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22 de Abril de 2013

Cuando la pelota se mancha

 

La discusión se fue vaciando: si todo se mide con los valores absolutos de, gano/sirvo,
pierdo/no sirvo, no hay debate posible; no se puede oponer ningún argumento razonable
a ese enunciado.

Por Fernando Pacini

En una entrevista publicada recientemente en la revista NosDigital, Jorge Valdano reflexiona
sobre el cambio involutivo del fútbol argentino. "Mientras España, Alemania, México, y hasta
Italia han entendido que tienen que volver a la pelota como base de la formación, nosotros
nos estamos alejando. Lo cierto es que yo veo en España cosas que veía en la Argentina
hace treinta años, y veo en la Argentina cosas que veía en España hace treinta años."

Entre muchas razones que explican el cambio cultural del fútbol argentino en las últimas tres
décadas, posiblemente haya dos motivos esenciales. Uno, el empobrecimiento técnico, como
consecuencia de la ley Bosman y sus derivados, que permitieron a Europa, casi como un
patrón histórico, apropiarse de los mejores valores. Sin cupos, se eliminó la única barrera
que tenían para importar a gran escala. Desde entonces, la mejoría de las ligas europeas
fue proporcional al empobrecimiento de las nuestras.

La emigración es masiva y la competencia, desleal: ni siquiera los clubes más potentes de
esta región pueden igualar la oferta de los más débiles de aquella. Imaginemos por un
instante una realidad inversa: Atlético de Rafaela comprando jugadores al Real Madrid;
Olimpo, del Sevilla o del Parma y así? No suena lógico. Sin embargo, Europa ve ese mercado
desigual (a su favor) como normal y corriente. Los jugadores sudamericanos son commodities,
materia prima para sus fábricas de entretenimiento.

El otro punto insoslayable que influyó en ese cambio "cultural futbolístico" fue un mensaje
pegadizo y persistente que consagró la picardía y la ventaja, sumado a una exagerada estima
por el éxito. La discusión se fue vaciando: si todo se mide con los valores absolutos de,
gano/sirvo, pierdo/no sirvo, no hay debate posible. No se puede oponer ningún argumento
razonable a ese enunciado.

La presunta garantía del éxito sedujo a un auditorio ávido de triunfos, y un par de conquistas
deportivas los ungió como ganadores. Fue entonces que los "ganadores" ganaban siempre,
incluso cuando perdían. Pero el tiempo reveló los males intrínsecos de esa retórica de
propaganda, y bajo las victorias sólo había vacío.

Al cabo de 30 años, el ojo del aficionado debió adaptarse a un fútbol objetivamente más
pobre por la fuga técnica, y desmejorado todavía más por una urgencia pavorosa. Tal vez
sea momento de reponer algunas "viejas ideas" a las que refiere Valdano. No se puede
derogar la ley Bosman, pero sí se puede intervenir en nuestra jurisdicción. El fútbol argentino,
desde hace años pide a gritos más pases y menos pelotazos, más coraje y menos cautela,
más ideas y menos aguante

Fuente: Cancha Llena

 

         

 

 

 
 
 

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