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05 de Abril de 2013

Dante Panzeri: cuestiones éticas y moral profesional

 

“La pelota sigue siendo rebelde, indócil, para quiénes no la saben dominar y no ha
habido Director Técnico hasta aquí que haya enseñado cómo hacerlo” Esta fue, entre
tantas, una de las afirmaciones del comentarista Dante Panzeri que obviamente, no
levantó demasiadas simpatías en el medio deportivo. Enfrentó a los poderes
periodísticos y del Estado. Inclusive desafió a un militar, scerecretario de Deportes,
a “pelear en el Luna Park. Una interesante semblanza escrita por el periodista José
Luis Ponsico con motivo de la muerte de Dante Panzeri. El texto es un cable de la
agencia Télam, escrito en 1978, durante la dictadura militar.
José Luis Ponsico / Periodista deportivo

Dante Panzeri junto a las portadas
de sus libros. El 14 de abril de 1978 murió Dante Panzeri, quien tenía 57 años y durante
30 fue un referente insoslayable del periodismo deportivo argentino.

A su velatorio y sepelio en la Chacarita, concurrieron unos pocos periodistas, entre sus
familiares y amigos.

A fines de los ’50 era director de El Gráfico y después incursionó en televisión.

Su crítica, ácida, le generó numerosos enemigos. Siempre batalló sobre cuestiones
éticas y de moral profesional.

Su pensamiento independiente lo enfrentaba, casi siempre, al poder. Su enorme capacidad
intelectual lo llevó a escribir siendo muy joven sobre temas no solamente deportivos.

Nacido en Las Varillas, Córdoba, cerca de Santa Fe, vivió en San Francisco con su familia.

Antes de los 20 años estaba en Buenos Aires. Panzeri, con orgullo, narraba que a la
Redacción de El Gráfico lo había llevado de la mano, Enrique “el Chueco” García, el “crack”
de Racing a principios de los ’40.

A fines de la década ya era el tercero detrás del mítico “Borocotó” (Ricardo Lorenzo) y el
prestigioso Félix Daniel Frascara. Durante una década el joven periodista escribió sobre
deportes varios donde analizaba ciclismo, natación, atletismo y otras actividades no tan
populares como el fútbol.

Fue muy crítico, sin embargo, del boxeo “un espectáculo deshumanizante”, decía.

Admiró a “La Máquina” de River y fue muy amigo de Carlos Peucelle (“Carlitos fue el que
convenció a Adolfo (Pedernera) que pasara al medio”, contaba siempre). Para Panzeri,
José Manuel Moreno fue superior a Pele.“Juego limpio. Cultivo del honor. No importa si por
profesionalismo o amateurismo. Pueden ser deportes los dos”.

“A atributos similares por habilidad, fuerza, salto, cabezazo, estrategia, conducción, estética,
pegada con las dos piernas, guapeza, el Charro ofrecía mayor recorrido que el fantástico
brasileño”, dijo en una charla que dio en Mar del Plata, antes del Mundial de México ’70.

Tomaba distancia del poder de los medios, de los futbolistas y dirigentes del momento.
No quería compromisos con nadie. Crítico de la dirigencia y del poder político, en el ’55
estuvo en contra de Perón, pero tampoco vio con buenos ojos lo que siguió.

Del desarrollismo tuvo como amigo al ingeniero Jorge Sábato, sobrino del escritor Ernesto
Sábado.

En los ’70 hablaba de la capacidad intelectual de “un especialista en el desarrollo energético
del país”, cuando lo ponderaba.

Se enfrentó al titular de Deporte de la Nación, coronel Cilley Hernández, en tiempos del
régimen del general Alejandro Lanusse. Panzeri denunció corrupción como parte de la
discriminación de quienes viajaban a los Juegos Olímpicos de Munich, en 1972.

“Los representantes del hipismo argentino viajan en primera y los ciclistas y los atletas en
tercera”, dijo por tevé. El funcionario lo desafió a un duelo. Cuando fueron a la casa de
Panzeri, en Villa Devoto, dos edecanes, la respuesta fue inolvidable.

“Digale al coronel que elegí arma: los puños. Y que el duelo lo haremos en el Luna Park con
público, cobro de entradas y lo recaudado para ALPI y así ayudamos a combatir enfermedades”,
disparó.

