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18 de Noviembre de 2016

“Los Juegos Evita. La historia de una
pasión deportiva y solidaria”


El libro del periodista Guillermo Blanco, llegará a las librerías de Buenos Aires y de
las principales ciudades del interior del país hacia mediados de noviembre. Este nuevo
libro de Editorial Octubre recorre la historia de la principal competencia deportiva nacional,
impulsada durante la primera presidencia del general Perón. Pensada en un comienzo
como un gran programa de salud, fue convirtiéndose a través de los años en un “ícono
del Deporte Social e Inclusivo, hasta llegar a constituirse en un derecho adquirido de
toda la población, y en un deber del Estado argentino el garantizar su continuidad”,
como sostiene Víctor Santa María en el prólogo de la obra.

Fragmentos del prólogo de Víctor Santa María

Entre el 45 y el 55, el gobierno incorporó a la actividad deportiva a miles de jóvenes,
organizó competencias nacionales e internacionales, fomentó la creación y el desarrollo
de numerosas instituciones deportivas y apoyó la participación de gran cantidad de
deportistas de alto rendimiento en competencias internacionales de gran relevancia. Tanto
es así, que la retórica peronista de aquel tiempo sostenía que el deporte era el camino
que debían transitar todos los jóvenes durante su formación, para llegar a convertirse en
mejores personas y definió a los clubes como “Escuelas de Vida”.

Fue en este contexto social y político donde nacieron los Juegos Evita. Esta competencia
surgió de la innovadora idea del doctor Ramón Carrillo de crear un evento social que
reuniera la mayor cantidad de chicos y jóvenes para realizar muestras médicas, y así
obtener estadísticas fehacientes del estado de salubridad de los mismos. Esta intención,
avanzada para la época, fomentaba la idea del deporte como agente promotor del bienestar
saludable y como factor de prevención de enfermedades. Sin dudas, el doctor Carrillo fue un
visionario para la época, al procurar generar estadísticas públicas a través de un programa
de alcance nacional para obtener datos empíricos, y basarse en ellos a la hora del diseño
de políticas públicas en materia de salubridad.

Más allá de sus orígenes como juegos promotores del bienestar y la salud, a lo largo de
los años, los Juegos Evita fueron convirtiéndose en un ícono del Deporte Social e Inclusivo.
Año tras año, aumentaba la cantidad de jóvenes que participaban en las etapas regionales
de forma gratuita, ampliando así el acceso a la práctica deportiva. De esta forma, también
eran cada vez más los jóvenes que viajaban para competir en otras instancias, generándose
un intercambio cultural masivo sin precedentes. En este sentido, el Deporte creaba condiciones
de igualdad de oportunidades y participación. Sin la intervención, o mediación, del Estado,
millones de chicos jamás hubieran podido acceder a competencias de este nivel.

Dentro de este recorrido, no puedo dejar de hacer alusión a que los Juegos Nacionales Evita
son y serán, siempre, un icono de la democracia nacional y popular. A los hechos me remito.
Los Juegos fueron suspendidos por primera vez en el año 1955 tras el derrocamiento de Perón
y la instauración de la dictadura cívico-militar, mal llamada “Revolución Libertadora”. Esta
suspensión se mantuvo hasta que, en el año 1973, el mismo Perón, durante su tercera
presidencia, decidió reiniciarlos y ampliarlos.

Esta intención se hizo realidad solamente algunos años, ya que en 1976 la Junta Militar que
toma el poder en aquel fatídico 24 de marzo, vuelve a prohibir la realización de los Juegos. A
pesar de la vuelta de la democracia en 1983, los Juegos no vuelven a ser organizados
como muchos de nosotros esperábamos. En este sentido, es evidente que el deporte tuvo una
abrupta caída en la agenda de los gobiernos nacionales entre 1983 y el 2003.

Casi tres décadas tuvieron que pasar hasta que, nuevamente, un gobierno elegido a través del
voto popular tomara la decisión política de reiniciar el desarrollo de los Juegos. A partir del inicio
del gobierno de Néstor Kirchner en 2003, los Evita volvieron a convertirse en una política
deportiva a nivel nacional. Es importante destacar que, también a partir de este momento,
comienza una nueva etapa de esplendor del deporte argentino.

En el periodo que transcurre desde el 2003 hasta el 2015, se renuevan las instalaciones del
Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD), se crea el Ente Nacional de
Alto Rendimiento Deportivo (ENARD) para fomentar el deporte de alto rendimiento, se
crean numerosos programas de fomento del deporte social, se eleva la partida presupuestaria
deportiva y se actualiza la ley del deporte creando el Ente Nacional de Desarrollo Deportivo
(ENADED) para garantizar la asignación universal por deporte. Durante los últimos años, los
Juegos Nacionales Evita fueron consolidándose dentro de la agenda social y deportiva, a tal
punto que llegaron a constituirse en un derecho adquirido de toda la población, y en un
deber del Estado argentino el garantizar su continuidad.

 

 

 

 

 
 
 

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