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21 de Octubre de 2016

Derecho Deportivo: La relación de consumo deportivo
y la responsabilidad por lesiones producidas en la práctica
del deporte amateur


por JORGE OSCAR ROSSI

1) INTRODUCCION

El tema del presente trabajo ofrece múltiples aristas. En esta ocasión, abordaremos
las siguientes cuestiones:

a) La noción de "deportista amateur propiamente dicho".
b) La relación de consumo deportivo.
c) El contrato de "servicio de actividad deportiva" como contrato de consumo.
d) El deber de seguridad en la relación de consumo deportivo.
e) La cuestión del riesgo propio de la actividad deportiva.

Como punto de partida, cabe destacar que quien practica un deporte puede hacerlo en
forma profesional o amateur.

Generalmente, se califica como profesional al deportista cuando practica esa actividad
a cambio de una retribución, generalmente a cargo de un club o entidad deportiva.

Esa retribución es lo que falta en el deporte amateur. El deportista amateur es quien
practica su actividad por mera afición.

2) LA NOCION DE "DEPORTISTA AMATEUR PROPIAMENTE DICHO".

Sin embargo, hay distintos tipos de deportistas amateurs.

A algunos de ellos no dudamos en calificarlos con la paradójica expresión
"amateurs-profesionales". Son amateurs porque, como dijimos, no reciben ninguna
retribución por sus servicios. Pero son profesionales, en el sentido de que practican
habitualmente dicha actividad deportiva, con relevante capacidad y aplicación. (1) En
este sentido, piénsese en ciertos nadadores, ciclistas o jugadores de rugby que dedican
numerosas horas semanales de entrenamiento, a fin de lograr pleno rendimiento. Estas
personas pueden calificarse perfectamente como especialistas, idóneos o expertos en la
practica deportiva de que se trate.

Por otro lado, se encuentran los deportistas "amateurs propiamente dichos", quien
practican una actividad deportiva en forma ocasional (vgr. quien se anota para competir
en una maratón organizada por una marca de ropa deportiva, quien juega un torneo de
fútbol organizado en el lugar de su trabajo, etc.). Aquí también hay deporte, porque existe
aceptación y deber de cumplimiento de las "reglas del deporte" de que se trata, pero el
practicante no es un experto en dicha actividad.

Esta diferencia entre deportistas "amateurs-profesionales" y "amateurs propiamente dichos"
tiene importancia a los efectos de analizar una posible asunción de riesgo.

En el caso del amateur que practica habitualmente una actividad cabe presumir el
conocimiento de los riesgos de la práctica deportiva. En el caso del amateur propiamente
dicho, ese conocimiento no puede presumirse como regla general y dependerá de las
circunstancias del caso, entre las que se encuentran la previa información que haya
brindado al respecto el organizador de la actividad deportiva.

A continuación nos referiremos fundamentalmente a la situación del deportista "amateur
propiamente dicho".

3) LA RELACION DE CONSUMO DEPORTIVO

Consideramos que entre el organizador del evento deportivo y los deportistas amateurs,
se presume la existencia de una relación de consumo, con los consiguientes deberes
de información y seguridad. (2) Nuestra Constitución Nacional, en su art. 42, concede un
plexo de derechos al consumidor, en tanto y en cuanto es parte de una "relación de
consumo". Sin embargo, nuestra Carta Magna no define a la "relación de consumo",
lo que permitió a la doctrina y jurisprudencia sostener que se trata de un vinculo que
puede ser de carácter contractual o extracontractual, según el caso.

Así, por ejemplo, Highton de Nolasco afirmó que "independientemente de que la responsabilidad
sea contractual o extracontractual, de lo que no cabe duda es de que la relación entre el
concesionario de una ruta y quien transita por ella previo pago de un peaje es un usuario
involucrado en una típica relación de consumo. El propio art.42 de la Constitución Nacional
adopta esta expresión de "relación de consumo" para evitar circunscribirse a lo contractual
y referirse con una visión más amplia a todas las circunstancias que rodean o se refieren
o constituyen un antecedente o son una consecuencia de la actividad encaminada a
satisfacer la demanda de bienes y servicios para destino final de consumidores y usuarios".
(3).