No hubo duelo. Entre los ’60 y ’70 escribió para la revista Así -los casos policiales venían con
imperdibles notas de Panzeri sobre el Poder en el fútbol y sus protagonistas-, en el diario
La Opinión fundado por Jacobo Timerman y más cerca en el tiempo en Satiricón y La Prensa.

Escribió varios libros, clásicos entre los periodistas deportivos, como “Fútbol, dinámica de
lo impensado”, y “Burguesía y Gangsterismo en el deporte”.

En el primero, editado a fines del ’‹67, dejaba entre otras enseñanzas, un pensamiento,
al referirse al jugador de fútbol y al juego.

“La pelota sigue siendo rebelde, indócil, para quiénes no la saben dominar y no ha habido
DT hasta aquí que haya enseñado cómo hacerlo” decía.

Al tiempo que se explayaba sobre “La Máquina” de River y la selección húngara del ’54, que
perdió la final con Alemania, en Berna, agregaba: “Se necesita estar dotado por naturaleza
con el sentido, la destreza o la ignorada razón por el atributo natural con que se nace”, concluía
Panzeri estaba casado con una mujer italiana a la que conoció en 1961 y era padre de dos hijos.

Formó con sus enseñanzas éticas y extraordinaria vocación periodística -un escriba formidable-
a varias generaciones de periodistas que, aún hoy, lo reivindican con el recuerdo.

“El atrofiado hipertrofiado” por Dante Panzeri
Mundialmente, el deporte es una logia secreta. Una secta socialmente contrabandista sin
eludir Aduanas.

Una secreta logia con apariencia de universalizada apertura a las leyes ordinarias de la sociedad.
Un neocuatrerismo ajustado al Derecho. Una chantocracia chantajista.

Tanto hay de cofradía masónica en el actual deporte industrializado y politizado, que sus
organizaciones rectoras distribuyen títulos de domésticas distinciones en el estrecho ámbito
de sus cerrados cenáculos.

Esa logia llamada El Deporte (que en algunos casos llega a ser auténtico y todavía puro en
medio de una generalizada corrupción de su esencia primitiva) no es otra cosa que una suma
multitudinaria de organizaciones civiles de lícita apariencia; para ejercer, subrepticiamente,
actividades tan ilícitas o tan repulsivas a la igualdad de los derechos humanos, como las que
seguidamente se enumeran como las más conocidas, todas, por supuesto, colocadas bajo el
estandarte de la recreación, la salud física y la felicidad de los pueblos:

-1) La extorsión o el chantaje a los Estados.

-2) La burguesía y el privilegio más aberrantes a los comunes clamores de igualdad social de
los pueblos (indistintamente en los países capitalistas, como en los comunistas, o los
llamados terceristas).

-3) El adoctrinamiento de las masas populares en el insólito derecho a lo prohibido, no
obstante haberse institucionalizado al deporte como escuela de civismo.

-4) El pragmatismo de lo vedado por lo moral, en aras de lo apetecido por lo material.

-5) La parasitología humana como carga de la sociedad, sin mediar jamás expresa
aprobación de la sociedad para financiar esa imposición de tales castas burguesas que
argumentan “obrar socialmente”.

-6) La actividad política comparable a las agrupaciones específicas, tanto donde éstas están
permitidas, como donde están proscriptas por las leyes.

-7) Los más impunes delitos en punto a dolo, defraudación, estafas o drogadicción, con el
amparo de la inocencia admitida en quien delinque en cumplimiento de mandatos
societarios siempre anónimos, por masificados que son los pronunciamientos de las
asambleas, en los cuales se escudan aquellos delitos para impunidad de sus verdaderos
autores.

-8) La venalidad y la prostitución de los periodistas supuestamente preceptores de la conducta
ciudadana, incorporados en crecido número al núcleo accionario de aquella secta parasitaria
en todo el mundo.

-9) la difusión, primero; el estímulo, luego; y por último la más abundante información pública
respecto de la drogadicción, hoy llevada a extremos de suicidio.

-l0) El soborno, el cohecho, la incentivación ilícita de las motivaciones competitivas, según lo
exigen interese de asociados paralelos, o de organizaciones gangsteriles copartícipes de los
intereses deportivos.

¿Qué es el deporte?
Desde luego, es algo muy transformado respecto de su idea original; de su inicio entre castas
económicamente privilegiadas; de su concepción inicial sin multitudes de activos y pasivos
intervinientes, ahora consumidores, o consumidos.

