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22 de Abril de 2013

Una agresión inusual que arroja varias lecturas

 

Por Jorge Búsico

El rugby vivió un hecho repudiable el fin de semana pasado, durante la segunda
fecha del torneo de la URBA. Un jugador de Los Pinos (Ariel Krauss) primero insultó
("¿Qué cobrás, boludo?") y luego durmió de una trompada al árbitro del encuentro
(Diego Achával), quien lo había expulsado. Por tal motivo, el partido que el local
jugaba ante Virreyes tuvo que ser suspendido. La situación puede graficarse en lo
que dijo Rodolfo O'Reilly, entrenador de Virreyes, ex coach de los Pumas y hombre
de muchísimos episodios dentro de este deporte: "Nunca vi algo igual en mis 74 años".

Krauss, de 37 años, manifestó su arrepentimiento en un reportaje que le hizo el diario
Olé al día siguiente: "Lo que hice es una vergüenza. Estaré de acuerdo con la sanción
que tomen". Los Pinos también envió una nota de disculpas, Achával trató de enfriar
la situación en el tercer tiempo y ya mandó su informe, que significará una fuerte
suspensión a Krauss; quizás hasta de 99 años, porque lo prevé el reglamento en
estos casos.

Vale resaltar que no es frecuente ni mucho menos que un partido de rugby se tenga
que suspender por una agresión a un árbitro. La historia también ofrece pocos casos
como el sucedido el sábado. Sin embargo, sería un error quedarse con que se trata
de un hecho aislado. Algo viene pasando desde hace un tiempo en el rugby argentino.
Tiene que ver con el alto nivel de intolerancia que se viven en todos los ámbitos de la
sociedad y del cual el rugby está quedando preso.

Si uno habla con los árbitros, escucha que todos los fines de semana deben soportar
gritos e insultos desde afuera de la cancha, especialmente, de público y entrenadores.
También, aunque en menor medida, adentro. Que todos se quejan por todo. Los
árbitros en el rugby representan a su club, por lo cual no ven a sus clubes. Son
amateurs. Y si ellos no están, no hay partido. Por eso aquello del respeto y de que
siempre tienen la razón, aunque se equivoquen.

Si uno habla con los jugadores, escucha que los árbitros no están capacitados, que
muchos se la pasan hablando durante el partido y que algunos se paran cara a cara
al momento de la sanción, en actitud desafiante. Eso lo relató Krauss, aunque aclarando
que no lo exime de ninguna culpa por lo que hizo luego.

Los clubes y las Uniones no es que no hacen nada. Buscan fórmulas para que esto se
termine, pero no las encuentran. Porque es cierto que los árbitros sufren insultos y
gritos, sobre todo desde afuera, y también es cierto que algunos árbitros dirigen con
cierta soberbia. Tampoco se ha encontrado la solución para cubrir con árbitros todos
los partidos del fin de semana. Habrá que ser más rigurosos y no hacer favoritismos
a la hora de las sanciones.

El contexto de competencia extrema en un deporte amateur tampoco ayuda. Como
que un chico a los 15 años ya levante pesas en un gimnasio o que uno de 17 esté
jugando en un seleccionado provincial o nacional. Habrá que fortificar el mensaje en
las bases más que nunca. Volviendo a lo primero: que esto es un juego que va mucho
más allá de la pelota. Y armando la pirámide desde abajo, no al revés.


Fuente: Diario La Nación

 

 

 
 
 

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