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16 de Mayo de 2014

“El fútbol infantil puede ser una máquina triturapiernas”,
dijo el escritor chileno Juan Pablo Meneses


Por Laura Vilce

Al escritor y periodista chileno Juan Pablo Meneses le interesa la carne de exportación. Compró una
vaca recién nacida y la crió por tres años para dar cuenta de los negocios y el folclore que acompañan
al pobre animal desde que comienza a pastar en la llanura hasta que termina en el plato. Se
sumergió por varios meses en los clubes nocturnos para investigar la industria del porno. Y
ahora cerró la trilogía de la carne como metáfora del consumo tras ofrecer 200 dólares para
comprar a un nene futbolista. Lograr esa transacción le llevó dos años, en los que recorrió canchas
de fútbol de 16 ciudades de Latinoamérica. Llegó a varias conclusiones. Una es que "el fútbol infantil
puede ser una máquina triturapiernas", y lo argumenta a lo largo de su reciente libro, "Niños
futbolistas. Una crónica extrema sobre el negocio del fútbol". También allí dice que la "culpa" de
la despiadada cacería y compraventa de futuras estrellas la tiene el fenómeno de Messi. Para
entender por qué lo dice y por qué sostiene, en todo un capítulo, que "Rosario está loca", vale leer
a Meneses.

—Se compró una vaca y un niño futbolista. ¿Qué puntos en común tienen ambos negocios?

— Para mí la mejor manera de entender un consumo, un mercado, es hacerlo como consumidor.
No escribo ni de fútbol ni de ganadería, sino de consumo. Nosotros como sociedad de consumo
vamos depredando, a veces a animales, a veces niños. Dos crueldades porque la mayoría de las
vacas terminan en la parrilla y la mayoría de los niños futbolistas no termina triunfador.
Curiosamente cuando compré la vaca, muchos me decían «cómo se te ocurre comprar una
vaca para matarla...?». Pero cuando comentaba que iba a comprar a un niño futbolista, la mayoría
se interesaba en el tema y hasta quería ser parte del negocio.

—¿El eje del libro sería la compra barata de niños, en países pobres, para venderlos
caros en Europa? ¿Carne de exportación?

—Sí, y no se me ocurrió a mí. Se trata de un negocio mundial con el fútbol, que ocurre cada vez
más, a más escala y se lo esconde con distintos disfraces, como el de instalar una escuela de
fútbol del Villarreal en Rosario (ver aparte) o una escuela del Chelsea, en Brasil. El fútbol
transforma todo en fútbol, incluso al trabajo esclavo o al tráfico de niños; es la telenovela de
los hombres y como toda telenovela, no siempre tiene final feliz.

—Usted recorrió Brasil, Chile, Perú, Argentina, México y Colombia, se topó con chicos,
padres, técnicos, cazatalentos y managers. ¿Qué fue lo peor que vio o escuchó
durante su trabajo?

—Que un padre deje de hablarle a su hijo por semanas por errar un penal, que los adultos
paguen para que pongan a los chicos en la cancha o amenacen con armas al técnico o al referí.
Que los chicos cumplan horarios de entrenamiento con rigor de oficinistas. Y cosas más sutiles
como preguntarle a un niño qué será lo primero que comprará cuando fiche para el Barcelona,
y escuchar de respuesta: «Comida». O que un chico de Colombia diga que comprará «una
peluquería» o uno de Córdoba sueñe con «una carnicería» para su abuelo. Es grave. Estamos
frente a niños que ven al fútbol con perspectiva de trabajo.

—También dice en su libro que un adolescente de 16 años ya es muy viejo para la compraventa.

—Y a veces antes. El fútbol infantil puede ser una maquinaria triturapiernas donde los niños
latinoamericanos son tan baratos, que si se evalúa que no sirven, se los cambia rápido. Lo
mismo sudece en Africa, Asia y Europa del Este. La diferencia es que los latinoamericanos
tienen una historia ligada al fútbol que los hace algo más cotizables, pero además y sobre
todo, aquí se dio el éxito de Messi.

—Messi "tiene la culpa" sostiene usted en el texto. ¿Por qué?