Como se ve, la noción de relación de consumo es más amplia que la de contrato de consumo.

Pensamos que la relación de consumo es de naturaleza obligacional y como tal tiene
como uno de sus elementos a la causa fuente o fuente de la obligación. La fuente
contractual de la relación de consumo es el llamado contrato de consumo.

La fuente extracontractual se refiere a hechos dotados de virtualidad jurídica como para vincular
a consumidores con proveedores. En palabras de Highton de Nolasco, son todas las circunstancias
que rodean o se refieren o constituyen un antecedente o una consecuencia de la actividad
encaminada a satisfacer la demanda de bienes y servicios para destino final de consumidores
y usuarios. Son anteriores a cualquier contrato que celebre el consumidor con el proveedor.

Por ejemplo, la publicidad que se haga, acerca de un servicio deportivo, tiene efectos jurídicos
(art. 8 de la ley 24.240 de Defensa de los Consumidores, en adelante, LDC). Lo mismo ocurre
con una oferta de servicios deportivos, en los términos del art 7º LDC, o la información sobre
dicho servicio que se brinde a una persona que ingresa al local o consulta telefónicamente (arg.
art. 4 LDC ) Son todos actos anteriores e independientes de una eventual y posterior
contratación y, sin embargo, igualmente resultan causa fuente de la relación de consumo.
Dicho de otra manera, aunque todavía no haya contrato, igual puede haber relación de consumo.

Por ejemplo, cuando el organizador de un evento deportivo hace una publicidad relativa a dicho
evento (vgr, invitando a participar de una maratón, una competencia ciclística o un torneo de
tenis), ya se está vinculando jurídicamente con consumidores o usuarios potenciales, (los
potenciales participantes, arg. conf. arts 8 y 19 LDC), ya hay relación de consumo y, por ende,
el deportista amateur - consumidor potencial ya goza de la protección del art. 42 de la CN.

Por lo tanto, la publicidad efectuada por el organizador del evento deportivo, que induzca a
ignorar o minimizar el riesgo de una practica deportiva, es susceptible de generar
responsabilidad civil.

Ahora bien, en su actual texto, el art. 3º de la LDC, luego de la reforma producida por la
ley 26.361, nos dice que "Relación de consumo es el vínculo jurídico entre el proveedor
y el consumidor o usuario.".

Lo único que nos indica esta frase es que el legislador buscó ampliar el ámbito de aplicación
de la LDC y no ceñirse a la existencia o no de un contrato de consumo. El "vínculo jurídico entre
el proveedor y el consumidor o usuario", podrá tener fuente contractual o no (como en el caso
de la oferta o la publicidad antes mencionados). Incluso, no será necesario desentrañar si
entre proveedor y consumidor hay contrato o aún no se había formado el consentimiento.

Por ejemplo, el caso de una persona que ingresa a un club y resbala con una mancha de aceite
que estaba en uno de los pasillos. Algunos pueden pensar que ya había contrato, desde el
momento en que el consumidor ingresó en el local (el permitirle el ingreso por parte del
propietario del club y el ingresar por parte del consumidor conductas que formaron el
consentimiento en forma tácita, conf. art. 1145 Código Civil). Otros pueden pensar que aún
no había ningún contrato pero, en cualquiera de los dos casos, parafraseando a Highton de
Nolasco, el ingresar al local es, por lo menos, un antecedente de un futuro contrato de consumo.
Dicho de otra manera, aunque no haya contrato, al ingresar al local nace un vinculo jurídico
(que llamamos relación de consumo) entre proveedor y consumidor. De este vinculo, nace,
entre otros, el deber de prestar un servicio que no presente "peligro alguno para la salud o
integridad física de los consumidores o usuarios" (arg. conf. art. 5º LDC).

4) EL CONTRATO DE "SERVICIO DE ACTIVIDAD DEPORTIVA" COMO CONTRATO DE CONSUMO.

