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05 de Junio de 2014

Le Bihan: “El club crea un entramado social
que los políticos no ven”


Por Rodolfo Parody

Con la misma pasión con la que vive cada partido de Sportsmen Unidos junto a la línea lateral,
Cristian Le Bihan transmite sus ideas. Entrenador del equipo de básquet, gran parte de su vida
transcurre en el club ubicado en 1º de Mayo al 2100. Un club como cualquier otro de barrio,
que “crea un entramado social que los políticos no ven”, sostiene. Durante la charla que mantuvo
con A.R.E.D.A, Le Bihan se mete de lleno en el significado que tienen los clubes en la sociedad
y cuestiona sin tapujos el trato que les dan los gobiernos de la Municipalidad de Rosario y
de la Provincia de Santa Fe. “Te llaman sólo para la foto. Los clubes de barrio son los grandes
olvidados”, afirma con vehemencia.

Le Bihan cuenta que hay dos lugares por los que indefectiblemente debe pasar todos los días:
“La casa de mi vieja y el club”. Hijo de Buby Le Bihan, “el mejor basquetbolista que salió de
este club”, con un tío que fue vicepresidente durante varias décadas y una tía que ocupó el
cargo de síndica, se crió y jugó en Sportsmen. Hoy es el entrenador de la primera división.
“El club te da la posibilidad de conocer gente y de aprender qué hacer y que no. Considero
que ahora debo devolverle con mi tiempo todo eso que me dio”, dice.

Es un acérrimo defensor del club. Lo considera un lugar de aprendizaje, esencial para los más
jóvenes. “Mis hijos van al club y ojalá que si tengo nietos también vayan. El club es una
escuela de vida. Cuando escuchaba esa frase de chico pensaba que era una pelotudez. De
grande me di cuenta que no es así”, señala.

“El club genera el sentido de pertenencia. Si naciste de Sportsmen, te morís de Sportsmen, lo
mismo si naciste de El Tala o Atalaya. Ese sentido de pertenencia es muy positivo porque es
una energía que te motiva a dar algo. Recuerdo generaciones que me precedieron que te hacían
pintar la pileta o las barandas. Ahora a los chicos les hacemos poner los tablones y barrer cuando
terminan las fiestas de fin de año. Son todas acciones que si abundarían más en la sociedad,
todos seríamos un poco mejores. Se perdió eso, y es lo que debemos tratar de regenerar,
porque el club de barrio crea un tejido y un entramado social que los dirigentes políticos no ven”,
afirma.

“Cuando salgo de trabajar, a veces llego al club para la práctica de básquet a las 9 de la noche
y todavía hay algunos de los más chiquitos que están dando vueltas. Entonces los mando a
sus casas. Y eso también lo hicieron conmigo, y alguna vez con mi hijo. Ahí adentro sé quien es
cual y tal. Todo ese entramado social debemos refomentarlo porque se fue perdiendo”, agrega.

Playones deportivos, sin el sentido de pertenencia

A Le Bihan le molestan los playones deportivos municipales. No entiende el por qué de su
existencia. “En los playones, los chicos están ahí tirados, juegan un rato al fútbol sin que nadie
les enseñe y después se van. Se gastaron una ponchada de plata por un lugar en el que vos
pasás a las 7 de la tarde y no hay nadie. El playón no tiene el sentido de pertenencia de un
club.”, señala.

“No toco de oído. Vivo cerca de uno, que está en  Balcarce al 3300. A cinco cuadras de ese playón,
en Italia al 3000, existe un club que se llama 9 de Julio, al que le faltan los cerramientos del
costado y los vestuarios. ¿Por qué no le ponen una caldera, mandan empleados municipales a
mejorarlo y a sus profesores? Y que después controlen cada cuatro meses a ver si tienen
el vestuario en condiciones”, propone.

“Lo que esta gente no entiende es que el club de barrio tiene otros condimentos. Al club vas y jugás,
te federás, pertenecés, vas a ver jugar a la primera o hacés patín y la profesora organiza un
baile para el sábado junto con los de básquet y de esa manera se interactúa. O tu viejo concurre
al club para vender alfajores para que puedas pagar… Se genera todo un entramado social que
el playón no tiene ni va a tener nunca. Entonces, a lo que tenés que apuntar es a fomentar el
club de barrio”, sostiene.

