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28 de Julio de 2013

Rápidos y fraudulentos

 

Por Juan Manuel Herbella

Los casos del doping en el atletismo. De Ben Johnson a Gay y Powell. Hasta
ahora, Usain Bolt permanece impoluto.

Los 100 metros llanos es la prueba reina del atletismo y, como tal, ha sido uno
de los eventos donde los casos de doping lograron más resonancia. Los velocistas
y el uso de sustancias prohibidas han sido nuevamente noticia en esta semana,
un problema que no discrimina razas ni países. La lucha del hombre por ser cada
vez más rápido ha mancillado los valores del olimpismo. El lema deportivo hace
tiempo que debería agregar una nueva acepción, el deportista no sólo debe luchar
para ser “citius, altius y fortius” (más rápido, más alto y más fuerte), sino también
“limpius”

Para hacer un poco de historia, habría que remontarse a los Juegos Olímpicos de
Seúl 1988, donde el canadiense Ben Johnson dio positivo por stanozolol (esteroide
anabolizante) un par de días después de imponer un nuevo récord mundial con
9’79”, entrando en la historia como el primer gran escándalo de dopaje. Johnson
primero fue suspendido por dos años, y luego de por vida, tras dar positivo
nuevamente en una competencia en 1993.

Si se hiciera una evaluación retrospectiva, desde 1988 a la actualidad, casi todos
los velocistas de elite que consiguieron marcas similares o menores a las de
Johnson dieron positivo en algún control antidoping.

Con un tiempo de 9’80”, el jamaiquino Steve Mulling posee el décimo mejor registro
de la historia, lo marcó en la Diamond League de 2011 pero, meses después, en
los torneos nacionales de Jamaica dio positivo por furosemida (un diurético que
sirve para enmascarar el uso de otras drogas) y el tribunal de antidopaje de su
país lo suspendió de por vida.

Timothy Montgomery, que previo a competir en las pistas de atletismo se dedicó
al básquet y al fútbol americano, en el Gran Premio IAAF de París en 2002,
consiguió un tiempo record de 9’78”. Posteriormente, la marca fue anulada al
detectársele el consumo de esteroides sintéticos y hormona del crecimiento (GH).
La suspensión lo empujó hacia un derrotero descendente que culminó en una
sentencia de cinco años de prisión por lavado de dinero y venta de estupefacientes
(heroína). Hoy, rehabilitado, entrena jóvenes en el SF College and Fred Cone Park.

El tiempo de su compatriota Justin Gatlin en Doha, en 2006, fue una centésima
menor (9’77″) pero también se anuló por doping positivo con testosterona.

Con un tiempo menor en su mejor registro para los 100 metros, aparecen los dos
involucrados de esta semana: el jamaiquino Asafa Powell, con 9’72″ (en septiembre
de 2008 en Lausana), y el norteamericano Tyson Gay, que con 9’69″ (en el Golden
Gran Prix en Shangai 2009) tiene el privilegio de ostentar el segundo tiempo más
rápido de la historia. Ambos reconocieron su culpabilidad el mismo día, con apenas
dos horas de diferencia, y ambos se perderán, en agosto, la cita mundial de Atletismo
en Moscú.

El último de los condenados de esta lista de hombres record es Yohan Blake, quien
en 2009 dio positivo por consumo de un estimulante (Metilxantina) y tras purgar la
suspensión (durante la fecha del Diamond League del año pasado en Lausanne)
igualó el mejor registro de Tyson Gay.

Hasta el momento, el único velocista récord que permanece impoluto es el jamaiquino
Usain Bolt: un fenómeno que mide 1.95 metros y pesa 94 kilos, que gana medallas
y pulveriza records, que despierta pasiones a base de grandes victorias y también
de alta dosis de carisma, que con sólo 41 pasos es capaz de recorrer 100 metros en
apenas 9’59″ y que, aunque no lo quiera, sufre el acecho el fantasma “Armstrong”
(que ronda alrededor de los atletas que durante largo tiempo se muestran muy por
encima de sus rivales).

El tiempo dirá si Bolt es un genuino “hijo del viento”. A través del pasaporte biológico
se ha logrado un tipo de control antidopaje que no tiene fecha de vencimiento.
Esperemos, por el bien del deporte, que lo que ahora aparenta ser un rendimiento de
ensueño no se transforme, con el avance de la ciencia, en una ficción farmacológica.

Fuente: Perfil

 

 
 
 

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