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02 de octubre de 2013

El fútbol es historia

Por Ezequiel Fernandez Moores

El archivista de la Universidad de Edimburgo preguntaba por qué había tanta curiosidad
en Buenos Aires por la vida del niño que había perdido a los dos años a su padre, a los
cuatro a su madre y a los nueve a su abuela. Criado en un internado para niños
huérfanos y partido a los 29 años hacia la Argentina en busca de climas más templados,
para escapar de la tuberculosis que había diezmado a su familia, Alexander Watson
Hutton ni siquiera registraba actividad como deportista destacado en Escocia. "Pero
aquí -le avisan- es considerado el padre del fútbol argentino." "Después de todo
-responde riendo el archivista-, fue un escocés el que le dio una mano a La Mano de
Dios." Lo cuenta el Buenos Aires English High School, la escuela en la que Watson Hutton
creó al Alumni de los hermanos Brown. Anglófilo a los ojos de hoy, el primer equipo
mítico de nuestro fútbol defendió el castellano en las viejas actas de la AFA "british".
Estaba formado por argentinos de tercera generación, con cinco de sus siete hermanos,
más un primo, miembros de la selección argentina. Y hasta fue sospechado de
profesionalismo en sus últimos años, en tiempos de puro amateurismo. Un sector de la
prensa, cuenta el historiador Víctor Raffo, decía que Alumni llenaba estadios y se
preguntaba adónde iba el dinero de las recaudaciones. Irónicos, llamaban al Alumni con
el nombre de "Brown Brothers Limited".

El fútbol ya era cuestión de Estado. Interesaba al gobierno del general golpista José Félix
Uriburu, que recibía a los jugadores en huelga, y al del general Agustín Justo, que ponía
a su yerno como presidente de la AFA. Y también a la izquierda combativa, que fundaba
clubes como Mártires de Chicago. Y a la prensa poderosa, como Crítica, entonces el diario
más vendido de habla hispana, que mejoró sus ventas como organizador de la gira de cinco
meses por Europa que hizo popular a Boca en 1925. El fútbol argentino -dice la voz en off
del actor Darío Grandinetti- se convirtió en "actor principal de la cultura popular" y en
"espejo de cambios políticos y sociales". Así comienza El fútbol es historia , un documental
de ocho capítulos que empezará a emitir desde mañana -y todos los jueves, a partir de las
22.30- DeporTV, la señal digital de TDA (goo.gl/NbsVdd). Se ven imágenes riquísimas del
Archivo General de la Nación y escenas en Súper 8, acaso inéditas en nuestra TV, del
Mundial 66, Enrique Omar Sívori en Turín, Diego Maradona entrenándose en los bosques de
Palermo en medio de autos y curiosos y Leo Messi, antes de ser Messi, diciendo que su
sueño es jugar en la selección. "Un trabajo de periodistas con sentido crítico y que buscan
romper mitos", me dice Christian Rémoli, que comandó el equipo de Koala Contenidos, del
que formé parte, y que entrevistó a más de setenta personas. Entre otros, César Menotti,
Carlos Bilardo, Daniel Passarella, Ricardo Bochini, Norberto Alonso, Jorge Valdano,
Roberto Perfumo, historiadores y periodistas, y que recorre 145 años de historia, incluidos
los tiempos muchas veces omitidos del amateurismo.

