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8 de Octubre de 2014

El ex judoca Gastón García, “dador” de Juegos
Olímpicos para los clubes rosarinos


Por Rodolfo Parody



Referente indiscutible de la historia del deporte rosarino, el ex judoca y actual entrenador
Gastón García tiene un largo recorrido por clubes de la ciudad. Con cuatro participaciones
en Juegos Olímpicos, logro que sólo es igualado en Rosario por la leona Luciana Aymar,
habló sobre lo que representan para él los clubes. Durante varias ocasiones de la charla
con A.R.E.D.A. manifestó “le di” a tal o cual club uno o más Juegos Olímpicos. Eso
expresa como en cada participación olímpica sintió que un club estaba detrás de él,
más allá de que los respaldos que tuvo en esas instituciones fueron diferentes.

“A lo largo de mi trayectoria me encontré con clubes que hicieron mucho por mí, algunos
que se ocuparon lo que podían y otros nada, pese a la infraestructura con la que contaban”,
manifestó García, actual entrenador de judo en Náutico Sportivo Avellaneda y Gimnasia
y Esgrima.

“Siendo chico, me inicié en una academia de un profesor en Venado Tuerto. Cuando me
mudé a Rosario empecé a competir para Central. Pese a la cantidad de comisiones directivas
que fueron pasando, siendo deportista nunca entendí cómo una institución tan grande no
podía hacer más por uno”, comentó el judoca, olímpico en Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96
y Sydney 2000.

“La política en Central fue prestarnos las instalaciones para hacer la actividad que
quisiéramos para juntar dinero, ya sea un té canasta, desfiles, comidas o rifas. Pero en
ese momento veía las cifras millonarias en la que se vendían jugadores y no entendía
cómo no podían darme 2 mil o 3 mil pesos para ir a un viaje”, agregó.

“Entiendo que la prioridad siempre fue el fútbol, pero lo que esperaba que me dieran
eran apenas migajas. Institucionalmente, creo que se podría haber hecho algo diferente.
Igual estoy agradecido porque me dieron la posibilidad de usar las instalaciones para
que pueda organizar distintas actividades para reunir dinero, inicialmente con un gran
esfuerzo de mis padres, y después con un montón de gente que me acompañaba,
padres de compañeros y distintas subcomisiones de judo”, dijo.  

-¿Y después dónde estuviste?

-Uno de los Juegos Olímpicos lo dí al club Horizonte. Mi profesor Miguel Angel Russo se cambió
a ese club y yo lo acompañé después de haber estado juntos en Central. Horizonte es un club
de barrio, chico, donde uno no tenía muchas expectativas para que le den algo, simplemente
el espacio para la práctica. Sí tuve reconocimientos, como la entrega de alguna plaqueta.
Luego, durante muchos años estuve en Atlantic Sportsmen, siempre contando con el
acompañamiento de la misma gente, del entorno del judo. En ese momento, el club
también nos dio la posibilidad de organizar fiestas y actividades como para poder juntar
los fondos para viajar.

¿De Atlantic Sportsmen a dónde te fuiste?

-De allí pasé al club Gimnasia y Esgrima, al que le dí dos Juegos Olímpicos, 1996 y 2000. Lo
que tengo que agradecerle a ese club es que si bien el apoyo económico no fue tan
sustancioso, sí el reconocimiento. En ese aspecto, las diferentes comisiones directivas
reconocieron el esfuerzo del deportista. Siempre nos llamaban o nos mandaban una carta
o nos felicitaban. Gimnasia es una institución diferente a las demás en cuanto a que no vas
a encontrar gente que te va a ayudar a hacer un arroz con pollo, pero el gesto de reconocerte
siempre está. Es como que están más en contacto con el deportista.

-Sin mencionar ningún club en particular, ¿ténes la sensación de que las
subcomisiones de los diferentes deportes deben organizarse siempre en
forma aislada en vez de existir una planificación coordinada con las demás
disciplinas?


-En cierta medida, lo que organizás y hacés parte de tu mismo entorno. No existe un club en
donde todos se comprometan. Hay clubes que tienen miles de socios y que si se hicieran una
actividad entre todos para apoyar la representatividad internacional de sus deportistas,
sea de cualquier disciplina, se podrían hacer muchas más cosas. Sin embargo, no es así. Cada
uno la pelea y la busca por su cuenta. Los de judo por su deporte, los de básquet lo mismo, y
así con todo.

-¿En que clubes trabajás como entrenador de judo?

-En Náutico Sportivo Avellaneda cumplo 26 años de docencia. Y en Gimnasia llevo 17 o 18.
También estoy con una escuelita deportiva en la Municipalidad de Baigorria.

Antes hablaste de Gimnasia, ¿cuál es tu experiencia en Náutico?

Nosotros teníamos allí el mejor lugar del club para la práctica de judo, un salón muy lindo. En
los últimos años, durante la presidencia de Jorge Leguizamón, nos dieron la posibilidad de
contar con el único tatami internacional que tiene un club del país. Es un tatami que se compró
en Bélgica, y el club lo puso a nuestra disposición. Nos cambiaron de salón y nos acondicionaron
otro exclusivo para judo. Las políticas que tuvo el club, tanto con Leguizamón como ahora con
(Horacio) Muñoz, son de un apoyo constante. Náutico tiene una de las mejores estructuras
dirigenciales abocadas al deporte. Uno como docente se siente cómodo porque te brindan
comodidad y una solución rápida a cualquier pedido.

¿Al judo le cuesta arraigarse en un club, a diferencia de otros deportes?

-Es que como se trata de un deporte individual, no tenés masividad. Si en básquet organizás
una cena, te acompaña muchísima gente porque cuentan con una cantidad importante de
jugadores por división. En el judo somos pocos, lo mismo que la gente que colabora.

-¿Eso lleva a que si se produce una deserción de practicantes en un club, el  
judo desaparezca en ese lugar porque no existe un recambio?

-Normalmente es lo que termina pasando. Si un club no tiene una política deportiva desarrollada
como para poder brindarte comodidad, entonces el profesor de judo tiene que llevarse la colchoneta,
cobrarle al alumno y lograr que se haga socio porque es lo que te exige la institución. Frente
a todo ese entorno, el profesor se termina cansando porque no le reditúa. Pienso que el judo
se sostiene por todo lo positivo que tiene. Hoy es una herramienta disciplinaria, de contención
de un montón de chicos que en otros deportes no se destacan y en los que quedan marginados
por no poder jugar. El judo capta toda esa franja de chicos, al brindarle también un espacio
donde se los disciplina, hay un respeto y un montón de valores que a veces en otros deportes
no encuentra. Por eso sigue siendo un atractivo para la educación de los chicos y para algunos
padres que buscan todo eso. Creo que las políticas dirigenciales por ahí no acompañan tanto
para que el desarrollo sea aún mayor.






 
 
 

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