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15 de Abril de 2015

Deporte para todos

Por Ezequiel Fernández Moores



"Triste que esto suceda hoy en Estados Unidos", tuiteó Hillary Clinton. "Nunca toleraremos la
discriminación", escribió en The Washington Post Tim Cook, CEO de Apple. Otras empresas se
sumaron al repudio. Milley Cirus calificó de "estúpido" al gobernador. Y alcaldías como las de
San Francisco anunciaron boicots. Todos en contra de una nueva ley de Indiana que, según
sus críticos, permite discriminar a gays y lesbianas invocando convicciones religiosas. Ningún
reclamo servía. Hasta que llegó la amenaza de la Asociación Nacional Atlética Colegial (NCAA),
la poderosa organización del deporte universitario de Estados Unidos. El gobernador Mike Pence
aceptó una revisión y evitó el papelón. La NCAA celebró entonces en paz el lunes pasado en
Indiana el "Final Four", su principal competencia. Pocas veces antes en toda su historia,
el deporte, históricamente acomodaticio, y reacio a confrontar con el poder, logró cambiar de
modo tan fulminante una decisión política.

El Final Four es "March Madness". La Locura de Marzo es el quinto gran acontecimiento anual
del deporte de Estados Unidos, junto con las finales de las cuatro cuatro grandes Ligas (el fútbol
americano de la NFL, el béisbol de la MLB, el basquetbol de la NBA y el hockey sobre hielo de
la NHL). Es Final Four porque juegan los cuatro finalistas del basquetbol universitario, semillero
formidable de la NBA. Para tener una idea, el duelo Michigan State-Kentucky en Detroit 2003
tuvo 78.129 espectadores, cifra sólo superada por el All Star 2010 de Dallas. Setenta mil
personas fueron a la final del lunes pasado en el Lucas Oil Stadium de Indianápolis. Duke
(universidad privada) ganó 68-63 a Wisconsin (pública), que había sorprendido al eliminar
el sábado en semifinales al favorito Kentucky. En un estadio casi enteramente blanco, las
estrellas del campeón fueron jugadores no blancos, como Justise Winslow, Tuys Jones y Jahlil
Okafor. La semana pasada apareció en el campus de la Universidad de Duke (Carolina del Norte)
una soga colgando de un árbol, supuesto mensaje de racistas furiosos porque hay cada vez
más estudiantes negros matriculados. Los aficionados de la final del lunes, todos vestidos
con camisetas azules, agregaron pañuelos, cintas o prendedores con los colores de la bandera
arcoiris, símbolo del orgullo gay. Antes del partido, un avión sobrevoló el estadio con un cartel
que decía: "Sir Charles tiene razón: Discriminación es un error". Sir Charles es Charles Barkley.
La exestrella NBA había pedido que el Final Four no se jugara en Indiana por la nueva ley.

Figura de la final fue también el entrenador Mike Krzyzewski. Logró su quinto campeonato, segundo
en la historia con más títulos. Superó en la lista a Adolph Rupp, mítico entrenador que pasó a la
historia porque Kentucky, su equipo, perdió la final de 1966 contra Texas Western Miners, el primer
campeón enteramente negro de la NCAA. "Cinco 'negros' nunca podrán ganarnos", cuenta la leyenda
que Rupp dijo a sus jugadores. Eran años de protestas negras y de represión. De Muhammad
Alí, del Black Power de México 68 y de atletas universitarios que dijeron basta a insultos racistas
y exigieron entrenadores negros. Otro equipo célebre fue el de los "Fab Five", como se apodó a
la escuadra negra de la Universidad de Michigan de los años '90. Su notable campaña marcó un
antes y un después en la historia del deporte de Estados Unidos, pero el equipo fue expulsado
y borrado de los libros oficiales. Sus éxitos tuvieron récords de rating y marketing y los jugadores
también recibieron dinero. Los reglamentos de la NCAA permiten que todos ganen dinero con los
jugadores. Menos los jugadores. El básquetbol universitario también quedó sin palabras en 1951,
cuando la justicia arrestó a 32 jugadores acusados de arreglar 86 partidos en tres años, en
combinación con apostadores.