En respuesta a aquella pregunta, no hay ningún diccionario ni enciclopedia que aporte una
definición encuadrada en la actual función positiva que el deporte puede cumplir en la sociedad,
según sus muchas transformaciones sociales, económicas, industriales, morales y éticas.

Por eso me permito establecer, como pauta del sujeto a analizarse en este trabajo, una
definición que me es propia y con cuyo basamento ruego al lector ubicarse en la filosofía del
ideal, y la crítica de la realidad, que ha de encontrar en las páginas posteriores. Hela aquí:

Deporte según Siglo XX
Juego limpio. Cultivo del honor. No importa si por profesionalismo o amateurismo. Pueden
ser deportes los dos. Pueden no ser deportes ninguna de las dos disciplinas mencionadas, si
se apartan del juego limpio y honorable. Específicamente: toda actividad física o atlética de
carácter competitivo. O aquello que procura una perfomance con fines recreativos, y/ o
espectaculares, que sin atentar contra la salud de sus protagonistas en forma intrínseca de
sus fines (boxeo, automovilismo) propenda al mejoramiento físico, moral, intelectual, y aun
patrimonial de quienes lo practiquen.

Sin anacronismos, y con generosa aceptación de muchas de sus transformaciones propias de
toda masificación, aquello es a mi juicio el acto deportivo encuadrado en la humanidad
contemporánea, tanto en lo que respecta a sus derechos, como a sus obligaciones, en
situación de convivencia.

Por cierto que los diez puntos que sintetizan aquella ubicación del deporte en una logia
parasitaria (de la que implícita y explícitamente quedan excluidas las contadísimas y
honrosas excepciones propias de toda generalización) no tienen armonía con la aspiración
estética y social de dicha definición respecto de Deporte según siglo XX.

El deporte es, hoy, en el mundo, un gigante atrofiado e hipertrofiado a la vez.

Tan corrupto como el hombre, cosa muy natural tratándose de un quehacer de hombres;
mucho más natural cuando su conducción – desde todos los ángulos- pasó a ser casi un
monopolio de hombres comunes; frecuentemente mediocres. En contraposición de alguna
época en la que esa conducción estuvo a cargo de hombres incomunes, acaso de “inadaptados
sociales”, si afinamos sin sentido peyorativo el alcance de la expresión. Desde que el deporte
quedó totalmente en manos de los “adaptados” (a épocas y distorsiones), su anatomía es la
de aquella contradictoria coexistencia de la atrofia y la hipertrofia en un mismo, gigantesco,
cuerpo.

ATROFIA: Falta de desarrollo de una parte del cuerpo. Consumición. Falta de nutrición de
un órgano.
ATROFIAR: Padecer atrofia, disminuir su tamaño.
HIPERTROFIA: Aumento anormal del volumen de un órgano.

Veremos ahora, recorriendo hechos comunes, sucesos sobresalientes, citas intrascendentes,
publicaciones inadvertidas, constancias muy publicitadas, personajes populares,
personalidades casi desconocidas, noticias deportivas y no deportivas, cómo el deporte
se constituye en una suerte de logia masónica; en una típica –y casi incomprensible-
burguesía igualmente imperante – con omnipotencia de oligarquía intocable- en el mundo
llamado capitalista- liberal; y en el opuesto denominado socialista con su fuerte capitalismo
clasista, o en el más reciente de los denominados terceristas no alineados.

Entre la extensa nómina de burguesías contra las que la humanidad proletaria lucha desde
hace siglos para extirpar los privilegios, las desigualdades ajenas a la inevitable desigualdad
mental de los hombres, se ha oído mentar a las burguesías agroganaderas; a las burguesías
industriales; a las burguesías feudales; a las burguesías de banqueros; a las burguesías de
gangster; a las burguesías del arte; a las burguesías intelectuales; a las burguesías literarias;
a las burguesías de tratantes de blancas; a las burguesías universitarias; a las burguesías
del vicio; en tiempos más recientes aquella colección de burguesías se ha ampliado con las
más notoriamente reemplazantes de la burguesía política, que son la burguesía militar y la
burguesía sindical.

Pero no veo que se advierta la existencia de la burguesía deportiva. Se la conoce. Pero no
se le da importancia.

