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12 de Agosto de 2014

Volver a empezar

Por Ezequiel Fernandez Moores

Las imágenes del mariscal Tito, líder de la posguerra que gobernó Yugoslavia
durante 35 años, estaban en 1980 en todas partes en la ciudad de Dubrovnik,
sobre el Mar Adriático. "Hay que seguir recordándolo porque ahora, sin él, esto
puede estallar". El temor que me contaban los amigos mochileros yugoslavos
se concretó una década después. Croatas, eslovenos, macedonios, musulmanes,
serbios y albaneses étnicos se bañaron en sangre. Tito, me decían, tenía tal
peso que mis amigos, algunos acaso muertos en la Guerra de los Balcanes,
creían en los rumores de que Tito había fallecido antes, pero no lo decían.
Los amigos alimentaban el mito popular de que Tito tenía dobles. Por un
lado, los dobles servían para protegerlo de eventuales atentados. Y, por
otro, para acomodar los tiempos al tener que anunciar la muerte. Julio
Grondona, que gobernó la AFA 35 años, no tiene dobles. Sí tiene un hijo
homónimo, presidente de Arsenal, el club cuyo estadio (monumento) lleva
el nombre del padre fallecido. Pero la AFA, cuyo Comité Ejecutivo se reunió
anoche por primera vez tras la muerte del líder, sabe que la nueva era debe
ser distinta.

Grondona, que hasta los diez años vivió en una habitación que compartía con
sus padres y cuatro hermanos, sin heladera, con vista al cementerio, nació
en 1931 en Crucecita, localidad de Sarandí, partido de Avellaneda. Barrio de
"taitas y matones", donde "se tiraba una papa al aire y llegaba al suelo
perfectamente pelada", como lo describió alguna vez el periodista y escritor
Amílcar Romero. Plena Década Infame, Pacto Roca-Runciman de 1933, año
también en el que una multitud marchó por la avenida Mitre, llevando un
ferétro cubierto por la bandera nacional. El muerto era Juan Nicolás Ruggiero,
Ruggierito, el pistolero que manejaba la acción social, pero también el juego
clandestino, la prostitución y la violencia política en Avellaneda. Lo habían
acribillado desde un auto en la casa de su amante, Dorrego 2049 de Crucecita.
En el cementerio aguardaba su protector, el intendente Alberto Barceló, desde
1909 el hombre más poderoso de una ciudad proletaria de crecimiento enorme
y a veinte minutos del Obelisco. Ruggierito, hijo de un napolitano y nacido en
la isla Maciel, había ganado fama tras un tiroteo a metros del burdel que
regenteaba Enrique el Manco, hermano del intendente Barceló. Sucedió no lejos
del cuartel conservador de la avenida Pavón, donde Ruggierito, custodio del
intendente, controlaba las líneas de colectivos. "Señor de horca y cuchillo"
llegaron a decirle a Barceló en un debate parlamentario. Su poder -escribió
Alvaro Abós- "se basó en el progreso indiscriminado y caótico de Avellaneda,
en la creación de empleos, lícitos o ilícitos, y en el favor como contraprestación
política, así como en la aniquilación drástica de los rivales". Barceló, silencioso,
duro y paternal, era "un hombre de acción". En esa Avellaneda, en la que en
1932 creó su sede el Partido Fascista Argentino y en la que llegó a vivir Hipólito
Yrigoyen, Barceló, hombre de Racing, controlaba con Ruggierito elecciones de
urnas con doble fondo y en la que votaban hasta los muertos. Fraude Oligárquico
decían unos. Fraude Patriótico, respondían los conservadores.

