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29 de Agosto de 2013

Yo tengo un sueño

 

Por Ezequiel Fernandez Moores

"Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación
donde no serán juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su
carácter", decía Martin Luther King (MLK) en su célebre discurso del 28 de agosto
de 1963, hace hoy cincuenta años. A metros de él, cerca de Josephine Baker,
Paul Newman, Bob Dylan y Joan Baez, entre otros, estaba Jackie Robinson. MLK
admiró siempre a Robinson, el primer jugador que en 1947 rompió barreras
raciales en el béisbol en medio de insultos, odio, amenazas de muerte, rivales
que apuntaban la bola a su cabeza y le escupían los zapatos, partidos y giras
cancelados y habitaciones de hotel separadas. "Fue un jinete de la libertad
antes de que la libertad cabalgara", lo definió MLK. Casi cinco años después
del famoso discurso de 1963 (La Marcha sobre Washington), MLK y Robinson
se unieron a los atletas negros que planeaban boicotear los Juegos Olímpicos
de México ?68. Tommie Smith y John Carlos quedaron impresionados con el
apoyo de MLK. Lo recordaron el 16 de octubre de 1968, cuando levantaron sus
puños enguantados con el símbolo del Black Power en el podio de los 200 metros,
la imagen acaso más poderosa de rebeldía en la historia del deporte. MLK no
pudo aplaudirlos. Había sido asesinado el 4 de abril de 1968 en Memphis.

Dos meses antes de morir, MLK había ido en persona al Hotel Americano, a metros
del Madison Square Garden de Nueva York, a comunicarles a los atletas negros
que apoyaba su decisión de no ir a los Juegos de México. La represión era cada
vez mayor "y la lucha por la libertad -dijo MLK a la prensa- impone algunos
sacrificios". A los atletas les dijo que "los Juegos son una plataforma global y
podemos shockear al mundo con nuestros principios de la no violencia". "¿Por
qué sigue yendo a Memphis cuando allí está amenazado de muerte?", preguntó
en un momento Carlos. Y MLK, que viajaba a Memphis para apoyar una huelga
de basureros negros, le respondió: "Voy por los que no van a levantar su voz y
por los que no pueden levantar su voz". En su libro autobiográfico ( The John
Carlos Story , 2011), el atleta recuerda que MLK "fue muy preciso en marcar la
diferencia. «No van y no pueden.» En el corazón del Dr. King había lugar para los
dos". Carlos cuenta que recordó como nunca esas palabras cuando protagonizó
con Smith el Black Power de México ?68. El podio rebelde impactó a Lee Evans,
campeón en los 400 metros. "Habíamos quedado en que llevaríamos guantes
negros y que, si ganábamos, nos los pondríamos para ver si le provocábamos
un infarto a Avery Brundage y así nos salvábamos de estrechar su mano." Brundage
era el presidente estadounidense del Comité Olímpico Internacional (COI). Fue el
hombre que apoyó los Juegos y saludos nazis en los podios de Berlín ?36. Y que
para México ?68 había decidido reingresar en la Sudáfrica del apartheid . El hombre
que, después del gesto del Black Power, expulsó de por vida a Smith y a Carlos
del movimiento olímpico.

El asesinato de MLK, confiesa Carlos en su libro, dejó a los atletas negros sin uno
de sus principales apoyos y el boicot perdió fuerza. Carlos volvió a reunirse con
MLK en Augusta, once días antes del asesinato. "No podemos luchar contra la
pobreza mientras muchos de nuestros jóvenes mueren en una guerra inmoral en
Vietnam", dijo allí MLK, ante 600 personas que colmaron la iglesia bautista de
Beulah Grove, el único lugar que aceptó recibirlo. MLK se había pronunciado por
primera vez en contra de la Guerra de Vietnam el 4 de abril de 1967 en Nueva
York. Calificó a Estados Unidos como "el más grande proveedor de violencia en
el mundo de hoy". "Como dice Muhammad Ali -dijo MLK luego en la conferencia
de prensa-, todos, negros, morenos y pobres, somos víctimas del mismo sistema
de opresión." La mención de Ali sorprendió a muchos. El más grande boxeador de
todos los tiempos, que en esos días desafiaba con su negativa a combatir en
Vietnam, también reclamaba por los derechos de los negros, pero desde una
vereda diferente de la de MLK. Primero lo hizo con Malcolm X y luego con la nación
del islam y su discurso más radical, de un Estados Unidos sólo para negros. La
desclasificación posterior de pinchaduras que el FBI hacía al teléfono de MLK
permitió descubrir que ambos, en realidad, se tenían mucho respeto. "Cambian
saludos -escribió el FBI en sus archivos-. C (por Ali) invita a MLK a su próxima
pelea. MLK dice que le gustaría ir. C le dice que sigue sus pasos, que es su hermano
y que está con él al ciento por ciento, pero que no puede correr riesgos y que MLK
tiene que cuidarse y estar atento a los «blancuchos»".