Cerca de cuarenta millones de estadounidenses apostaron fortunas estos días en el Final Four, un
negocio de mil millones de dólares, en el top ten del deporte mundial. Derrick Gordon, de la
Universidad de Massachussets, sorprendió a ese mundo machista cuando el año pasado dijo que
es gay. Sus compañeros, que primero se negaron a compatir la ducha, terminaron abrazándolo.
"Estoy orgulloso de estar aquí", dijo estos días en Indiana, donde llegó para repudiar la ley del
gobernador Pence. Habló dos días antes de la final en un evento programado por la Asociación
de Entrenadores de Básquetbol. A su lado estaba Jason Collins, el primer jugador NBA, ahora
retirado, que dijo públicamente que es gay. "La NCAA dio un gran paso", dijo Collins, mientras
a esa hora cientos de personas marchaban en los alrededores del estadio protestando contra la
ley de Pence. La prensa contó también la historia de Dalton Maldonado. En diciembre pasado, en
un torneo de básquetbol universitario de Kentucky, tras cruzar insultos con jugadores rivales, y
en medio de un llanto desesperado, dijo a sus compañeros que es gay. Jugadores rivales siguieron
en autos al micro de su equipo, gritando insultos y amenazas de balas. El equipo de Betsy Lane
completó el torneo bajo protección policial. Sus compañeros, eso sí, se cerraron en apoyo a Dalton
Maldonado.

Mark Emmert, titular de la NCAA, decidió entonces jugar sus cartas. Habló de "inclusión" y
"diversidad". Afirmó que la NCAA se ocuparía especialmente de que la nueva ley no afectara a
estudiantes ni aficionados del Final Four. Y, tarde ya para mover el torneo a otra ciudad, advirtió
que la NCAA, que tiene su sede en Indiana, podría evaluar irse a otra ciudad. En lugar de hablar
de juego, también los capitanes de cada equipo fueron preguntados sobre la ley de Pence. "Lo
hablamos en el equipo. Estamos con la NCAA y con nuestra Universidad. No creemos en ninguna
forma de discriminación", expresó Jahlil Okafor, en representación de Duke. También Reggie Miller,
estrella de los Indiana Pacers, de la NBA, se declaró "absolutamente en contra" de la ley. Dos
semanas atrás, Pence, rodeado de monjes franciscanos y judíos ortodoxos, había anunciado la
"Ley de Restauración de Libertad Religiosa". Quienes sientan afectada su libertad religiosa,
estableció la ley, pueden negarse a ofrecer un servicio. Advance America, un grupo impulsor de
la ley, celebró el permiso legal a empresas o personas de negar servicio a bodas o fiestas
homosexuales. Memories Pizza, por ejemplo, anticipó su negativa a servir a homosexuales. La
reacción popular contra la pizzería fue inmediata. "¿Y si un farmacéutico se niega a vender
medicación contra el sida alegando sus convicciones religiosas?", se preguntó el periodista Dave
Zirin. Una semana más tarde, el condado de Scott sufrió un inesperado brote de 79 casos de
sida en apenas cuatro meses. Pence declaró el estado de emergencia y dictó una excepción
contra su propia ley que prohíbe al estado entregar jeringas a los drogadictos.

Figuras e instituciones deportivas que fueron enérgicas un año atrás, en los Juegos Olímpicos
de Invierno de Sochi, mantuvieron silencio estas semanas. Tampoco la prensa mundial se sintió
tan conmovida. No se trataba esta vez de la Rusia de Putin. Tampoco de Irán. En California,
donde rige el sistema de democracia directa y cualquier ciudadano puede proponer leyes pagando
una tasa de 200 dólares, un abogado presentó semanas atrás la "Ley de Eliminación de la Sodomía".
En pocas palabras, la ley, que provocó indignación y no reunirá los votos para ser aprobada, propone
matar a tiros a los homosexuales. Veinte estados impulsaron en Estados Unidos leyes de
"libertad religiosa". La de Indiana, dicen sus críticos, tenía puntos más extremos que cualquier
otra. Los grupos religiosos que la apoyaron semanas atrás están ahora furiosos por la marcha atrás
del gobernador Pence, un republicano con sueños de presidente. Los críticos observan el hecho de
que el único de los Mandamientos que parece atacar sus convicciones religiosas atañe al sexo. Se
puede ofrecer servicio a asesinos o estafadores, no a homosexuales. El deporte dijo no. "Hemos de
ser juzgados -escribió David Brooks en The New York Times- por la forma en que amamos, no por a
quién amamos"


Fuente: Cancha Llena





 

 
 
 

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