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30 de Octubre de 2015

La vieja Europa

Por Ezequiel Fernández Moores



"To be or not to be", abre la sesión el dirigente danés Jens Sejer Andersen. No tiene
una calavera, sino una pelota de fútbol. Estamos en Elsinore, en el mismo lugar en el
que Shakespeare ubicó hace más de cuatrocientos años la tragedia de Hamlet, príncipe
de Dinamarca. Pero al lado de Andersen no está el fantasma del rey Hamlet, contándole
al príncipe quién ha sido el asesino. Está el candidato Jerome Champagne. El exdiplomático
francés es la figura relevante de "Ser o no ser.presidente de la FIFA ", la mesa debate
que la organización danesa Play the Game celebra en la ciudad de Aarhus, casi 200
kilómetros al noroeste de Copenhague. El drama de traiciones, suicidios e incestos de
Shakespeare toma forma de pelota en el viejo teatro de Elsinore, de 1926. El tema es la
crisis que hizo estallar a la FIFA de Joseph Blatter. Pero termina desnudando también
a su denunciante más severo: la poderosa Unión Europea de Fútbol Asociado (UEFA).

"La caída", me recibe en el aeropuerto de Francfort la tapa del semanario Der Spiegel. La
imagen incluye al mito de Franz Beckenbauer y a Wolfgang Neursbach, presidente de la
Federación que era voz moral del Viejo Continente, y que ahora forma parte de la lista
maldita, acusada de comprar votos para ganar la sede del Mundial de Alemania 2006.
Con Michel Platini también caído en desgracia, aunque oficialmente aún en carrera, la
UEFA anunció el lunes a su secretario general, el abogado suizo Gianni Infantino, como
su Plan B, último y octavo postulante para las elecciones del 26 de febrero en la FIFA.
Europa había apoyado en mayo pasado a Alí Bin al Hussein, un príncipe jordano "demócrata",
pero presidente de su Federación a los 23 porque es hijo de rey. En la última semana
amagó sostén al jeque Salman Bin Ebrahim Al Khalifa, hasta que organismos de derechos
humanos lo acusaron de haber encarcelado en 2011 a 150 deportistas opositores al régimen
de Bahrein. "Si él gana la elección -me dice James Dorsey, especialista en Medio Oriente- es
la muerte final de la FIFA". Champagne, parisino de 57 años, es tan francés como
Platini. Pero, lejos de defender los intereses de la UEFA, Champagne quiere liderar la
resistencia.

"Fui echado de la FIFA por oponerme a los clubes más grandes y querer darle más poder a
las Federaciones". Champagne me lo dice en los jardines del hotel Marselis, donde hoy
concluye la conferencia de Play the Game. Es, por lejos, el candidato que más conoce de
fútbol sudamericano. Tiene un hijo nacido en Brasilia, habla de la crisis de los clubes
grandes en Perú, de que Sudamérica no debe resignarse a sobrevivir de la venta de
jugadores y de que la Conmebol dio una señal "muy poderosa" al romper el contrato
de Datisa, la empresa acusada en Estados Unidos de pagar sobornos para quedarse con
los derechos de TV de la Copa América. Elogia al chileno Sergio Jadúe entre sus nuevos
dirigentes, pero me añade que Joao Havelange y Julio Grondona, problemas judiciales al
margen, ayudaron a frenar en su momento "el eurocentrismo" de la FIFA. Firme defensor
de Palestina, Champagne se jacta de haber logrado que los clubes poderosos de Europa
tuvieran que pagar porcentajes a los clubes de origen de los cracks que ficharan. Fue
consejero estrecho de la FIFA hasta que la UEFA logró su despido en enero de 2010.
Es cierto. Trabajó una década junto con Blatter. Platini también.

"Quieren apoderarse de la única cosa que aún no controlan, la FIFA y el gobierno
mundial del fútbol", dice Champagne. Por la noche, en el viejo teatro de Elsinore, el
francés recuerda que es el único de los ocho candidatos que presentó un programa.
Denuncia "el crecimiento espectacular de una desigualdad que pone en peligro la
universalidad del fútbol en beneficio de una élite cada vez más reducida. ¿Cómo se
puede tolerar una situación en la que los veinte clubes más ricos de Europa Occidental
generan un volumen de negocio de 6.200 millones de euros mientras que más de la
mitad de las Federaciones viven con menos de 2 millones de dólares al año?. En Europa
-dice Champagne- 32 equipos perciben el 80 por ciento del dinero del fútbol. Elogia
el modelo de una Bundesliga que cuida cantera, público y selección nacional, no el de
la Premier League que privilegia a patrones y jugadores foráneos. Dice que los clubes
son la "célula base del fútbol". Y que sufren la pérdida de sus mejores talentos. Y
que las Ligas del Tercer Mundo no reciben un solo centavo de derechos de TV "que
han sido globalizados pero en beneficio de una minoría".

