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14 de Mayo de 2013

Contra viento y marea

 

Por Ezequiel Fernandez Moores

"Entre el cliente y la verdad, seguimos optando por la verdad." La respuesta, lapidaria,
enojó al lector de El Gráfico. Pero Dante Panzeri no creía que el trabajo del periodista
consistiera en vender más revistas. Tampoco creía que debiera vender ilusiones.
"Tenemos que esperar lo peor, es decir, nada", escribió antes de viajar al Mundial
de Chile 62. Con él como director, El Gráfico nunca más volvió a poner en tapa al
boxeo, "una masacre humana -escribió- que debe ser colocada sencillamente fuera
de la ley". Equivocado o no, Panzeri incomodaba también a sus patrones. En La Prensa,
en lugar de "boxeo", escribía "homicidio legalizado", y creía que la nota debía ir en
"Policiales". En El Día, el principal diario de La Plata, le "agradeció" al Milan, de Italia,
su triunfo ante Estudiantes en la Copa Intercontinental "en nombre de la salud pública
argentina". Aquel Estudiantes -escribió Panzeri en el diario platense- fue "la
representación de la violencia para el lucro aplicada al fútbol", una "asociación ilícita
para producir resultados ilícitos". En El Ciclón, revista partidaria de San Lorenzo,
enumeró más de 25 incidentes de indisciplina que desaconsejaban el retorno en
1972 del ídolo José Sanfilippo. En Radio Belgrano, que abría exultante la temporada
con un River-Boca, dijo que el partido había sido "un bodrio tan lamentable" que no
merecía "ni una sola palabra" y dedicó la media hora siguiente a otro tema. Su libro
más célebre ( Fútbol, dinámica de lo impensado ) lo abrió con una frase también célebre:
"Este libro no sirve para nada".

Dirigentes, decencia y wines , las tres cosas que según Panzeri le faltaban al fútbol, es
el título que eligió Matías Bauso, guionista, escritor y abogado, para su monumental
trabajo sobre Panzeri, la joya deportiva y acaso también periodística de la Feria del
Libro que cerró el último lunes en Palermo. Bauso juntó un metro de fotocopias,
revistas y recortes. Leyó unos 6000 del total de 15.000 artículos que Panzeri escribió
desde 1947 hasta su muerte, en 1978. Seleccionó casi 500, luego 200. Se quedó
con 100. Revistas, diarios, radio y TV. Correspondencia con lectores. Anotaciones
personales inéditas. Fútbol-juego. Corrupción. Boxeo. Periodismo. Mucha ética. Poca
épica. Peronismo. Libertadora. Piazzolla, Bergman y hasta la Coca Sarli. 544 páginas,
cerca de 1.200.000 caracteres que compilan con minuciosidad, admiración y afecto la
obra de un mito del periodismo que analiza, opina, enseña, denuncia, combate y
conmueve. Intensidad pura. Por momentos agobiante y desmesurado. Un Panzeri
que, además, hace ya 40 años proponía darle tres puntos al ganador de un partido
y prohibir el pase al arquero. Que avisaba que la barra brava no era folklore, sino
"asociación ilícita". Que decía que no había que hacer el Mundial 78 porque "nos
afanaríamos a nosotros mismos". Que escribió antes que nadie que el deporte era
manipulado por el poder político y económico, pero también era un hecho cultural y
debía servir a su objetivo de "formar mejores personas, no personas más enriquecidas".
Y que el periodismo "es una casta intocable" porque "no hay quien lo juzgue", pero
aun así tenía "la obligación de protestar" ante la autoridad y ayudar a pensar a la
gente.

