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06 de Mayo de 2013

Guardiola y la vuelta a la niñez

 

Por Marcelo Gatman

Pep Guardiola cuenta un cuento desde el escenario de un teatro. Su intervención
es un viaje a la niñez por la calidez de sus palabras, su espíritu docente y una
atmósfera de confort que envuelve su discurso porque todo el tiempo habla del
juego. Nombra personas que lo influyeron, señala movimientos de Barcelona con
un puntero laser, describe situaciones puntuales de vestuario, pero habla todo el
tiempo de jugar. Y al fútbol se juega con la pelota.

Ese es el centro del universo de Guardiola y por eso tiene tanta predilección
geográfica por el mediocampo. Es un gran lugar para gestar y para dar nacimiento
a una manera de jugar al fútbol, aunque Pep diga y repita que su manera no es la
única, que otros modos también sirven y que lo único que importa es estar
convencido de lo que se quiere hacer y tener esa convicción para transmírselo a los
futbolistas.

"Un chico quiere hacerse futbolista por esto..(hace el gesto de patear una pelota)..
Después vienen otras cosas, otras cuestiones, pero lo fundamental es patear la
pelota. Eso es lo que siempre me gustó del fútbol como jugador y quise ser futbolista
para tener el balón. Y si no lo tengo no voy a esperar a que me lo des. Si eres mi
rival, voy y te lo quito..", dice Guardiola ante 3.200 espectadores en el Teatro Gran
Rex.

A esta altura del desarrollo del fútbol, con tantas polémicas por cada existente, de
tantos sistemas probados con éxitos y fracasos, Pep Guardiola le explica cara a cara
a una audiencia argentina porque decidió correr a Lionel Messi del extremo derecho
al centro del campo. "Ahí esta la pelota. Por ahí pasa y le quito de encima a un
defensor: uno es el marcador lateral y el otro la línea de cal, que es el mejor
defensor que existe.."

Guardiola devuelve a los espectadores a un estado de niñez porque ese es el único
ambito en el que convivieron los jugadores profesionales con aquellos que nunca lo
fueron. Todos fueron niños y todos jugaron a la pelota. Luego algunos se hicieron
futbolistas y otros televidentes, pero todos supieron lo que era patear una pelota.
Bien o mal. La pelota, tratada de un modo pueril, minimizada y puesta como un
accesorio en el mundo del fútbol, es el valor principal de Guardiola para luego
entregar dosis de liderazgo desde el escenario.

Su vida como jugador fue la continuidad de su niñez. Johan Cruyff lo puso en el centro
del campo donde recibía decenas de pases y daba otros tantos. Descubrió que eso era
encantador. Porque se trataba de jugar y a eso se resume todo. Con las convicciones
que cada uno tenga y con el sistema que cada técnico crea conveniente.

Abrumado por halagos y plaquetas recordatorias, Pep Guardiola se despide de la
audiencia teatral. Le dan una pelota y la patea hacia la segunda bandeja. La "cuelga"
y ya no vuelve. Es la única concesión que hizo en dos horas donde la pelota fue el
centro del universo. Redonda como el sol.


Fuente: Cancha Llena

 

 

 
 
 

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