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19 de Junio de 2014

Los desastres de la FIFA, no logran parar al fútbol

por John Gapper

La FIFA tiene desastrosas prácticas de gobierno corporativo pero también es una de
las empresas multinacionales más exitosas del mundo.

El contraste entre el clientelismo y la corrupción en la Federación Internacional de Fútbol Asociado,
y el hecho de haber logrado difundir la versión británica del fútbol en todo el mundo (dejando
atrás al fútbol americano) es sorprendente. Demuestra que la FIFA tiene enormes fortalezas
pero también atroces debilidades.

La decisión de premiar a la super calurosa Qatar para el Mundial 2022 llevó al límite las
contradicciones de la FIFA. Ahora niega esa elección hasta Sepp Blatter, su presidente de 78 años
que aspira a un quinto mandato como “líder supremo”. Si la FIFA no se reforma, se perderá mucho.

Lo intrigante sobre la FIFA es, siendo una organización no gubernamental suiza que funciona
en forma inexplicable y cuyos líderes mantienen una relación altamente conflictiva (y en algunos
casos corrupta) con las asociaciones de fútbol, le haya ido tan bien.

El fútbol capturó el 43% del mercado de eventos deportivos en 2009, comparado con el
13% del fútbol americano y 12% del béisbol, según la consultora AT Kearney, y sigue creciendo.
Hasta empezó a penetrar en la conciencia de los estadounidenses gracias a la cobertura por
televisión de los partidos europeos.

La FIFA tiene suerte de tener un producto superior para el mercado: el fútbol es más elegante
que la compleja estrategia y la violencia del fútbol americano, y es más fácil de jugar en parques
y escuelas. El acceso a su práctica amateur ayuda a reforzar el deporte profesional.

Pero esa no es una explicación suficiente: el básquet y el béisbol se juegan ocasionalmente,
y Venezuela y otros países han demostrado que es posible arruinar hasta un commodity infalible
(en es caso, la producción de gas y petróleo) con el clientelismo. El fútbol podría haber sufrido en
forma similar.

La FIFA evitó este destino hasta ahora porque tiene dos ventajas competitivas por sobre las
asociaciones deportivas norteamericanas. La primera es que el fútbol es integrado, los partidos
amateurs y profesionales están unificados a través de las asociaciones. Las ligas de fútbol
profesional como la Serie A de Italia y Bundesliga de Alemania son poderosas y sus clubes
tiene mucho dinero, pero no controlan el deporte a nivel nacional.

Eso suena arcano pero hace una enorme diferencia para los incentivos: las ligas existen para
promover sus propios intereses y aquellos de sus clubes miembro, mientras que la tarea
central de las asociaciones es cultivar el juego. El estado del béisbol es secundario para
la Liga Mayor de Béisbol; el fútbol es la razón de ser de la FIFA.

La segunda ventaja de la FIFA está en que es verdaderamente multinacional: lanzó un sostenido
esfuerzo en los mercados emergentes que las multinacionales europeas y estadounidenses como
Coca-Cola y Adidas, dos de los grandes sponsors del Mundial. Se ajustó enseguida al giro de
la economía global.

“La FIFA tomó recursos y los volcó en Africa y Asia, y eso rindió grandes dividendos”, señaló
Stefan Szymanski, profesor de gestión deportiva de la Universidad de Michigan. “Los deportes
norteamericanos no salieron del país porque no hubo dinero para hacerlos crecer en el extranjero.”

Las ventajas de la FIFA brindaron solidez y alcance al fútbol y transformó la Copa del Mundo en
un torneo global a la par de los Juegos Olímpicos. Todo eso podría verse socavado por los
defectos de la FIFA.

Desde 1961, la Federación es administrada mediante una estructura que parece haber sido
diseñada para fomentar el amiguísimo y el malfuncionamiento. “Quienes están en el centro
de la organización entregan premios financieros a aquellos de la periferia responsables de
elegirlos”, aseguró Roger Pielke, profesor de la Universidad de Colorado.

Ningún directorio supervisa a su presidente y ejecutivos. En cambio, un “comité ejecutivo” de
24 miembros, compuesto por representantes de asociaciones nacionales les brinda apoyo
en forma poco transparente. Blatter, al igual que sus predecesores en la FIFA, aprovecharon
eso para atrincherarse.

Debería ponerse fin a eso, pero a muchos les conviene dejar las cosas como están.

Fuente: Cronista.com



 

 
 
 

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