A su lado, David Nakhid, excapitán de la selección de Trinidad y Tobago y exjugador de
clubes europeos, suena optimista pero inevitablemente más frágil en el primer debate
al menos entre dos de los ocho candidatos que aspiran a suceder a Blatter. Champagne
rechaza que la FIFA deba poner bajo revisión el sistema de "un país-un voto", del que
Blatter terminó haciendo casi un negocio personal, y le pregunta al periodista alemán
Jens Weinreich si acaso tiene un sistema mejor. Si es cierto el estudio que indica que
sólo nos enteramos del 5 por ciento de las coimas, el fútbol, advierte Weinreich, sufrió
entonces una sangría estimada de 7.000 millones de dólares que pertenecen al juego
y quedaron en los bolsillos de dirigentes. "Destruyamos esta FIFA, creemos una nueva
organización", pide Weinreich. Y, como para que no queden dudas, muestra la tapa del
nuevo libro que está finalizando. "FIFA Confidencial: El Colapso de un Imperio Criminal".

Un capítulo importante, me anticipa Weinreich, describe la trama de los supuestos sobornos
que pagó Alemania a representantes asiáticos para ganarle a Sudáfrica 12-11 la votación por
el Mundial 2006. El Mundial alemán, no figuraba en la investigación de la justicia suiza, que
sí incluía en cambio las Copas de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, y las futuras en Rusia 2018
y Qatar 2022. La UEFA tampoco quedó bien parada en la sesión de Confederaciones anoche
en Play the Game. Otro colega alemán, Robert Kempe, desnudó de qué modo la UEFA
persiguió al denunciante y protegió al acusado en el escándalo por la votación que asignó
a Polonia-Ucrania la sede conjunta de la Eurocopa 2012. Es la UEFA no solo de Michel Platini,
sino también de su secretario general, el abogado suizo de origen calabrés que habla cuatro
lenguas y tiene cuatro hijos, Gianni Infantino, el nuevo Plan B que presenta ahora la Europa
más poderosa para suceder a Blatter. La lista se completa con el presidente de la Federación
de Liberia, Musa Bility, y con Tokyo Sexwale, que recibió entrenamiento militar en la exURSS
y fue compañero de Nelson Mandela durante trece años en la prisión de Robben Island,
cuando ambos combatían contra el apartheid.

Estados Unidos, cuyo FBI abrió la cruzada que derrumbó a Blatter, consideró en tiempos de
Ronald Reagan que Mandela y sus compañeros del Congreso Nacional Africano (CNA) eran
"peligrosos terroristas comunistas". Hoy uno de los hombres más ricos de Sudáfrica, ex
gobernador, y dirigente FIFA en comisiones de antirracismo, Sexwale, pocos lo saben, fue
detenido cuando en octubre de 2013 arribó al aeropuerto JFK de Nueva York. Su nombre
seguía en la misma lista elaborada medio siglo atrás. Sexwale ejerció también un rol clave
para que Sudáfrica, temerosa de Marruecos, ganara finalmente la sede del Mundial 2010.
En su confesión al FBI, el "arrepentido" Chuck Blazer, exsecretario general estadounidense
de la Concacaf, aseguró que Sudáfrica pagó a Jack Warner un soborno de 10 millones de
dólares para asegurar su voto y su lobby. Contó inclusive un viaje que él hizo a Trinidad
y Tobago, tierra de Warner, junto con dirigentes sudafricanos y también con Sexwale, el
arzobispo Nobel de la Paz Desmond Tutu y con el propio Mandela. A la lista, y ya en la
habitación de Warner en el hotel Dolder, horas antes de la votación en Zurich, se
agregó el expresidente sudafricano Frederik de Klerk. Tres Premios Nobel de la Paz
cortejando al miserable. Mundo FIFA. Otra que Hamlet.

Apenas días antes de viajar para Dinamarca, una persona que tuvo estrecha cercanía con
el Mundial 78, el primero de la era Havelange, me recuerda en su lujoso piso de Buenos
Aires el interés de la dictadura argentina de mantener la organización de la Copa, no
obstante las protestas que se escuchaban ya en algunos países por la interrupción de
la democracia y las violaciones a los derechos humanos. La fuente, testigo de primera línea
en aquellos años de plomo, me asegura que hubo dinero, 6 millones de dólares, al menos
para dos dirigentes. "Quién sabe -me dice- en la FIFA se dieron cuenta a partir de allí que los
Mundiales podían ser un gran negocio personal".


Fuente: Cancha Llena





 

 
 
 

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