Y tampoco advierto aproximación imaginativa- cuando los inadvertidos advierten su existencia-
de lo que esa burguesía deportiva consume del tributo impositivo y voluntario que la sociedad
brinda para que esa burguesía se sustente. Y se agigante hasta la hipertrofia, si se trata de
su nocivo desarrollo como hecho social.

Sospecho que no transcurrirán muchos años sin que las explosiones masivas de indignación
por los privilegios de los menos, produzcan el hasta ahora imposible caso de la rebelión de
las masas contra el deporte parasitólogo.

Sin desearlo exactamente, creo que se trataría de un hecho plenamente justificado en el
proceso de las rebeliones populares. Comprendo que la predicción es por ahora demasiado
antedatada.

Pero en la proclamada era de las “ transformaciones y cambios para liberar a los pueblos
sojuzgados”, es absolutamente aberrante que el deporte (precisamente con aquella bandera
en la mano) se convierta en un primerísimo consumidor de bienes cada vez más escasos del
común plato de nuestros consumos. Que desplace, por caso, a la salud y la educación pública.

Cuando ello sea advertido, no solamente se pueden producir agresiones masivas como las
registradas en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972(cuando guerrilleros árabes masacraron
a los atletas judíos), sino la desaparición por mucho tiempo de consumo de suntuosidad
faraónica como han pasado a ser, en perjuicio de los contribuyentes anónimos, los Juegos
Olímpicos, los Campeonatos Mundiales, y por el estilo una sucesión de otras semejantes
periódicas programaciones, supuestamente “ obligatorias” al “ honor y promoción de los
países”, pero en verdad solamente destinadas al lucro sectario de aquella logia de burgueses
deportivos que han hecho del deporte un trampolín y una vidriera de otros objetivos de
chantócratas ( creación lunfarda de Jorge Sábato.)

Aquella, que no pretende ser una predicción, sino una mera ecuación del andar de la vida, ya
tuvo algún anticipo en el rechazo que por decisión popular supiera hacer la ciudad
norteamericana de Denver ( Colorado) de la sede olímpica que habían logrado
inconsultamente sus “representantes” en la mesa de la burocracia de la parasitología
internacional del deporte. El despertar de los pueblos pocas veces se hace con racionalidad.
Pero los abusos con los pueblos dormidos suele culminar en pesadillas. Y esto es válido para
el saqueo que el deporte les está haciendo a todos los pueblos del mundo, aun cuando una
prensa adocenada y cómplice del engaño, aparentemente logre, momentáneamente, la
felicidad de esos pueblos por verse así insultados en su pobreza.

En febrero de 1974, ante un enfrentamiento con España, los futbolistas representativos de
Yugoslavia en las eliminatorias para el Campeonato mundial de ese año, recibían la oferta
de un premio de 50.000 dinares (3.000 dólares aproximadamente) para cada uno, en caso
de obtener el acceso a dicho certamen. La revista yugoslava Nin, comentando el episodio,
hablaba de “maquinaciones en el alto nivel del fútbol” y agregaba: “Podrá ser el partido de
la década, pero aún cuando fuera el del milenio, preguntamos: ¿qué sociedad puede darse
el lujo de estimular cada 60 segundos de un partido con 350 dólares a cada jugador?” (La
Nación, 20/1/74.)

El día anterior, Tom Weiskopf, el golfista que mayor cantidad de dinero ganó en el mundo
durante 1973 (245.463 dólares) declaraba (La Nación, 19/1/74) que no comprendía cómo un
golfista podía ganar 100.000 dólares en dos semanas, y se manifestaba partidario de una
distribución más equitativa de los premios, agregando: “Me gusta ganar dinero, pero no
tendría inconveniente en que se reduzcan mis beneficios anuales en 50.000 dólares”.

No participo de la ñoñería de regular honorarios profesionales según las exigencias formativas
previas del sujeto, como lo sustenta el frecuentemente alegato de que “un jugador de fútbol
no debe ganar más que un médico”. Acepto que gane más, si su arte cuenta con mayor
demanda que el de curar.

