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2 de Abril de 2013

El deporte y lo deportivo

Dos enfoques sobre la comunicación y el deporte. Eduardo Galak invita a
repensar el rol que juega lo deportivo en las sociedades actuales con
motivo de la reciente inauguración del primer canal de televisión deportivo
estatal.

Por Eduardo Lautaro Galak *

La reciente inauguración del primer canal deportivo estatal convida a repensar
el rol que juegan los deportes y lo deportivo en las sociedades actuales.

Hace ya una década que las políticas públicas nacionales trocaron el histórico
discurso que justificaba la práctica deportiva: se pasó de afirmar que toda
actividad física –casi sin importar cómo, dónde o por qué– generaba salud a
sostener que son parte fundamental de la cultura y, por ende, de todos. Desde
los albores del siglo XX y especialmente desde la definitiva incorporación de los
deportes a la vida estatal y económica argentina en la década del ’30 se creó,
a fuerza de una clara selección de las tradiciones y de una evidente
naturalización de sus razones, una suerte de imaginario social que indica que
moverse es sinónimo de salud física, y que ello es a su vez sinónimo de salud
mental individual y de progreso colectivo. Como ejemplo de ello podemos decir
que la definitiva introducción de los deportes a la escuela, a través de la
asignatura Educación Física, resultó paralela a la incorporación de ciertos
discursos eugenésicos que postulaban robustecer los músculos para fortalecer
la raza argentina.

Sin embargo, más cercanos a estos tiempos, con la institucionalización estatal
del Programa Deporte para Todos la cuestión cambió –diría radicalmente– en
su fondo: el argumento principal que motiva establecer políticas en torno de los
deportes es que son, no ya vehículo de higienización y salubridad de la población,
de vigorización de la Patria o de mejoramiento de la raza, sino “hechos sociales
y culturales”, al decir de la propia Secretaría de Deportes de la Nación. Por caso,
dos ejemplos que muestran el cambio contemporáneo en la concepción del
deporte. Primero, la razón para estatizar el Fútbol para Todos, bandera de la
política estatal en esta materia y caballo de batallas de otras, se argumentó en
que si el acceso a la cultura es un derecho y el fútbol es sinécdoque de la misma,
ergo el acceso al deporte es un derecho y por ende es obligación del Estado
garantizarlo. De hecho, el artículo 77 de la Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual establece que el Estado debe asegurar que todos los ciudadanos
tengan la posibilidad de mirar deporte por televisión en forma gratuita. Segundo,
esta transformación en la conceptualización del deporte se materializó cuando
paulatinamente se fueron incluyendo las políticas deportivas en la cartera del
“Ministerio de Desarrollo Social” antes que en la de “Salud”.

A pesar de este cambio, que signa esta época, seguimos adeudando como
sociedad el debate que relaciona el deporte con lo deportivo. Digámoslo con
todas las letras: el hecho de que se masifique el deporte, sea por el propio canal
DeporTV o por la garantía al acceso que supone su transmisión online gratuita a
través del sitio http://deportv.gov.ar/, es digno de ser celebrado. Sin embargo,
cabe la reflexión acerca de lo deportivo, es decir en lo relativo a lo que el deporte
genera como práctica de la cultura, como hecho social.

Salvada ya la acepción que engarza al deporte con la salud, no debiera caerse
en entender sin matices que estas prácticas conduzcan a solucionar las
problemáticas sociales arraigadas. Por ponerle ejemplo a estas palabras. En la
apertura de este canal de la TV digital, la Presidenta afirmó que estas políticas
públicas sobre deportes le cambiaron la vida a muchas personas y también
generaron profundos cambios sociales (como la clásica reunión familiar argentina
para asistir a un partido de fútbol, antaño por radio o por la perversa “radio por
televisión”, ahora por pantalla de aire y de manera gratuita) y que “el deporte
forma a la persona”. Si bien es cierto que estas políticas transformaron prácticas
y relaciones sociales, no deberíamos caer en entender que todos los valores que
los deportes transmiten son positivos para la sociedad, que éstos producen las
soluciones para todos los males colectivos o que su aprendizaje es signo de
“buena” formación.

Dicho de una manera más directa, no deberíamos confundir lo deportivo con lo
político: así como no es sinónimo de salud, el deporte tampoco es acepción de
“buena” educación, de “buena” cultura. En cambio, sí parece un camino fructífero
fundirlos: sin desconocer las posibilidades de transmitir a través de los deportes
lógicas de respeto, de sacrificio, de socialización, de inclusión o de competitividad,
no debemos desconocer que las prácticas deportivas también están asociadas a
valores como la infracción a la regla, la violencia física y simbólica, la traición, la
especulación, la espectacularización y demás intereses propios de las lógicas de
mercado. De la reflexión crítica de esta fundición se podrán resignificar los valores
asociados a lo deportivo que su transmisión pone de manifiesto, y con ello
construir efectivamente un “deporte para todos” que sea para todos.

* Doctor en Ciencias Sociales (UNLP/Conicet).

Fuente: Página12

         

 

 

 
 
 

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