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25 de Noviembre de 2014

Responsabilidad por daños en el deporte:
El caso de la FIFA y el fútbol


Barack Obama, poco antes de la celebración de la Super Bowl de 2013 declaró “Soy un
gran seguidor del fútbol americano pero tengo de admitir que si tuviera un hijo tendría
que pensármelo mucho antes de dejarle jugar a este deporte.” Y en mayo de este año
pidió “investigar mejor la incidencia de las lesiones cerebrales en los niños y jóvenes que
practican deportes, por considerar que no hay “datos sólidos” sobre las dimensiones del
problema y su impacto a largo plazo en los afectados.”

Pero antes de nada vamos a “centrar el balón”. Hablamos de responsabilidad desde el
punto de vista legal que pudieran tener quienes hipotéticamente conocen un riesgo que
causa un daño y no han intervenido, pudiendo hacerlo, para la desaparición o la
minimización del daño.

En la primera parte de esta serie comentábamos la demanda multimillonaria interpuesta
por ex jugadores de Fútbol Americano contra su liga, la NFL, por las secuelas que las
múltiples conmociones cerebrales han dejado en ellos en forma de Encefalopatía Traumática
Crónica (CTE). Y finalizábamos el post anterior con una pregunta que seguro que muchos
no nos habíamos planteado hasta ahora ¿Y en el fútbol, nuestro fútbol de toda la vida?

En nuestro fútbol de toda la vida hay casos como el de Jeff Astle, fallecido con signos de
CTE, Taylor Twellman, que siendo internacional por Estados Unidos tuvo que dejar el
fútbol tras sufrir varias conmociones y los riesgos que entrañaba para su salud sufrir más
golpes o Cindy Parlow, campeona olímpica con la selección de Estados Unidos que se
retiró con 26 años tras sufrir dos conmociones.

Ally McLeod fallecido tras años de Alzheimer, Duncan Forbes internado en una residencia
para pacientes con demencia y, sobre todo, la elevadísima tasa de jugadores de fútbol de la
liga italiana que sufren o han fallecido por ELA como Borgonovo o Signorini y cuya posible
relación se está estudiando actualmente.

Caso distinto es el de Petr Cech (portero del Chelsea) que tomó la decisión contraria a
algunos de los anteriores y sigue jugando con un casco protector que tuvo que ser
previamente homologado. Los médicos dijeron a Peter Cech que tenía dos opciones: o
esperarse tres años para que terminara de cicatrizar completamente su fractura en el
cráneo o jugar todo ese tiempo con el cascoque incluye una placa metálica que protege
justo el punto del cráneo que se le rompió.

“Duncan jugó al fútbol desde que era un niño y al ser defensa central, siempre le tocaba
cabecear los balones para sacarlos. Esos balones eran mucho más pesados que los de
hoy en día. En una oportunidad me dijo que como parte del entrenamiento le tocaba
cabecear un balón medicinal, con el objetivo de que al cabecear un balón convencional
lo mandara aún más lejos”. (Declaraciones de su esposa. Fuente BBC)


Acciones judiciales en Estados Unidos: Jugadores y ex jugadores contra la FIFA.


No estoy hablando de una rotura de menisco o una lesión en los isquiotibiales (lo que se
aprende con el deporte) lesiones que son aceptadas por la misma práctica del deporte y
ni tan siquiera de las decenas de futbolistas que, al retirarse, pasan por un despacho de
abogados para que les realicen los trámites y obtener una declaración de incapacidad.
Estoy hablando de secuelas hoy ocultas y que, como decíamos en la Parte 1, no se detectan
hasta la muerte.

Seguimos en Estados Unidos y es allí donde a finales de agosto de este año se ha presentado
en un Tribunal de California la que es, salvo error por mi parte, primera demanda contra
la Federación Internacional de Fútbol (FIFA). Se trata de una class action (tipo acciones
colectivas en derecho español) en la que un grupo de jugadores y padres de futbolistas
menores reclaman que se implanten medidas para prevenir lesiones cerebrales a largo plazo
causadas por el golpeo del balón con la cabeza (el procedimiento explicado en la página Web
del abogado de los demandantes):

-Califican de negligente la actuación de la FIFA por conocer los riesgos y no haber adoptado
medidas al respecto.