Pero no comparto la universalizada insolencia socioeconómica que hace del recreador de
multitudes (sea deportista, artista o cualquier profesión exclusivamente recreativa, no
productora de servicios esenciales para la sociedad) el ciudadano económicamente privilegiado
dentro de las escalas retributivas de los salarios. Lejos de ser un lastre del capitalismo, esa
aberración igualmente imperante en el mundo capitalista como en el comunista, es mucho
más que cualquier otra cosa, un caso de inconsciencia social colectiva contra el cual tendrán
que alzarse alguna vez los clamores populares o los procesos auténticamente socializantes,
dentro de los cuales, hasta ahora, aquella lacra sobrevive, curiosamente, como uno de sus
puntos de supuesto apoyo, según es generalizado el uso del deporte como anestésico mental
de todos los pueblos que lo pagan sin cuestionar su característica de monopolio de una secta
parasitaria.

El entusiasmo deportivo terminó por inundar de infantilismo la vida continental, decía Ortega
y Gasset, en una suerte de asociación de extremos igualmente representativos de una
degeneración humana en el deporte, como pueden serlo, con la misma gravedad, la detención
del desarrollo de los individuos por insuficiencia glandular, o el desarrollo anormal del volumen
de sus órganos por desproporcionada actividad. Atrofia e hipertrofia deportivas.

El deporte desnaturalizado como juego o como negocio del juego, está en esos extremos, que
por cierto sobrepasan lo que imaginó y condenó Ortega y, como él, muchos sociólogos del
hecho deportivo.

Pero con todo, la vigencia de sus anatemas sigue siendo fresca:

“La exageración de los deportes (…) es uno de los vicios, de las enormidades, contra la norma
de nuestro tiempo; constituye una de sus falsificaciones.”

“Está bien alguna dosis de fútbol. Pero ya tanto es intolerable.”

(Y en la poca que Ortega decía esto no había aún copas de campeones, recopas, supercopas,
copas de ganadores de copas, campeonatos metropolitano y nacional, y todo este fútbol
convertido en bazar que puede determinar que River Boca jueguen 9 veces en el año y esos
nueve partidos se multiplican en 18 exhibiciones por televisión…)

“Una confirmación nos la proporcionan los diarios, que por su misma naturaleza (…) son el
lugar donde más prontamente y de modo más claro se revela lo falso de cada época.
Columnas y páginas, y más páginas, no hacen si no hablar del deporte.”

“Los jóvenes sólo se ocupan con fervor de su cuerpo y se están volviendo estúpidos.”

(Ortega no imaginó que también podían transformarse en estúpidos a través del mismo fervor
volcado en la atención de sus melenas y sus patillones convertidos en “el cuerpo del joven 1970”.)

Huizinga, otro ensayista del fenómeno social del deporte, coincide diciendo: “Nos amenaza
la misma organización exagerada de la vida deportiva, con la excesiva importancia que las
noticias relativas al deporte adquieren en la prensa diaria, en los diarios especializados, hasta
convertirse en el alimento espiritual de muchos.

”Volpicelli, hoy primera autoridad mundial en la educación física, señala:

“Es ya un hecho que la radio, la televisión, la prensa, no sepan que imágenes y superlativos
emplear, de qué inéditos poemas épicos extraer metáforas para exaltar la gloria de los
campeones, los incuestionables caudillos de las masas de hoy… Si la cultura nace en el juego
deportivo, su propagación en nuestro tiempo habría tenido, como única consecuencia, la de
difundir puerilidad y estupidez.”

“El hecho de que el deporte se origina en la civilización de rapiña, se demuestra, entre otras
cosas, por la jerga de los atletas, formada en gran parte por locuciones sumamente
sanguinarias, provenientes de la terminología guerrera (“matar”, “sacrificio”, “machos”,
“fuerza”, “degollar”). De este modo, las cualidades que por lo común se admiran en el tipo
masculino producto de la vida deportiva, tales como “la confianza en sí mismo y la camaradería”
podrían denominarse más bien “crueldad y complicidad del silencio”.

