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03 de Julio de 2014

La FIFA castiga más una mordida que la corrupción propia

Por Rodolfo Parody

Los acusados, acusan. Peor aún, comparan la corrupción propia con la mordida de un futbolista. El
tema Luis Suárez y su sanción extrema perdió fuerza mediática con el correr de los días, repercusión
que nunca llegó a tener un tema mucho más profundo, como son los turbios negociados de la
entidad madre del fútbol mundial. Hoy, esos mismos que apuntan con el dedo acusador al jugador
uruguayo por agredir al italiano Giorgio Chiellini son los mismos que se vieron involucrados en
situaciones oscuras, como es el caso del secretario general de la FIFA, el francés Jerome Valcke.

Valcke, como publicó el diario Clarín en su edición del 28 de junio, es el mismo que fue sancionado
por un caso de corrupción a partir de una demanda de 2006 de la empresa MasterCard en un
tribunal de Manhattan, referido a un contrato de patrocinio.

Siendo en ese momento director de marketing de la FIFA, Valcke estaba haciendo negocios con Visa,
principal rival de MasterCard. La Justicia lo trató de mentiroso, según la nota de Clarín, y el
presidente de la FIFA, Joseph Blatter lo despidió.

Pero es evidente que Valcke se trata de un personaje útil porque seis meses después Blatter lo
nombró director ejecutivo de la FIFA.

Desde el púlpito de los puritanos, el dirigente francés ahora declaró que "Suárez tuvo una actitud que
se opone" a lo que la FIFA quiere "transmitir al mundo", cuando en realidad la mirada que tiene ese
mundo es de una FIFA que no hace demasiado por explicar la oscura designación de Qatar como
sede del Mundial 2022.

"Estamos sancionando casos de corrupción afuera de la cancha con la dureza con la que se castigó
a Luis Suárez", señaló Valcke, comparando los millonarios negociados con una actitud desleal
adentro de la cancha. Pero ni siquiera entre un tema y otro existe un trato igualitario.

Valcke es el mismo que atacó con dureza al ex presidente de la Confederación Asiática de Fútbol,
el qatarí Mohammed bin Hammam, suspendido de por vida en 2011 por la Comisión de Etica
de la FIFA, a través de un correo electrónico que se filtró y en el que lo acusa de conseguir la
sede del Mundial 2022 para su país a través de sobornos.

El propio Valcke admitió la existencia del correo, dado a conocer por otro suspendido de por vida,
el triniteño Jack Werner (ex presidente de la Concacaf), aunque aclaró que no hizo "ninguna
referencia a que (bin Hammam) hubiera comprado votos ni a un comportamiento antiético", pese
a que el mail refleja lo contrario.

Valcke le escribió ese correo a Warner, en ese entonces uno de los vice de la FIFA, a partir de que
bin Hammam pretendía postularse en 2011 y desplazar a Blatter como presidente de la FIFA

"Nunca entendí por qué se estaba presentando. Si realmente piensa que tiene una oportunidad o
sólo es una forma extrema de expresar lo poco que le gusta JSB (Blatter). O piensa que se puede
comprar a la FIFA como compraron la Copa del Mundo", escribió Valcke. Clarito, ¿no?

El dirigente francés no habló de votos comprados para favorecer a Qatar. La misma posición de la
FIFA, que a través de su Comisión de Etica suspendió a bin Hammam y Warner, no por sobornar
a sus pares para la sede del Mundial  sino por violar el artículo 19 que se refiere a "conflicto de
intereses".

La suspensión fue a raíz de una maniobra de ambos para comprar votos con la finalidad de que
bin Hammam sea elegido presidente de la FIFA.

Además, al qatarí se lo castigó por utilizar dineros de la Confederación Asiática con fines personales.
Es decir, lo castigaron tanto a él como Warner, pero no por el Mundial, lo que evitó sanciones para
todos los que podrían haber recibido dinero por votar a favor de Qatar.

bin Hamman pagó caro intentar mojarle la oreja a Blatter, que también fue investigado por el
tema de la adjudicación de la sede mundialista por la Comisión de Etica pero fue absuelto.

Valcke, quien asegura que la FIFA está castigando con dureza casos de corrupción, no menciona
favores comprados para la sede del Mundial de Qatar. En cambio, le recomienda a Suárez,
con liviandad, "someterse a un tratamiento". Seguramente desea que tenga la misma cordura
de Pelé o Franz Beckenbaur, esas grandes estrellas que olvidaron hace muchísimo tiempo su
pertenencia a la clase trabajadora del fútbol y hoy se sientan junto a la patronal en ese gran
familia llamada FIFA.





 
 
 

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