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13 de Marzo de 2013

Vísteme despacio que estoy apurado

 

Por Marcelo Lewandowski

Una de las frases más conocidas de Napoleón sirve para introducir un tema que atenta
contra el desarrollo pleno de los deportistas. El apuro por querer que un destacado atleta
llegue al máximo del rendimiento en el menor tiempo posible, lleva al fracaso y muchas
veces al abandono de la actividad de aquellos que de niños prometían ser futuros talentos.
La cultura exprés gobierna nuestra sociedad en donde todo tiene que suceder ya mismo.
Desde la comida elaborada, calentada en microondas diez minutos antes de sentarse a la
mesa, hasta la pretensión de tener el futuro laboral resuelto a poco de salir de la facultad.
Es más, quien no lo logra se siente frustrado o señalado como un “fracasado” en muchos
casos.

Y este pensamiento cultural que viene avasallando en los últimos 20 años, también influye
en la formación de los deportistas, en cualquier disciplina. Pero mucho más en aquellas
donde los intereses económicos son muy fuertes y terminan siendo decisivos.

Cuesta entender y aceptar que los procesos se dan con el tiempo, como la vida misma.
Pero es necesario comprender que cuando más sólidos son los cimientos, más perdurable
será lo que se construye arriba.

No es cuestión de oponerse al avance de la ciencia y la tecnología que permite ahorrar horas
y facilita la vida cotidiana, sólo un retrogrado podría hacerlo. Pero no todo puede apurarse o
acelerarse. La medicina, por ejemplo, produce avances cada vez más sorpredentes, dispone
de técnicas menos invasivas para las cirugías, post-operatorios más avanzados y menos
tortuosos para los pacientes. Pero también en un momento del tratamiento los médicos
hablan de tiempo biológico, que no es otra cosa que el tiempo que toma el organismo para
recomponer aquello que fue dañado.

En la formación de los deportistas existe también ese tiempo biológico. Procesos en la
maduración física y mental de un niño que no deben modificarse. Es cierto que cada persona
estará expuesta a condiciones culturales, sociales y económicas en donde los procesos de
maduración podrán acelerarse o retrasarse. En este sentido el profesor Paul Dorochenko
señala “la sobreprotección mata al talento”.

Directivos, técnicos, preparadores físicos, padres y por qué no los medios de comunicación
contribuyen a no ponderar esta situación y más de una vez frustran un talento por no entender
y respetar ese tiempo biológico.

Creer que un buen tenista a los 12 años debe ser un Federer en potencia o que un niño hábil
con la pelota será el sucesor de Messi y salvará económicamente a su familia, atenta contra
cualquier proceso serio de formación en cualquier disciplina.

Planificación, seriedad, constancia, pasión, entrenamiento y, sobre todo tiempo, son pilares
fundamentales que no deben olvidarse en la preparación de un deportista para la alta
competencia.

Por eso para llegar a la meta primero hay que ir despacio, paso a paso, para así lograr
objetivos a largo plazo.

         

 

 

 
 
 

Asociación Rosarina de Entidades Deportivas Amateurs - Buenos Aires nº 1252  . Tel 4242301. 
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