Por su parte, con el actual texto del art. 1º, podemos decir que contrato de consumo "es el
celebrado a título oneroso o gratuito entre un consumidor final -persona física o jurídica-, con
una persona física o jurídica que actúa profesionalmente, aún en forma ocasional y que tenga
por objeto la adquisición de bienes o servicios por parte del primero, como destinatario final, en
beneficio propio o de su grupo familiar o social " De lo anterior se deriva que el contrato de
prestación de servicio de actividad deportiva celebrado entre el organizador del evento deportivo
y el deportista amateur es un contrato de consumo, siempre y cuando, claro está, dicho
organizador actúe de manera profesional.

Este contrato deportivo de consumo, que puede ser gratuito u oneroso (arg. conf. art. 1º LDC),
tiene por objeto la prestación del "servicio de actividad deportiva" por parte del organizador del
evento deportivo (proveedor en los términos de la LDC), a favor del deportista amateur (usuario
o consumidor de dicho servicio, en los términos de la LDC) Recordemos que el supuesto fáctico
que pretende regular la LDC es una relación de desigualdad a la hora de negociar, celebrar
el contrato, interpretarlo y ejecutarlo, desigualdad dada por la existencia de la superioridad
cultural, técnica y/ o económica de una parte respecto de la otra. Justamente, es una relación
de consumo masificado, que se observa plenamente en la organización de actividades
deportivas. El deporte (como espectáculo y como actividad para practicar) es hoy día un servicio
que se ofrece en forma masiva. Es decir, como tantos otros servicios, sigue la dinámica propia de
la sociedad de consumo masificada en la que estamos inmersos.

En tal sentido, no nos parece exagerado decir que en actualidad se alienta en forma casi
imperativa la practica de deportes, ofreciéndose la paradójica visión de una sociedad de
individuos sedentarios, con "epidemias de obesidad", escaso tiempo libre, que son
"compelidos" a practicar deportes como forma de estar "saludables" y fomentar hábitos
competitivos que les permitirán "descargar energías" y "ser exitosos en la vida".

El "servicio de actividad deportiva" que se presta al deportista amateur-consumidor no consiste
solo en el uso de instalaciones e implementos para la práctica deportiva sino en posibilitar
la actividad deportiva, lo que implica, vgr. organización de horarios, facilitación de contrincantes
o competidores, redacción o aplicación de un reglamento, etc.

Por otro lado, los deportistas que participan en el evento deportivo son coprotagonistas del mismo.
Utilizando el mismo pensamiento plasmado por el Dr. Roncoroni, como integrante de la Suprema
Corte de la Provincia de Buenos Aires, al referirse a la responsabilidad civil de los propietarios
de locales bailables (4), podemos decir que el local, el mobiliario, recepcionistas, personal de
atención, personal de seguridad, bebidas, comestibles y demás elementos materiales, no son
más que el perfil estático de la empresa (de organización de eventos deportivos, en este
caso), en tanto organización de capital, bienes y trabajo destinada a brindar el servicio de
organización de eventos deportivos. Pero, como dijo el ex ministro de la Corte bonaerense,
la actividad dinámica de la empresa, el servicio pleno y total que ella misma presta y
"vende", necesita e incorpora como coprotagonistas inconscientes de ese mismo servicio a
quienes lo reciben: en este caso, los deportistas amateurs que realizan la actividad deportiva
y los eventuales espectadores que la presencian (5).

Retomando un concepto ya mencionado, la profesionalidad de la que habla la LDC no tiene
que ver con el concepto de comerciante que nos brinda el artículo 1º del Código de Comercio,
que lo define como aquella persona que realiza actos de comercio a titulo propio, haciendo de
ello su "profesión habitual". Profesionalidad y habitualidad aparecen juntos en el concepto de
comerciante. En cambio, la LDC no pide habitualidad en el Proveedor sino "conocimiento del
negocio", es decir, un grado de "saber" u "oficio" que pone a esa parte en situación de
superioridad frente a la otra, a la hora de celebrar y ejecutar el contrato.

Es decir, para la LDC la profesionalidad no está dada por la habitualidad (aunque es común
que este elemento se dé en la practica) sino por el "conocimiento del negocio".

Puede decirse que una aplicación de la regla del artículo 902 del Código Civil, por la cual se
dispone que, a mayor grado de capacitación del deudor, mayor rigurosidad se debe tener
al apreciar la responsabilidad de éste por las consecuencias del incumplimiento.