"Nunca estaremos satisfechos en tanto que el negro sea víctima de los inimaginables
horrores de la brutalidad policial", dijo MLK en su discurso de 1963, el año del
nacimiento de Michael Jordan, ícono deportivo de millones, pero que, según escribió
William Rhoden, "abdicó su responsabilidad sobre la comunidad afroamericana con
algo que está cerca de la traición". Desde el simple dato de Barack Obama presidente,
los derechos de los negros, coinciden los análisis de prensa, han logrado avances
notables en el último medio siglo. Pero muchos indicadores económicos, advierten
los analistas, siguen hoy exactamente igual. También la brutalidad policial. Y su
impunidad. Trayvon Martin, de 17 años, fue asesinado el 26 de febrero de 2012.
Al vigilante civil de Sanford, Florida, George Zimmerman no le gustó su aspecto
-Martin volvía a su casa con la capucha puesta tras comprar caramelos y una bebida-
y lo mató de un balazo en el pecho. Cada 28 horas un negro muere en Estados
Unidos por balas de policías o vigilantes. Michael Jordan, habitual en él, se mantuvo
en silencio. No así LeBron James, rey actual de la NBA, que pintó sus zapatillas con
la leyenda "Trayvon RIP" y se fotografió con sus compañeros de Miami Heat todos
con la capucha puesta, bajo el lema "Somos Trayvon Martin". Un jurado absolvió
este año a Zimmerman afirmando que actuó "en legítima defensa". "¿Cómo les
explico esto a mis hijos?", tuiteó al día siguiente Dwyane Wade, compañero de
LeBron en los Heat. Su hijo mayor, contó Wade, le había pedido una capucha en
la última Navidad.

"No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga
garantizados sus derechos de ciudadano", fue otra de las frases pronunciadas por
MLK en su discurso de 1963. MLK, que apenas jugaba billar, comprendió siempre
"el poder simbólico del deporte". Lo advirtió de niño con Jesse Owens, el "atleta
negro héroe" porque ganó ante los ojos de Hitler en Berlín ?36 y a quien Brundage
utilizó en 1968 para frenar el boicot a los Juegos de México. "Pobre, vio que una de
las formas de nuestra protesta era correr con medias negras y entonces nos decía
que las medias negras cortaban la circulación", contó Lee Evans. Pero el gran
deportista símbolo que vio MLK de niño fue Joe Louis, el formidable primer campeón
negro de los pesados desde los tiempos de Jack Johnson, ídolo de millones cuando
venció a Max Schmelling, el boxeador de Hitler. Louis, a quien sus patrones le
enseñaron que no sonriera después de ganarle a un blanco, fue recordado por MLK
en el libro Por qué no podemos esperar . Una vez, escribió MLK, un joven negro sirvió
a un estado sureño para inaugurar un nuevo método de aplicación de la pena de
muerte. Gas venenoso en lugar de la horca. Se colocó además un micrófono "para
que los observadores científicos pudieran oír las palabras del reo agonizante y valorar
la reacción de la víctima ante la novedad". Las palabras que pronunció el joven negro
apenas empezó a salir gas fueron: "Joe Louis, sálvame; Joe Louis, sálvame; Joe
Louis, sálvame"


Fuente: Diario La Nación

         

 

 

 
 
 

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