De Avellaneda a Zurich, Grondona cambió modales, pero no las mañas. Las que
aprendió en Crucecita, Sarandí e Independiente

Prohibida la política, los clubes heredan los vicios del comité y celebran asambleas
dominadas por las patotas. Julio Grondona aprende mucho del caudillo radical
Herminio Sande, que fue intendente de Avellaneda y presidente de Independiente,
el equipo de "Don Enrique", el padre de Julio Grondona, Número 10 de River
hasta cuarta división, Grondona aprovecha una tierra de nadie entre Avellaneda
y Quilmes y en 1957, con apenas 24 años, funda Arsenal. El nombre, claro,
homenajea al club inglés, que era señalado entonces como el mejor del mundo.
Pero Grondona se había educado ya en otra cultura. Jugaba al fútbol para ganar,
lejos de los conceptos de fair play y amateurismo que dominaron en la fundación
inglesa del fútbol argentino. Era vox pópuli que era de la pesada del club. Líder
de muchachos entre los cuales, admitió una vez, había muchos peronistas porque
en los frigoríficos y saladeros trabajaban doce horas, no tenían vacaciones y
recibían una libreta que ni siquiera les alcanzaba para las compras. Grondona,
gracias a un profesor vecino, hizo el secundario en el Colegio del Salvador de
Callao y Tucumán. Dejó tercer año de Ingeniería porque papá Enrique murió
joven y él, hermano mayor, debió asumir el negocio ya crecido de la ferretería.
Y, tal vez, porque, ya caudillo, prefierr tener más intuición que inteligencia.
Porque si uno "se la pasa leyendo -dijo una vez- entonces no puede estar en
la calle". En la calle, con Arsenal ya más grandecito, Grondona llega al
Independiente de Sande. El Independiente múltiple campeón en tiempos de
Copas Libertadores en las que todo valía. Arbitros comprados, doping, patadas
salvajes, jugadores inscriptos fuera de término. Había que ganar. Los triunfos
con Independiente lo catapultan en 1979 a la presidencia de la AFA. Eso
sí, conocedor profundo de los reglamentos, debe aplazar la asunción. Está
suspendido por insultar árbitros.

De Avellaneda a Zurich, Grondona cambió modales, pero no las mañas. Las que
aprendió en Crucecita, Sarandí e Independiente. Desde la fundación de 1934
hasta 1979, 45 años, la AFA tuvo 30 presidentes con una duración promedio de
un año y cinco meses para cada uno. Grondona acumuló 35 años él solito. "Si
estás muerto te levanta, si estás agrandado te mata", intentó explicarme alguna
vez un dirigente el secreto de su permanencia, más allá de los éxitos
internacionales y de la protección de la FIFA, que siempre acudió en su ayuda
cuando algún gobierno amagaba echarlo. Hasta 1979, los cinco clubes grandes
habían conquistado 51 títulos de la era profesional, contra 8 de los chicos. De
1979 en adelante, los grandes ganaron 36 títulos y el resto 28. Hasta fue
campeón su querido y protegido Arsenal, que sufrió apenas 7 expulsados en sus
primeros 125 partidos en Primera, contra una media cercana a los 30 del
resto. Además, en su gestión descendieron por primera vez San Lorenzo,
Racing, River e Independiente, su club. Democrático por un lado, decadente
por otro. Sí, levantó a unos con dinero discrecionalmente adelantado de la TV.
Y mató a otros designando árbitros o líneas distraídos. Fue emergente de una
cultura que luego muchos clubes usufructuaron. Porque si acaso hubo mafioso
es porque también hubo mafia. Dijo no en los '90 a los clubes SA. ¿Para qué
depender de un un magnate ruso o árabe si siempre estaba papá AFA? La
misma AFA cuyas oficinas fueron allanadas ayer porque el dinero público del
Fútbol Para Todos está lejos de cumplir su objetivo de sanear finanzas. La
misma AFA que escucha ya, sin derecho a luto, reclamos acaso justos de más
dinero de los dos más grandes. La misma AFA que anuncia un nuevo torneo
con diez ascensos. Pero que, ahora sabe, algún día, deberá volver a la
normalidad y definir diez descensos. Y hacerlo sin Ruggieritos. Con democracia.


Fuente: Diario La Nación





 
 
 

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