“En vez de gastar fortunas en esos playones, la Municipalidad tiene que ir al club Calzada y ponerle
el piso de parquet que hoy no tiene, con la condición de que las escuelas del barrio vayan allí por
la mañana para hacer una actividad. Así, aparte de que el chico conoce el club, capaz que de cien
que asisten, cuatro se deciden ir a jugar al básquet o practicar patín. De esa manera le ganaste
cuatro criaturas a la calle, con nada, simplemente redireccionando los recursos. Y ojo que yo no
estoy pidiendo plata. Ponele la caldera, pintale el club. Pero claro, ¿qué rinde más? Pintar los
playones de naranja. Eso es efectista, pero no efectivo”, dice.

“Hay clubes que tienen más de 100 años en la ciudad. Si tenés el club, la estructura y la  gente, lo
que se debe hacer es aggiornarlo. Metele gente, chicos, que ellos también te llevan a los padres”,
reclama.

“Los clubes de barrio son los grandes olvidados. La comisaría interviene cuando ya tuviste un
problema. Y es el club de barrio el que previene, elimina un montón de problemas”, dice.

En ese momento de la charla recuerda un hecho que expone hasta que punto valoriza al club. “En
2001, cuando estaban los saqueos, no voy a olvidar nunca que caminaba por calle Cochabamba
y pasaron los patrulleros corriendo a alguien. Me metí en el club, que estaba con las puertas
abiertas. Que los tipos que manejaban en ese momento el club pudieran tenerlo abierto, pagar
la luz y seguir conteniendo era un milagro”, señala.

Subsidio no, política a largo plazo

A Le Bihan no le agrada hablar de subsidio. “”Es una palabra que no me gusta, para mí no existe.
Y si existe, no me sirve. No me sirve que la Municipalidad me regale 10 mil pesos y venga a
sacarse la foto, porque ese dinero se licúa, se gasta y por ahí hasta se malgasta. No quiero
eso, sino una política a lo largo del tiempo orientada hacia algo”, reclama.

“No quiero hablar por hablar, pero a un club como El Torito, que le den 10 mil pesos le va a
servir, ¿pero cuanto? Un mes. Al tercer mes vuelve a estar como estaba antes”, dice.

Los Juegos Interclubes, sólo para la foto

“Abro La Capital y veo que hubo un encuentro en el Parque Independencia de no se qué (los
Juegos Interclubes). Pero escuchame, si los chicos ya juegan en sus clubes. Dejate de joder.
Esto requiere una política diaria y todo aquello es para la foto. ¿Sabés lo que deben hacer? Que
la Municipalidad vaya a la Asociación de Hockey y le regale juegos de camisetas a todos los
planteles que están federados, que hagan cosas que sean realmente útiles. Lo que veo es
que todos están para la foto, para permanecer o subir en un cargo político”, sostiene.

“Cuando el político entienda que el club de barrio crea un tejido social de contención, evitando
un montón de desvíos que lamentablemente toma la juventud, necesariamente va a apostar
por el club de barrio”, señala.

“He visto chicos que pudieron haber agarrado para cualquier lado y gracias al club, que no es
el Vaticano ni infalible, convivió con otros de hábitos diferentes y se tuvo que amoldar a eso.
Los políticos no lo ven, o si lo ven es evidente que garpa otra cosa, traer cuatro que naden en
el laguito o hacer una maratón”, dice.

“Si querés hacer la maratón, hacela. Sacate la foto con 500 tipos que vienen a correr con zapatillas
Nike. Pero no te olvidés que hay un montón de pibes olvidados en el fondo de Villa Banana o
de barrio La Tablada. Esos pibes no tienen opción porque no conocen otra cosa”, señala.

“La mayoría de la gente se sorprendería si supiera la cantidad de clubes de barrio que hay en
Rosario. Y en un montón de esos clubes están siempre los mismos tipos, renegando, luchando
por la luz, el gas, el alambrado. Entonces, dale una caricia a esa gente por todo lo que hacen”,
reclama.

El deporte de alto nivel, difícil sin apoyo municipal o provincial

Le Bihan viajó con Sportsmen a La Plata para jugar por el Torneo Federal de básquet y estuvo
conversando con el presidente del club que visitó, Unión Vecinal. A partir de esa charla se enteró
del apoyo que recibe esa institución platense, y remarcó la diferencia que existe con su club.

