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29 de Julio de 2014

42 kilómetros y 195 metros de pasión

Marcos Marini Rivera convive con fibrosis quísitca, una afección que lo acompaña pero
que no le impide vivir cada día como si fuera el último; aquí, sus sensaciones luego
de correr la Maratón Internacional de Rosario:

Primer recuerdo que viene a mi mente de que algo estaba cambiando en mi vida fue
el acercamiento que tuve con el deporte.

Asocio correr una Maratón con la oportunidad de sentirme libre. Ahí empecé a negociar
con mis dificultades cotidianas. Necesitaba salir del hospital, de esas cuatro paredes, de
las interminables visitas de los médicos, de que un día me pinchen un brazo, al otro
día me digan que una enfermedad seguía impidiendo mis sueños.

Muchas veces, una máquina fue la encargada de respirar por mí. Giraba para donde giraba
mi cuerpo necesitaba de aire extra que yo no estaba en condiciones de ofrecer. Tenía
a toda mi familia preocupada y ocupada por mí y dos palabras que quedaron para
siempre grabadas en el camino de la vida: “fibrosis quística”.

A pesar de tener una enfermedad grave, genética e incurable nunca perdí el optimismo. A
decir verdad, fueron mi familia, mis amigos y mis médicos los que nunca se rindieron conmigo.

Pero mi sostén principal es el atletismo. No me canso de decir en cada país que me toca visitar
que más horas de deporte en mi vida fueron menos internaciones y menos antibióticos que
consumí a lo largo de mis 29 años.

Correr se transformó en mi estilo de vida para seguir saliendo adelante. En los 42 kilómetros
y 195 metros de Rosario se resumieron los propios fragmentos de mi vida. Hay que luchar,
estar convencido de lo que se hace, valorar el presente, tener una misión y cumplirla.

Corro siempre para no enfermarme. Para seguir respirando más y mejor. Para demostrarle al
mundo de que el deporte es la mejor medicina y para seguir ganando la batalla. Correr una
Maratón emociona, educa, enseña, motiva. A mi enfermedad la voy a difundir siempre
en acción, en movimiento, con coraje y con pasión.

Me considero alguien pasional, que no puede separar a la razón del corazón ni a mi
enfermedad del deporte. Uno puede hacer de su enfermedad una cárcel o un mundo de
libertades. En mi caso, le tengo amor a mi enfermedad y por ello no le pido perdón a nadie.
Jamás elegí ser objeto de lastima. Una vez que crucé la meta en Rosario internamente ya
estaba pensando en la Maratón de Buenos Aires en octubre y ojalá pueda cumplir mi
sueño de realizar por primera vez el Cruce de Los Andes. Romper esquemas, superarse,
plantearse nuevos paradigmas y seguir utilizando al deporte como promoción de la salud.
De eso también va la vida.

Abrazo del alma.

Marcos Marini Rivera
Periodista / Profesor de educación física / Maratonista Amateur
Vicepresidente de la Fundación SecretoFiqui
www.secretofiqui.org








 
 
 

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