
editan y publican una revista: Gaceta Florida.



Nuevo Estatuto (o sobre cómo refundar un club)

– Nosotros, hombres y mujeres congregados y ejerciendo el poder originario en Asamblea,
establecemos este Estatuto. Invocamos la memoria del General José de San Martín, en
honor a los fundadores de este Club y a todos los que han luchado incansablemente por
la existencia de estos lugares.

Estas palabras están impresas a fuego en el preámbulo del nuevo Estatuto que aprobaron
hace dos semanas en Asamblea los 150 socios que hoy tiene el Club San Martín, donde
confluyen no sólo vecinos de los barrios La Florida y La Cerámica sino también de
Granadero Baigorria. Además del estatuto, se aprobó la nueva comisión directiva, la
memoria y el balance. “Vinieron los socios pero también vecinos representativos del
barrio, concejales y militantes de organizaciones. La idea fue hacer una asamblea popular.
Así como hicimos un estatuto que se ajusta a la realidad en la que vivimos y a la
experiencia que venimos teniendo, la intención no era hacer una asamblea a puertas
cerradas. Todos los vecinos tienen que ir a las asambleas en los barrios”, dice Santiago.

Hace un año y medio empezó el proceso de normalización institucional. El club hacía más
de veinte años que no tenía los papeles al día. No había una comisión directiva estable.
Personería jurídica, balances y memoria eran palabras ajenas a la actividad del San
Martín. “No había una dinámica organizativa entre los distintos sectores. Hoy el club está
en un momento de construcción”. Santiago cuenta que ellos se sumaron al trabajo
que estaba haciendo Claudio, quien siempre estuvo en el club y hoy es el Presidente.
“Él estaba intentando juntar a todos los sectores para sacar adelante al club. La idea
era que hubiera una comisión directiva estable y que el club sumara actividades y
abriera desde la mañana hasta la noche”.

La flamante Comisión Directiva está formada por nueve personas y en el órgano de
fiscalización hay cinco revisores de cuentas. Participan todos los sectores. “Hay hombres
y mujeres de las distintas generaciones y actividades. Está la profe de danza, otra
mamá de danza, un muchacho de bochas, uno de percusión. Y estamos nosotros”.
Cuando Santiago dice nosotros se refiere a esos quince quijotes que hace unos años se
propusieron luchar contra los molinos de viento para reactivar un espacio que hoy está
lleno de vida. La idea, cuenta, era hacer algo integral abarcando lo artístico y los oficios. El
grupo se divide entre aquellos que están más abocados a la huerta y la construcción
sustentable, los que están trabajando la comunicación y aquellos más dedicados a la
música.

Esteban Ortega vive a diez cuadras del club, estudia Derecho y es quien se puso al hombro
la recuperación jurídico-administrativa. Hoy es el Secretario actual de la Comisión
Directiva y es el mayor responsable de la conformación del nuevo estatuto del San Martín.

– Todas las asociaciones civiles tienen un estatuto. El que regía al club se había hecho en
1951. Entonces había que cambiarlo.

Esteban cuenta que por lo general los clubes aprueban tal cual el modelo de estatuto
que mandan desde Provincia, pero dice que ellos aprovecharon para imprimir en el estatuto
la identidad del club y dar cuenta del proceso de recuperación.

– La idea era agregar cláusulas que sean directrices para que el día de mañana no vuelvan
a pasar las cosas que hicieron que en su momento el club se cayera. Por un lado
incorporamos una garantía de inclusión y participación que dice que la inscripción para
hacerse socio está siempre abierta y no se puede cerrar por ninguna circunstancia.

La cuota que pagan los socios es de 30 pesos pero en el artículo 15 del estatuto se
plantea el Beneficio de excepción por impedimentos socio-económicos.

– Otra cuestión clave es la regulación del bufete por estatuto y no por reglamento interno.
Sea cual sea la comisión directiva, el bufetero está condicionado: debe negociar los
precios en asamblea, trabajar en conjunto en las actividades y permitir que en eventos
puntuales el rédito económico del bufete quede para el club.

Otro de los artículos del estatuto les da prioridad a los asociados para ser contratados en
los momentos en los que el club deba realizar alguna obra o arreglo. “Hay una lista donde
figuran todos los socios que tienen un oficio. La idea es que haya una retroalimentación
del club con los asociados”, cuenta Esteban.

Dentro de los Derechos y Garantías Especiales, también se encuentran en el estatuto la
Protección de la Familia, de las Niñas, Niños y Adolescentes, el Fomento al Trabajo y la
Producción, la Diversidad Cultural y el Festejo Popular: los festivales, jornadas y encuentros
tienen fin en sí mismo, en razón del derecho de todos los Asociados a tener momentos de
felicidad y disfrute.

Esteban Strada trabaja en la huerta que también fue proyectada desde el grupo y es otro
integrante de la comisión directiva. Estudia Arquitectura y también está relacionado con las
cuestiones relativas a la construcción. “Es lindo pensar que estos lugares puedan generar
una economía. Al fin y al cabo son trabajos. Es muy bueno que haya un abogado que pueda
laburar en el club con el tema legal, pero también las personas que laburan con los oficios.
Creo que dar trabajo a través de la institución es muy bueno”.



Santiago cuenta que hay compañeros que estudian Medicina y que la idea es trabajar en
el dispensario que está en la vecinal. Esteban dice que le gusta la idea de “profesional
público”. La huerta está en los terrenos fiscales del viejo ferrocarril ahora concesionados
por la NCA. “A través de un Programa municipal se pudo llegar a ese terreno y usarlo para
trabajar”. Dice que es difícil porque la red está bastante desarmada. “Tenés que cultivar,
generar alimento, usar el lugar y ser el comerciante”. Pero rescata que es un lugar que le
abre las puertas al barrio, dando capacitaciones sobre cómo alimentarse y cómo cultivar los
alimentos. “Busca fomentar el trabajo en el barrio y la producción cercana”.

Esteban se acuerda y trae a la mesa el momento en que llegaron al club. “La gente que
estaba cuando llegamos de alguna manera lo mantuvo vivo. Gracias a eso aprendimos que
cuando uno llega a estos espacios se tiene que involucrar y relacionar con lo que hay para
trabajar y también para poder transformarlo”.

Atrás nuestro, en el escenario, están ensayando una coreo las chicas de danza. Deben
tener entre cinco y diez años. Van en fila india con los brazos levantados; algunas siguen
a la profe, otras miran de reojo a la hinchada: parece que las madres y los hermanos no
se pierden ni un ensayo. Más acá, en la cancha de fútbol, están por empezar a entrenar
los jóvenes. En el círculo central, el profe ayuda a elongar a los más chicos que recién
terminaron la práctica. Al fondo, los muchachos están jugando a las cartas.

En el Club San Martín algunos hilos invisibles tejen las redes que convocan y atrapan
al barrio.


Fuente: Enredando

 

 

 

 

 

 

 
 
 

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