 “Unión Vecinal es un club muy similar al mío, inclusive por la barriada donde se encuentra. Cuando
ascendieron al Torneo Federal, un delegado de la intendencia fue a decirles que plata no había,
pero sí un colectivo para cada vez que tuvieran que viajar. La condición era que le presentaran
la nota del pedido diez días antes de cada viaje”, cuenta.

“De esa manera, con actitudes como esa, vos incentivás, le hacés una caricia al alma de todos los
que están involucrados en un club, porque en definitiva nosotros ni ganamos plata ni somos famosos
con lo que hacemos”, dice.

Cuando se le comenta que años atrás un dirigente del vóley rosarino (por el club Sonder) mencionó
que la falta de apoyo del gobierno provincial le impedía participar en la Liga Nacional, a diferencia
de lo que ocurría en otras provincias, Le Bihan no permite terminar la frase.

“.…te interrumpo. Ese club durante años tuvo el respaldo de la Municipalidad, y cuando el vóley,
con todo respeto que me merece, no es un deporte arraigado en Rosario. En mi club, como no
somos familiares de ningún miembro del socialismo, no recibimos ni siquiera una anchoa. Pero
coincido con la persona que te hizo ese comentario, porque el deporte a mayor nivel es muy
difícil que lo puedas hacer si no tenés un apoyo de la Municipalidad o la Provincia”, sostiene.

“Te doy un ejemplo, nosotros tenemos una banda de 15 o 20 locos que fuimos y vinimos en el día
en auto para ir a jugar a Santiago del Estero. Salimos a las 6 de la mañana, jugamos y volvimos
a las 6 de la mañana del otro día, con todo el riesgo que eso significa. Sin apoyo de nadie”, cuenta.

“Viajamos por todo el país y vemos que Rosario es el único municipio que ni siquiera tiene un
cartelito en la cancha o una inscripción en el pantalón. Y no lo hacen con nadie. Acá hay clubes
que jugaron la C (Campeonato Argentino de Clubes de básquet), El Tala, Banco y Unión y
Progreso, y no les dieron nada”, dice.

“Pero dejemos de lado lo de la liga. Vayamos a algo más de base. ¿Por qué no le dan la caldera
al club Ciclón que la tiene rota, y que a cambio los chicos de la escuela que está a la vuelta
vayan al club?”, pregunta.  

No conoce a ningún funcionario del deporte

Le Bihan asegura que no conoce “el nombre del secretario de Deportes de la Provincia y el del
Subsecretario de la Municipalidad”. Sin ánimo de “ser pedante”, considera que por el simple
hecho de ser una figura que perdura en el ámbito deportivo, alguien debió acercarse para hablar
con él.

“Nunca nadie se me acercó, ni siquiera para preguntarme si necesitaba algo”, señala.  

Ante la pregunta de si alguna vez intentó contactarse con un funcionario, manifestó: “Había un
secretario que es un colega, un abogado (se refiera al ex subsecretario de Deportes de la
Municipalidad, Rolando Dal Lago), pero me explicó que la orientación deportiva era otra”.

“Yo me levanto y veo que las calles están cortadas. Eso no es deporte. El tipo que tiene que hacer
deporte debe practicarlo tres o cuatro veces por semana. Lo otro queda lindo, aparece en los
diarios, pero no sirve demasiado ni para generar el deporte, ni para el entramado social, ni
para nada. Todo eso es es más pour la gallerie que para buscar que las cosas mejoren ”, afirma.

“Cortan Pellegrini, Oroño y San Martín, pero no Flamarión. A mí la vida me ha tratado bien, pero
no me olvido que hay otra gente que se encuentra en otras condiciones”, sostiene.

¿Puede ser que nadie se le haya arrimado por algún prejuicio hacia su figura? “Si es así, es
lamentable, porque quien me gobierna, nos gobierna a todos. Entonces, si te considerás
con la capacidad política para gobernar una ciudad o un municipio, tenés que tener la capacidad
de aceptar a la gente que no piensa como vos o la cual no te cae bien”, subraya.

Pero también tiene otra respuesta a ese interrogante. “Justamente hubo una reunión en la
que estaban representados entre unos 30 y 40 clubes. Y no conocen a ninguno de los que
fuimos. Y si el secretario de deportes no nos conoce, qué es lo que conoce. Y si no es el
secretario, debería conocerlos el secretario del secretario”, dice.




 
 
 

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