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20 de Agosto de 2014

Los despropósitos del nuevo Reglamento FIFA
sobre intermediarios


Por Eduardo Víctor Galeano

La circular nro. 1125 de la FIFA dictada en Zurich 19 de Diciembre de 2007 nos introdujo
en el "Reglamento revisado sobre los Agentes de Jugadores de la FIFA", partiendo de
los severos postulados que explica y con el objetivo principal de permitir que la FIFA
amplíe el control de las actividades de los agentes, procurando limitar las de las
personas que carezcan de licencias habilitantes, para salvaguardar la transparencia
de las transacciones en las que participen.

De allí, que intensificando su especialidad, haya limitado la validez temporal de las
licencias habilitantes exigiendo su revalida cada cinco años, a través de nuevos
exámenes de capacitación con el propósito de garantizar la actualización de sus
conocimientos (del art. 17 Reglamento Revisado Agentes FIFA).

En un digesto concordante se ocupó de restringir la actividad a personas físicas, procurando
limitar la gestión a la responsabilidad personal y garantizada de quien estuviere capacitado
para ejercerla, con carácter oneroso, para dotarla de profesionalidad, debiendo contar con
un certificado oficial que lo identifique como persona idónea, exigiéndole a través de
su cumplimiento, el conocimiento de la legislación aplicable en el territorio de la
asociación respectiva; asociación a la que responsabiliza de la reputación de aspirante
y de su capacitación a través de exámenes escritos supervisados por la FIFA, detalle
general de las materias a estudiar y a rendir, con la obtención de puntuación mínima,
y el compromiso bajo firma de cumplir el código deontológico que la misma
reglamentación impone.

A partir de su categorización, le reconoce derechos y obligaciones, estas últimas de severidad
puntual tendientes a erradicar practicas que la FIFA considera nocivas para el ejercicio de la
actividad, tales como el conflicto de intereses, la formulación de los pagos, sus cuantías,
fijando una tasa oficial en caso de desacuerdo, la standardización del contrato de
representación, la prohibición de captación y/o de inducción a incumplimientos contractuales,
el cumplimiento de los estatutos, reglamentaciones federativas y de la legislación laboral
en particular, y como resultante de esa idoneidad, la prohibición de jugadores y clubes de
utilizar intermediarios no licenciados, restricciones en pagos y compensaciones a los
agentes, como así la inadmisibilidad de derechos derivados de las transferencias de
pases de jugadores, la bancarización de sus remuneraciones, sanciones a los agentes y
demás protagonistas del universo FIFA que violen estas exigencias; y en fin, toda una
parafernalia de deberes tendientes al mas exhaustivo control de quienes pretendieran
intermediar en el ejercicio de estas funciones, bajo la égida de la FIFA y de las asociaciones
federadas.

La versión en ciernes del Reglamento de esta actividad, si bien ostenta en su Preámbulo
propósitos encomiables, a la postre no distintos a los de la Reglamentación anterior, se
desarticula en su andar al extremo de vaciarse de contenido. Por qué?

Porque comienza por desjerarquizar conceptualmente la función al restarle la categoría especifica
de "agentes" por la general de "intermediarios"; no porque ello tenga una implicancia social,
dicho en un sentido de rango, sino porque le quita calidad profesional y con ello la
responsabilidad que rodea a su investidura, que le hacen deudor de actuar dentro de
parámetros exigibles a su función, que es a la postre uno de los propósitos prioritarios
de su preámbulo y el objetivo de todas y cada una de las reglamentaciones anteriores
en su devenir, desprofesionalización que se acentúa con el quehacer gratuito.

Porque posibilita despersonalizar esa responsabilidad al permitir su ejercicio por personas
jurídicas, hasta ahora solo reservado a las personas físicas.

Porque, la exigencia de recabar del intermediario una declaración de acatamiento de los estatutos,
reglamentos y disposiciones disciplinarias del concierto FIFA (art. 3.2) supone, cuanto menos su
conocimiento, lo que el nuevo reglamento evade al suprimir exámenes y licencias habilitantes,
como presupuesto de idoneidad.

Porque la intervención del intermediario en la confección o simplemente en el análisis de los
contratos de transacciones o de trabajo que habrán de firmar sus pupilos (artículos 2 y 3.3 y 3.4)
exige también de tal presupuesto.

Porque las previsiones del artículo quinto, solo pueden cumplirse por personas capacitadas para
distinguirlas. Es decir idóneas, no bastando la generalización de ser intermediario, sin
requisitos de profesionalidad.

La única respuesta adecuada a estos y otros interrogantes similares, ha quedado deferida a las
Asociaciones Nacionales a las que la FIFA traslada la "mochila" de "añadir otras normativas" (Del
último párrafo del Preámbulo); para el caso exigir la aprobación de un examen de conocimiento
de las materias federadas y de legislación particular de cada país miembro, con carácter previo
a su registro obligatorio, quedando tras la aprobación de esos exámenes, capacitados para el
desempeño de sus funciones; que es lo mismo que otorgarles la licencia habilitante que el
nuevo reglamento expresamente omite gestionar, como ineludible requisito de una idoneidad
a todas luces exigible.

También advertimos que el nuevo reglamento parece haber sido escrito por una pluma
diferente de las anteriores, pero no porque plantee pautas diferentes, sino por "pisarse"
entre ambos. Pudo haber "seguido" sus historias, concordado cláusulas y exigencias sin repetirlas,
incluir nuevos o mejores recaudos que la experiencia de aplicación de los anteriores reglamentos
sugiere, incluir un prólogo explicativo de su razón de ser, facilitando de ese modo y a través de
su lectura la comprensión de sus avances o retrocesos.

Así como ha sido planteado la sustitución del Reglamento Revisado el 29 e octubre de 2007 de
Agentes de Jugadores (Circular nro. 1125) por el "Reglamento de Intermediarios o terceros es
tanto como "barajar y dar de nuevo", desperdiciando por su falta de concordancia todo el camino
recorrido desde aquel y sus versiones anteriores, dificultando innecesariamente su aplicación en
lo inmediato.

La caducidad de las licencias sin otra habilitación idónea (del art. 11.2), lo hace aun más
incomprensible.

Fuente: Iusport Latinoamerica



 

 
 
 

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