-Exigen por una parte que se mejoren las condiciones de seguridad en las que se practica este
deporte y, por otra parte, limitar el número de cabezazos al balón pueden dar los menores de
17 años o, en su caso, prohibirlo.

-En las ligas profesionales, posibilitar la realización de cambios temporales mientras un jugador
que haya recibido un golpe en la cabeza, es evaluado sobre la existencia de posibles
traumatismos craneoencefálicos.

La FIFA por supuesto no reconoce en ningún caso la incidencia de cabezazos reiterados de
cabeza en daños cerebrales o en lesiones cerebrales que se puedan detectar. No obstante,
como señala el periodista deportivo Víctor Pérez (@Marchello), uno de los poquísimos que
han investigado y escrito sobre esta cuestión, se han realizado numerosos estudios desde
la década de los ochenta sobre las consecuencias a largo plazo que el cabeceo reiterado
del balón puede acarrear.

En uno de ellos, según señala Víctor Pérez en ABC, “Robert Cantu, uno de los grandes expertos
en la materia, neurocirujano y codirector del centro para el estudio de la Encefalopatía
Traumática de la Universidad de Boston (Estados Unidos), pionera en las investigaciones sobre
el CTE, advertía en una tribuna en The New York Times sobre los peligros de los golpes en la
cabeza en todo tipo de deportes entre los más pequeños. «La exposición a golpes en la cabeza
supone un riesgo demasiado alto. Somos conscientes de la la vulnerabilidad de los cerebros de
los niños, pero lo más preocupante es lo que no sabemos, ¿Cómo afectarán los golpes que
sufra un niño de 9 años cuando cumpla los 30, o los 50?”.

Este mismo neurocirujano señalaba que en el año 2010 en Estados Unidos se presentó la tasa
de conmociones cerebrales entre menores más alta en el fútbol, por encima de béisbol, baloncesto
o lucha libre.


Protocolos de la FIFA.

¿Lo resumimos? Inexistentes hasta 2006, año en que se implantó la medida de castigar con
expulsión a los jugadores que en la disputa del balón golpearan con el codo en la cabeza
al contrario. Se trataba de minimizar el número de conmociones cerebrales que hasta el
momento se producían.

Tras el Mundial de Brasil y el aluvión de críticas que recibió la FIFA por la inexistencia de
protocolos para el caso de conmociones cerebrales durante un partido, especialmente por
parte del Sindicato Internacional de Futbolistas (el FIFPRO World Player’s Union) y aunque
se continúa negando por los primeros la relación entre fútbol y CTE, se ha puesto en marcha
un programa piloto en la Liga Suiza que consiste en:

Análisis inicial neurológico:

Seguimiento en caso de conmoción cerebral con estudio de los resultados anteriores y
posteriores del estudio neurológico.

Se ha instaurado una línea 24 horas para los médicos de los equipos en la que pueden
consultar sus dudas acerca de una lesión.

Reincorporación paulatina del jugador lesionado.


¿No parece increíble que algo así no se hiciera ya de forma generalizada?

Como escribió recientemente Ramón Fuentes (ver aquí) se ha aprobado por la FIFA definitivamente
el protocolo que, en cualquier caso, parece claramente insuficiente. Igualmente el mismo comienza
a aplicarse en la Liga BBVA, diferente al adoptado por la Premier League inglesa.

Básicamente las pautas que se proponen aplicar consisten en detener el partido durante tres
minutos para que el futbolista sea examinado por el médico del equipo, quien tendrá la última
palabra sobre la posibilidad de que el jugador continúe en el campo.

Pero esas medidas ¿Pueden considerarse suficientes? ¿Es el propio médico del equipo lo
suficientemente ajeno a las presiones que se puedan derivar en ese momento? Y, en
todo caso, ¿Estas medidas impedirían una eventual demanda en España por responsabilidad
por daños?

Como alguien me ha dicho que debo empezar a hacer mis post más cortos, si no les importa,
les invito a analizar la respuesta a estas preguntas la semana que viene en otro artículo.

Por Nacho San Martín


Fuente: Iusport




 

 
 
 

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