“No es sólo que el fanatismo puede emplearse con fines demagógicos para distraer y adormecer
a las masas, sino que, de un modo más amplio, el deporte, como fanatismo, como participación
emotiva, acentúa la arcaica tendencia de las masas a rehuír el control de la crítica y del juicio y
a someterse a los mecanismos contemporáneos de condicionamiento y alineación:”

Representando de una manera más realista a este concepto, se podría decir: no es sólo que
el fanatismo sea usado por los gobiernos para hacer demagogia sobre las masas fáciles de
seducir con dulces bocadillos; lo peor es que ya nos hemos ido al otro extremo del proceso
y tenemos en boga el contrauso de aquella demagogia gobernante en todo el mundo, por
las propias masas elegidas para ser adormecidas en la etapa inicial del proceso: ahora esas
masas son poderosas sucursales de la explotación autónoma de esa misma demagogia,
desde luego que teniendo como clientes a los hombres- masas que aún se encandilan con
ella. Y así se da el caso que prácticamente los gobiernos más proclives a aquella explotación
ya casi no necesitan actuar para que ese proceso de captación mental de las masas siga su
curso. ¡Ahora son las masas las que actúan demagógicamente y en alguna forma son los
gobiernos los que hacen de clientes de ellas! En un comienzo fue al revés: los gobiernos
ponían el circo y en él hacían de payasos los pueblos; ahora los pueblos han puesto su circo
propio y colocado a los gobernantes a hacer de payasos dentro de ellos. Y lo curioso es que
todos, absolutamente todos, proclaman a cada momento, aunque cuidándose de hacerlo en
forma pública:

-¡Todo esto es camelo!… ¡Puro camelo!

-El deporte ahora es circo en todos los niveles.

-Es todo mentira (aporteñadamente: “es puro grupo”).

El relator de más audiencia en la radiofonía futbolera argentina es un típico ejemplo de ese
sentido: viendo crecer aquella corriente de “apoyo al deporte”, se puso a su vera y en su ritmo;
hoy la encabeza y hasta en cierto modo la orienta hacia donde a él se le ocurra o más convenga:
tanto hace llorar a coro, como aplaudir a coro, como sufrir a coro, como gozar a coro, a la
“sensibilidad futbolística del país”. Se mete en la vida privada más herméticamente cerrada
y puede ser capaz de obligar al Estado a hacerse partícipe de lo que el Estado haya querido
dejar librado al uso privado de la población; requiere la palabra del hombre de la calle y del
hombre de gobierno; los obliga a integrar el carnaval; y en definitiva la comedia se hace
absolutamente “nacional” sin exclusión de clases ni rangos; Todos “ están en el jardín” (título
de obra teatral descriptiva del llamado mundo contemporáneo). Todos participan del rosado
rosal, puesto que la presión desde aquel medio es tan grande, que no adherirse a él puede
ser, para cualquier obrero como para cualquier ministro, peligrosamente “antipopular” como
muestra de “insensibilidad de masas"-

“Lo demás es obra de la prensa, que refuerza esa educación emotiva e irracional del
hombre-masa – dice Volpicelli – para lo cual los diarios deportivos destilan una forma de
embrutecimiento de la cual no siempre se tiene conciencia. Aquél que asistió a un partido
espera con ansia el lunes para poder leer el relato de un diario deportivo, pero el lunes el
partido le resulta nuevo y el lector vuelve a presenciarlo sin que siquiera medie la duda de
que existan exageraciones y deformaciones” .El lector- tipo las hace suyas y las lleva consigo
al próximo partido que ha de presenciar con sus ojos y tratará de saber “cómo fue”… con el
diario del lunes.

Un alemán, Kischnick, ha dicho:

“Por lo tanto, si nos preguntamos si el deporte constituye la forma espiritual de expresión de
nuestro tiempo, la respuesta es que en ninguna actividad se niega el principio espiritual tanto
como en el deporte, mientras que por otra parte, y esto es lo trágico, en ninguna otra se lo
busca con tanta sinceridad:”

“Si la práctica del deporte se vuelve absorbente, el arte desaparece y la fantasía viviente deja
de encontrar el placer del alegre juego.”

Del pintor Quinquela Martín: “A mí me gustaba el fútbol cuando lo jugaban los líricos y los
tuberculosos. Pero ahora se ha convertido en refugio de millonarios” (29/10/1967).

Del poeta Alberto Girri: “En el fútbol de antaño se ganaba o se perdía; en el de hoy, nuestros
“reyes del estadio”, como los llamaría Montherlant, siempre son “vencedores morales”, una
expresión tan ambigua como hipócrita”. Y agregaba refiriéndose al tango como actitud
nacional semejante al fútbol… “parece haber sucumbido definitivamente bajo los embates
de sociólogos, intelectuales y renovadores” (16/2/1969). Con las mismas palabras que para
el tango pudo referirse al fútbol con igual exactitud.


Fuente: El Arca Digital

 

         

 

 

 
 
 

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