—Sí, lo digo en el sentido de su éxito, no de su persona. Su compraventa fue tan brutalmente
exitosa que despertó la ambición de padres y empresarios. Muchos piensan en comprar
un chico para transformarlo en un producto de cientos de millones de euros. Todos buscan
al nuevo Messi.

—Usted habla de las reacciones ambiciosas de algunos padres en el fútbol y no
tan distantes a las que tienen frente al ingreso de un hijo a un colegio prestigioso.

—Es que las personas enfrentadas al mercado y al consumo entran en grandes contradicciones.
Es malísimo matar animales y riquísimo comerlos. Hay que asumirlo. Es malísimo sacar niños
de barrios pobres y transportarlos a Europa para trabajar ocho horas en un estadio, pero es
buenísimo verlos campeones del mundo. El padre de Neymar (delantero brasileño del Barsa)
dijo en una entrevista: "Soy el padre de Neymar dentro de casa y fuera, el presidente de la
empresa Neymar". Ellos van por todo: quieren salir de una villa como Maradona y terminar como
él en fiestas en Mónaco. La idea no es culpar a nadie, no pretendo cerrar un tema sino abrirlo.
Es tan así que en una misma semana me llamaron de Madrid para abrir una ONG que ayude
a los chicos, me llamaron de Barcelona para hacer un negocio con un niño y del Sindicato
Mundial de Futbolistas (Fifpro), de Amsterdam. Esta entidad se comunicó con la Fifa, que
luego sancionó al Barsa, la mayor maquinaria de reclutamiento de niños futbolistas en este
momento. Entonces, el libro ayuda, pero no nos engañemos: en Amsterdam se dice que no
se pueden vender niños menores de 12 años, pero se fichan con 9 y la Fifa ataca los
negocios del Barsa, a pocas semanas del Mundial. Cuando presenté el libro en Barcelona
dije que el Barsa no compró a Messi y pagó el tratamiento por caridad, hizo un gran negocio.
A no engañarse.

—En el libro usted cuenta que para conocer el negocio estuvo con el "representante
de Dios", Guillermo Cóppola, y con el dueño del boliche Esperanto y publica cifras de
venta que indignan.

—Sí, estuve con todo tipo de empresarios. Y hay varias cifras, pero la más importante, en la que
baso la historia del libro, es la de los 200 dólares que le ofrezco al abuelo de un nene de
Valparaíso. Es el valor de un niño no fichado, que no ha firmado nada. Pero claro, cada vez
es más difícil encontrar a un nene sobresaliente que no esté cifrado por el club, un agente
de inversión o un representante. La primera vez que me acerqué a un padre y le pregunté a
cuánto me vendía a su hijo, pensé que iba a reaccionar mal. Lo más brutal es que me dí cuenta
que me daban precios y negociaban.

—¿Por qué en el capítulo 21, La Pasión, dice que llegó a Rosario y se dio cuenta
de que la ciudad estaba "loca"?


—El escritor chileno Roberto Bolaños decía que estaba "loco" de literatura, en ese sentido digo
que Rosario está "loca de fútbol". A mí me gusta el fútbol, soy de la U. Católica, pero Rosario
lo vive con locura. Y volví de ahí siendo también de Central Córdoba, tras conocer la historia
del Trinche Carlovich.

En Rosario juegan todos

En Rosario no hay puntos y juegan todos. Desde el año pasado, los más de 5 mil chicos menores
de 12 años que juegan fútbol infantil federado en Rosario lo hacen en encuentros sin puntajes,
por lo que no hay campeón y todos juegan: sin excepción.

La decisión se tomó tras un convenio entre el municipio y la Asociación Rosarina de Fútbol rubricado
con el fin de "bajar los niveles de violencia del fútbol y evitar que a los más chiquitos se les exija
casi lo mismo que a un jugador de primera".

De esta manera lo graficó el director general de Deporte Federado de la Municipalidad, Diego
Sebben, quien agregó que la nueva normativa y el cambio cultural que lleva implícita está siendo
"ya muy bien aceptada" por 19 clubes de los seis distritos, pero queda incorporar a muchos más.