Por supuesto, se presumirá iuris tantum que quien organiza eventos deportivos de manera
habitual lo hace en forma profesional. Lo mismo, si el organizador es una persona jurídica
(sociedad comercial, asociación civil, fundación) cuyo objeto sea la realización de eventos
deportivos.

A la inversa, si se trata de una actuación en forma ocasional, la parte que alegué estar frente
a un Proveedor, deberá acreditar la profesionalidad de este (es decir, su "conocimiento del
negocio") si quiere que se aplique la LDC.

La relación de consumo existente entre el organizador del evento deportivo y el deportista
amateur implica poner en cabeza de aquel los deberes de información y seguridad, consagrados
por el art. 42 de la Constitución Nacional y los arts. 4º y 5º de la LDC, entre otros.

En cuanto al primero, por aplicación del art. 4º de la LDC, el organizador del evento deportivo
está obligado a suministrar al deportista amateur en forma cierta, clara y detallada todo lo
relacionado con las características esenciales de los bienes y servicios que provee. Esto
incluye información acerca de los riesgos de la practica deportiva de que se trate.

5) EL DEBER DE SEGURIDAD EN LA RELACION DE CONSUMO DEPORTIVO.

En cuanto al deber de seguridad, el servicio prestado por el organizador del evento deportivo
al deportista amateurs (vgr, uso de las instalaciones, lugar donde se llevará a cabo el evento,
condiciones en que se llevará a cabo el mismo, reglamento de la competencia, etc.) debe
ser realizado en forma tal que, utilizado en condiciones previsibles o normales de uso, no
presente peligro alguno para la salud o integridad física del deportista.

Además, al existir relación de consumo, resulta aplicable el artículo 40 de la LDC, que establece
que "Si el daño al consumidor resulta del vicio o riesgo de la cosa o de la prestación del servicio,
responderán el productor, el fabricante, el importador, el distribuidor, el proveedor, el vendedor
y quien haya puesto su marca en la cosa o servicio. El transportista responderá por los daños
ocasionados a la cosa con motivo o en ocasión del servicio.

La responsabilidad es solidaria, sin perjuicio de las acciones de repetición que correspondan.
Sólo se liberará total o parcialmente quien demuestre que la causa del daño le ha sido ajena."
Destacamos dos cosas de la aplicación de este artículo, para el caso en el que el deportista
amateur -consumidor sufra un daño por el riesgo o vicio de la cosa o de la prestación del
servicio:

1) No solo responderá el organizador del evento deportivo, en su carácter de proveedor, sino
aquel que haya puesto su marca en el "servicio deportivo". Se trata de un factor de
atribución de responsabilidad derivado de la generación de confianza, corno se ha dicho. (6)

2) El artículo 40 LDC consagra un factor de atribución objetivo de responsabilidad, al
establecer que el demandado solo puede exonerarse de responsabilidad si demuestra "causa
ajena", es decir, caso fortuito, culpa o hecho de un tercero por quien no debe responder o
culpa o hecho de la victima. A este último supuesto nos referiremos en el ítem siguiente

6) LA CUESTION DEL RIESGO PROPIO DE LA ACTIVIDAD DEPORTIVA

Entendemos que la obligación de seguridad que tiene el organizador del evento deportivo
no implica un compromiso de indemnidad absoluta hacía el deportista amateur. Dicho de
otra manera, los daños producidos por el riesgo propio de la actividad deportiva deben
considerarse sin relación de causalidad adecuada con el organizador del evento deportivo, en
la medida que fueran conocidos o cognoscibles por el deportista amateur. En ese sentido, el
cumplimiento del deber de información por parte del organizador del evento deportivo
resultará fundamental. Sin conocimiento de los riesgos no es posible hablar de asunción
de riesgos. Por lo tanto, la falta de información o aquella información que induzca a
ignorar o minimizar el riesgo de una practica deportiva, es susceptible de generar
responsabilidad civil.

Desde otro ángulo, entendemos que el art. 51, texto según ley 24.192, en cuanto responsabiliza
en forma solidaria a las entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo,
por los daños y perjuicios que se generen en los estadios, se refiere no solo a daños
que sufran los espectadores, sino también los deportistas participantes (7) y, si estos revisten
la calidad de deportistas amateurs y existe relación de consumo, dicho artículo se aplicará sin
perjuicio de las disposiciones de la LDC (arg. art. 3º, segundo y tercer párrafo LDC).