"Nunca fue oficialista", me dice Bauso, feliz porque la familia de Panzeri saludó su
trabajo. Su libro, publicado por Sudamericana, no tiene concesiones. Los años 50,
que casi todos los especialistas deportivos coinciden hoy en señalar como claves,
por títulos y masividad, cuando el peronismo decidió que el deporte era cuestión de
Estado, fueron sin embargo para Panzeri una "larga noche" a la que puso fin la
"Revolución" (el golpe de Estado de 1955). El propio Panzeri asumió como interventor
 ad honorem de la Federación de Ciclismo y se fue al año, dejando un informe de más
de sesenta páginas. Aprobó que se investigara a los deportistas. Y, además de los
campeones que fueron marginados de la delegación olímpica por "peronistas", opinó
que los militares no deberían haber enviado siquiera un atleta a los Juegos de
Melbourne 56. Antiperonista, criticó que el Estado estableciera vínculos tan estrechos
con el deporte. Pero en los Juegos Panamericanos de Buenos Aires 1951, mientras
los aplaudidores miraban sólo a los campeones, Panzeri fue uno de los pocos que
valoraron segundos y terceros puestos en pruebas de atletismo y natación que, según
su análisis técnico, tenían más importancia que algún primer lugar. También censuró
luego la política deportiva de la Libertadora. En 1962 rechazó el reto a duelo de un
militar: les respondió a sus padrinos que sus únicas armas eran "la lapicera, la
máquina de escribir y la palabra". En 1972 devolvió el calificativo de "mentiroso" al
coronel a cargo del deporte en tiempos del general Agustín Lanusse. Y en la última
dictadura ofreció café a tres militares que fueron a verlo para que callara. Se tomó
él los tres cafés y, tiempo después, le ratificó en persona al almirante Carlos Lacoste
su oposición al Mundial 78. "No le encontrás una traición en cuarenta años de
trayectoria", me dice Bauso.

Uno de los mejores momentos de su libro es el intercambio semanal de Panzeri con
los lectores de El Gráfico. Lejos de la letrina que son hoy los mensajes en la Web,
Panzeri daba explicaciones minuciosas y también algunas respuestas crueles. "No
señor -le respondía a un lector-, no es El Gráfico una tienda o una fiambrería", donde
"el cliente siempre tiene la razón". "Lo perdimos a Caffarella", avisaba sobre otro lector
enojado, que lo amenazó con no comprar más la revista si no cambiaba la línea.
"Usted -apuntó a otro- confundió nuestra liberalidad con su mala educación." Aclaró
que los periodistas de El Gráfico exigirían dinero si eran invitados a polémicas de TV
porque eran "programas comerciales, no culturales". Creía en la misión formadora
del periodismo. "El país -escribió una vez- necesita educarse en el diálogo de quienes
piensan distinto." Cuando en otra oportunidad explicó a sus lectores por qué escribía
en Así, Panzeri publicó un artículo memorable sobre su condición de trabajador de
prensa, no patrón de los medios, y contó que en esa revista sensacionalista le pagaban
el salario correcto y escribía lo que quería, incluso con más libertad que cuando era
director de El Gráfico.

Le decían "resentido", pero creyó hasta el final en la lucha por un deporte y un
periodismo mejor. "Fútbol -escribió una vez- es recuerdo de lo que jamás se repetirá."
"¡Le ruego que me haga juicio!", imploró en 1971 al entonces titular de la AFA, Juan
Martín Oneto Gaona. Se había burlado de un defecto físico del dirigente y en una dura
autocrítica ante las cámaras de TV confesó que le tenía "terror al humorismo dentro
de mi profesión". "Panzeri -escribió el periodista español Luis Hinojal Morales en un
homenaje reciente en el sitio 11wsports.com- es la dignidad atemporal transformada
en coraje? el compromiso con la ética del trabajo y un trabajo marcado por la ética?
Panzeri y su obra son el alegato por el amor a una profesión y por una sociedad más
justa." Ernesto Duchini, formador de cracks, no conocía a Panzeri, pero fue a su sepelio
porque quería cumplir "una deuda de gratitud". "Cuando me parecía que algo de lo que
iba a hacer no era lo mejor me preguntaba a mí mismo: «¿qué escribirá de mí Panzeri si
se entera?» 
". Y el que escribía, trabajara en Así o en El Gráfico, en Satiricón o La Prensa,
era, contra viento y marea, Dante Panzeri.

Fuente: Diario La Nación

         

 

 

 
 
 

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