"Es el único convenio de su tipo en el país, lo venimos trabajando con profesores, técnicos,
dirigentes y con padres: ahora nos queda focalizar el trabajo con los árbitros", adelantó.

Jugar sin exigencias desmedidas y con el sólo fin de divertirse son las metas de este acuerdo
apadrinado por los dos clubes más grandes de la ciudad, Rosario Central y Newell's.

Los chiquitos juegan unos 36 partidos anuales, de siete jugadores, con referí incluido y por dos
tiempos de entre 15 y 20 minutos según las edades. Si hay trofeos, se intenta que los haya
para todos, pero además, y a diferencia de otros deportes en estas edades, "no se permite
que el chico, por más bueno que sea, juegue con otros más grandes", remarcó Sebben.

"Queda mucho por hacer, pero estamos muy lejos de la compraventa de chicos", añadió.

Lionel Messi, Kevin y Aimar

La crónica de Meneses sostiene que los muchachos "llegan" o "no llegan", como si el estrellato
fuera una estación de trenes. En ese marco se lee la anécdota que no puede olvidar el joven
peruano Kevin Méndez. Lionel Messi tenía 9 años y jugaba para Ñuls cuando se hospedó en
su casa de Lima para jugar un torneo infantil. La Pulga se intoxicó con pollo frito y vomitó toda
la noche, pero la dolencia no le impidió hacer 9 goles al otro día. Un fenómeno. Otro capítulo
relata la historia de Aimar Centeno, de Agustín Roca, un pueblito de Buenos Aires. El chico fue
elegido como el mejor de 2.500 pibes, de entre 14 y 19 años, en el reality "Camino a la Gloria"
que produjo en 2002, Cuatro Cabezas, de Mario Pergolini. La iniciativa buscaba una estrella
para jugar en el Real Madrid. Se sabe lo magnífico que es Messi, pero para saber qué fue de
Kevin y de Aimar, mejor ir al libro.

Denuncias de padres en el Concejo

¿Quién se anima a decirle a un nene de siete años que no servirá para jugar al fútbol profesional?
En Adiur, el club de Alberdi y Travesía sí se animaban, según lo denunció un grupo de padres en
noviembre del año pasado.

El dato no es menor en ningún caso pero se agrava en el popularmente conocido "club del
viaducto" donde desde 2010 hay un convenio con el Villareal de España. Las quejas de los padres
llegaron a oídos de la Comisión de Derechos Humanos del Concejo municipal, que está
trabajando en un proyecto para regular la actividad amateur del fútbol infantil, según confirmó
a Ovación la presidenta de la comisión, la edil radical María Eugenia Schmuck.

"Mi hijo tiene 7 años, es arquero, y cuando le comunicaron que no sería tenido en cuenta lo subí al
auto y le dije que lo habían pedido de otro club. Se puso contento porque sintió que era un
progreso", dijo un papá, quien tuvo que armar esa historia para evitar herir aún más a su hijo.
La excusa la imitaron otros tantos padres de ese club de barrio.

Quienes levantaron la voz en defensa de sus hijos sostienen que en 2006 se renovó la presidencia
de Adiur y con los nuevos directivos llegaron a la entidad agentes de la firma Marka Group que se
presenta en twitter como "@MarkaGroupARG" y se promociona como "empresa de representación
de jugadores". La firma asegura que está en el mercado del fútbol mundial desde 1998 y fija
como objetivo principal "la búsqueda de talentos".

A dos de los representantes se los liga a los primeros que intermediaron con el Barsa en la
transferencia de Lionel Messi; negociación que terminó en un fuego cruzado entre los empresarios
y el padre del jugador y demandas en la Justicia.

A un directivo de la firma se lo vincula con la barra brava de Central y como el responsable de
que muchos chicos del club auriazul hayan decidido pasarse a Adiur, con ansias de acercarse al
fútbol europeo. Esa meta la alcanzó por primera vez desde la entidad, Nahuel Leiva, quien partió
a España a los 12 años y debutó, con 17 a principios de este año.



 
 
 

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