Lo anterior permitirá, por un lado, disipar cualquier duda acerca del factor de atribución (8) (que
será objetivo, por aplicación del art. 40 LDC) y por otro, encuadrar como "Organizador del
evento deportivo" tanto a quien tiene poder de vigilancia, control o dirección sobre el mismo
como aquel que participa en los beneficios de dicho evento de modo relevante. (9) En
este sentido, consideramos que la normativa referida a responsabilidad civil en o por
actividades deportivas, incluida la ley 23.184 con la modificación de la 24.192, no deroga
ni excluye al Código Civil y a la normativa de defensa del consumidor, dado que no
constituye un subsistema autónomo. (10) Además, en los casos en que un deportista
amateur sufra daños producidos por otro deportista participante en el evento o por un
espectador, estos últimos no pueden ser considerados "tercero ajeno", con relación al
organizador del evento deportivo. No olvidemos que sostenemos que el factor de
atribución es objetivo (responsabilidad objetiva por daños producidos por riesgos o vicios en
la prestación del servicio, art. 40 LDC), y en los casos de responsabilidad objetiva, tanto
contractual como extracontractual, el hecho que se invoca como eximente debe ser extraño
a la actividad sobre la que pesa una presunción de responsabilidad. Por ejemplo, quien
organiza torneos de fútbol debe asumir el riesgo de que un participante resulte lesionado
por culpa de otro. El fomenta la actividad, se beneficia de ella, puede controlarla, etc.

Dicho lo anterior, resulta fundamental realizar una inmediata precisión: ¿A que nos referimos
cuando decimos "que un participante resulte lesionado por culpa de otro"?

1) Primero que nada, usamos la palabra culpa en el sentido de culpabilidad, es decir, en
sentido comprensivo de conducta dolosa y culposa.

2) En referencia a las conductas culposas, consideramos que no existe una culpa deportiva
distinta de la culpa general, regida por los arts. 512, 902 y 909 del CCivil. El deportista tiene
que comportarse con la diligencia debida para no lesionar a otro, dado que el hecho
deportivo no excusa negligencias.

3) La diligencia debida debe medirse con la vara del art. 512, es decir, en concreto,
teniendo muy especialmente en cuenta, las "circunstancias de las personas, del tiempo
y del lugar". Hay deportes que implican contacto físico con violencia, por lo que hay
lesiones inevitables, por más diligencia que se ponga en contrario

4) Por ello, aunque un participante se comporte con la diligencia debida, pueden producirse
lesiones por las características propias del deporte (vgr. boxeo, fútbol, rugby). Aquí habrá
lesiones, pero no hay culpa, porque se producen por causas ajenas (desde el punto de
vista jurídico) al autor material, quien solo actuó como causante físico del daño. Esas
lesiones entran en la esfera del riesgo asumido por el deportista (arg. conf. art. 1111
CCivil), riesgo que obra como interruptor del nexo causal.

Si en un match de box un púgil fractura la nariz de otro por un golpe reglamentario, hay
lesión, pero no hay responsabilidad civil, porque es una lesión propia del riesgo del
deporte. Si una vez que suena la campana llega un golpe que había partido antes,
también puede considerárselo una lesión propia del riesgo del deporte. Pero si una vez que
suena la campana el rival se da vuelta y su contrincante se le abalanza y lo desmaya de
un golpe en la nuca, eso no puede considerarse una lesión propia del riesgo del deporte,
porque no puede considerarse que una persona (la victima) haya asumido un riesgo
derivado de una conducta totalmente apartada del reglamento que rige al deporte, por
peligroso que sea este.

De lo anterior se concluye que para responsabilizar civilmente al organizador del evento
deportivo por las lesiones que un deportista amateur sufra a causa de la acción de otro
participante, dicha lesión debe estar fuera de la esfera de riesgo asumido por el deportista
lesionado, esfera de riesgo asumido que dependerá del tipo de deporte de que se trate
y de la información previa brindada al deportista amateur, aplicándose en su juzgamiento
la "valuación en concreto" (11) que surge del art. 512 del Código Civil.