Los años dorados simbolizados con La Máquina de River, la huelga de los futbolistas a
Perón en 1948 que provoca el éxodo de 57 jugadores a Colombia, el polémico campeonato
del 51 que el Racing de Cereijo le gana al Banfield de una Evita que agonizaba, y el gol de
Grillo en el primer triunfo ante Inglaterra. El Desastre de Suecia 58 no sale gratis: la
selección pasa a tener trece técnicos hasta 1966 y River cambia la escuela de La Máquina
y de "La Nuestra" para atacar con cinco extranjeros y abrir la era del "fútbol-espectáculo".
Siguen el penal que Roma le ataja a Delem en 1962, la expulsión de Rattin en Wembley
-sin rastros televisivos de haberse sentado en la alfombra roja-, el Racing de Pizzutti y
el Estudiantes de Zubeldía, primer chico que rompe el monopolio de los cinco grandes.
Raúl Madero, médico y zaguero, responde al mote de "animals" a un periodista inglés
mientras toca piano (Chopin y folklore) y le dice: "Usted no habla mi lengua y yo hablo la
suya, usted no tiene títulos y yo sí, yo conozco su música y usted no conoce la mía. ¿Cuál
de nosotros dos es más «animal»?". Luego es el turno de la escuela rosarina ("Nene, al
pie, si no dedicate a otra cosa", le dice el Mono Obberti a un novel Valdano) y el de un clásico
local -y también un fútbol todo- que cambió pasión por violencia. El Huracán 73 y el primer
campeón mundial, el de 1978, el del "lugar justo, en el tiempo equivocado". Fillol relata
una "apretada" del almirante Carlos Lacoste, de uniforme y pistola sobre el escritorio,
intimándolo a que firme con River porque si no puede "aparecer en un zanjón". Passarella
se lamenta de por vida cada vez que ve al dictador Videla mientras él levanta la copa y
Menotti acepta que alguna vez, con un micrófono deliberadamente puesto de apuro,
dijo "una imbecilidad total". Pero cuenta también que tuvo un mes escondida en su casa
a una militante que rescató con la ayuda de Adolfo Pedernera.

Conmueven las imágenes de Maradona con Los Cebollitas en los Juegos Evita y también
el relato de Jorge Piaggio, campeón Sub 20 con Diego en Japón 79. Cuenta que horas
antes de la recepción con Videla en la Casa Rosada, su tía había sido echada de la
Plaza de Mayo, donde reclamaba por su hijo desaparecido. El Mundial en plena Guerra
de Malvinas y el frustrado e infantil golpe del alfonsinismo para echar a Bilardo meses antes
de México 86 dan paso a la confesión de Passarella. Amargado por su polémica "no curación",
el Káiser cuenta igualmente un baile días antes del debut en el que todos los jugadores,
mientras el DT danza frenético y casi arrodillado, cantan "borombonbón, boronbombón,
es el equipo del Narigón", incluidos Valdano, Bochini y él, los tres menottistas del plantel.
El Independiente rey de la Libertadores con Bochini ("el jugador con más coraje que vi",
lo describe Claudio Marangoni), San Lorenzo bicampeón en el Gasómetro "del pueblo", el
Ferro de Griguol, el Estudiantes de Bilardo (hay un gol de Trobbiani digno del mejor
Barcelona), el Argentinos del Bichi Borghi con imágenes riquísimas del club Parque, el
River del Beto Alonso, un inolvidable River 5-Argentinos 4, el Newell's de Bielsa, el
Vélez de Chilavert, el exitoso Boca de Bianchi y el River de Ramón Díaz preceden al
Racing que había dejado de existir en 1999 y es campeón en 2001, mientras el
país estalla, todos acompañados de entrevistas, relatos inéditos, estadísticas breves y
precisas e imágenes de gloria futbolera y, a veces, de dolor social. El último capítulo
de la serie repasa los últimos Mundiales y reproduce la despedida de la selección de
Marcelo Bielsa, cuando lamenta no dar el título con más gancho que le reclama la
periodista. "Ése es su trabajo, maquíllelo", le responde el DT, sabiendo que así se hará.

Sigue luego la imagen del fútbol vendido al negocio monopólico del cable primero y
luego a la TV pública, siempre con Marcelo Araujo presente y Julio Grondona eternizado
en el trono. "Jugar juntos -dice Bielsa-?Atacar mucho y luego recuperarla con la ilusión de
volver a atacar. Eso es el fútbol muchachos." Escuchan con auriculares Menotti, Bilardo,
Passarella y otros. Pero el potrero se cambió por la PlayStation, se lamenta Basile. Y de
repente aparece Messi de pibe, eludiendo rivales y celebrando goles. Y contando ya en una
entrevista de 2004 su deseo de jugar alguna vez en la selección. Ya lo hizo. Ahora sueña
con salir campeón. El panorama en nuestras canchas, es cierto, por momentos es desolador.
Jugadores que chocan. Barras que pelean. "Hemos puesto la pelota en lugar secundario,
y eso -dice Valdano- es pecado mortal." Messi, igualmente, sabe que sin embargo hay
una historia que respalda su sueño.

Fuente: Diario La Nación

 
 
 

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