Notas al pie:

1) Véase el significado de "Profesional" en el diccionario de la Real Academia Española,
Vigésimo Segunda edición, en especial, 3º y 5º acepción.

2) Tratamos con mayor amplitud el tema de la relación de consumo y el contrato de consumo
en nuestro libro "Derecho del Consumidor", Rossi, Jorge Oscar y Carranza Torres, Luis Ramiro,
Editorial Alveroni, año 2009, pag. 11 y siguientes.

3) (conf. Rinessi, Antonio J., "La desprotección de los usuarios viales, Revista de derecho
de daños nº 3, Accidentes de tránsito "III. Rubinzal-Culzoni, Bs. As.- Santa Fe, 1998, p.111/137)

4) En su voto en la causa Ac. 75.111, "Fernández, Fernando contra Roll S.R.L. y/o Soul
Train. Daños y perjuicios", fuente: www.scba.gov.ar .

5) Tanto los deportistas amateurs como los eventuales espectadotes están unidos
contractualmente con el organizador del evento deportivo, los primeros por el contrato de
servicio deportivo que estamos analizando, los segundos por un contrato de espectáculo
deportivo.

6) Conf. Alterini, Atilio A., Responsabilidad objetiva derivada de la generación de confianza,
en: "Derecho de daños" [Segunda Parte], en homenaje a Trigo Represas, Bs. As., La Rocca,
pág. 539 y sigtes.

7) Conf. Dr. Galdos y doctrina que cita, en su muy interesante voto como preopinante en
autos "FERNÁNDEZ, JULIA IRENE Y OTROS C/AGRUPACIÓN CICLISTA AZULEÑA Y OTROS
S/DAÑOS Y PERJUICIOS" (Causa 52.326), Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial
de Azul, Sala II,27/02/09.

8) El art. 51 de la ley 24192, se limita a prescribir que "Las entidades o asociaciones
participantes de un espectáculo deportivo, son solidariamente responsables de los daños
y perjuicios que se generen en los estadios." A diferencia de su antecedente (art. 33,
ley 23.184), no menciona factor atributivo de responsabilidad ni causales de exoneración.

9) Solución que surge tanto de la aplicación del aludido art. 40 LDC, como de la primera parte
del art. 1113 del Código Civil, cuanto de la actual doctrina de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación, en autos "Mosca, Hugo Arnaldo c/ Buenos Aires, Provincia de (Policía Bonaerense)
y otros s/ daños y perjuicios", del 06/03/07 (fuente: www.csjn.gov.ar, en especial, considerando
9 del voto de la mayoría)

10) Conforme Corte Suprema de Justicia de la Nación, en autos "Mosca", (considerando 7º del
voto de la mayoría)

11) Es decir, teniendo en cuenta, las "circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar".

-Abogado (U.B.A.). Profesor Titular de la asignatura Régimen Jurídico de los Consumidores y
Usuarios y Adjunto de Obligaciones Civiles y Comerciales y Contratos Civiles y Comerciales
en la Universidad Abierta Interamericana. Docente de la Fundación de Ciencias Jurídicas y
Sociales del Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires. Autor y tutor de cursos
de educación a distancia para abogados. Autor, entre otras publicaciones, de "Responsabilidad
Civil & Daños" (2º Edición, año 2009), de Ediciones D&D, "Derecho del Consumidor" (año
2009) y "Régimen Jurídico de los Consumidores y Usuarios", de Editorial Errepar, estos
últimos junto con el Dr. Luis R. Carranza Torres (*) Este trabajo esta basado en una ponencia
presentada en el IIº Congreso Internacional de Derecho del Deporte, organizado por
la Asociación Latinoamericana del Derecho del Deporte (ALADDE), que tuvo lugar en el
Colegio Público de Abogados de la Capital Federal los días 24 y 25 de septiembre de
2009. El tema de la ponencia fue "Responsabilidad contractual y extracontractual por
lesiones producidas en la práctica del deporte amateur".

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
 

Asociación Rosarina de Entidades Deportivas Amateurs - Buenos Aires nº 1252  . Tel 4242301. 
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