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1 de Noviembre de 2013

Dopado, sí; arrepentido, no

"El mundo del deporte -dice Richard Pound, uno de los miembros más respetados
del Comité Olímpico Internacional (COI)- trata muchas veces peor a los «arrepentidos»
que a los que se dopan." Asiente William Bock, consejero de la Agencia Antidoping
de Estados Unidos (Usada), al revelar que "la corporación del deporte" jamás colaboró
con su investigación sobre el doping de Lance Armstrong. En cambio, al "traidor" que
rompe la ley de la "omertá", la corporación lo deja en la ruina. Lo confirma Mario
Cizmek, que casi llora al contar sus penurias desde que admitió que aceptó
sobornos para perder seis partidos en el fútbol croata. Y lo ratifica Jens Sejer
Andersen, que abre en Dinamarca la Conferencia 2013 de Play the Game citando el
caso de Mario Goijman, el argentino que denunció ante la justicia suiza que el mexicano
Rubén Acosta cobraba coimas en forma de comisiones por cada contrato que firmaba
como presidente de la Federación Internacional de Voleibol (al menos 33 millones
de dólares en la última década de su gestión). "Los dos presidentes que sucedieron
a Acosta siguieron la persecución y dejaron a Goijman financiera y sicológicamente
arruinado. El mensaje -dice Andersen- es claro: los líderes deportivos que traicionan a
la «familia» jamás serán perdonados".

La tormenta que afecta al norte de Europa se siente también dentro del Hotel Helnan
Marselis, que mira al mar y es uno de los más importantes de Aarhus, segunda ciudad
de Dinamarca, pero cuyo equipo de fútbol sufre un ocaso eterno y una pequeña banda
de fanáticos fascistas. Conmueve primero el relato de Cizmek. "Fui siempre un profesional
responsable en 250 partidos en la primera división de Croacia. Pero en 2010, desesperado
porque mi club, FC Sesvete, llevaba 14 meses sin pagarnos el sueldo, yo y siete
compañeros más, con el equipo virtualmente descendido y hundidos en la depresión,
vendimos seis partidos. Nos hubiese ganado hasta un equipo de periodistas. La policía
me arrestó delante de mis hijos, pasé 47 días preso y me pueden condenar por diez
meses más." Fifpro, el sindicato de futbolistas europeos, lo apoya hoy para que no
termine "marcado" como muchos otros "arrepentidos". "Después de esto, ¿compartís lo
que dijo Albert Camus, que el fútbol fue donde más aprendió sobre la moral y las
obligaciones en la vida?", pregunto a Cizmek. "Sí", responde escueto. "Es que el fútbol
-me dice luego, sin micrófonos- fue mi vida."

El arreglo de partidos ("match fixing"), dominó lunes y martes las dos primeras jornadas de
la conferencia, de la que también participan el inglés Andrew Jennings y el alemán Jens
Weinreich, dos de los máximos investigadores de corrupción en el deporte. "El arreglo
de partidos sigue siendo una batalla perdida", advierte el canadiense Declan Hill, acaso
máxima autoridad periodística en el tema y que presentará su segundo libro dentro de
doce días en Londres. "Los futbolistas más vulnerables son aquellos a los que los clubes
no les pagan. Por eso, deportistas como Cizmek -dice Will van Megen, director legal de
Fifpro- son víctimas, no criminales." También pueden ser victimarios. "Cuando Christian
Vandelvelde -cuenta Bock, de Usada- se negó a seguir un programa de doping que le
había dado el médico italiano Michele Ferrari, Lance Armstrong lo metió en su habitación y
le advirtió que si no aceptaba él podía encontrar a muchos otros ciclistas que sí lo
harían." ¿Y acaso Pat McQuaid, por entonces presidente de la Unión Ciclista Internacional
(UCI), no calificó de "basura" a Floyd Landis y Tyler Hamilton, otros dos compañeros del
equipo US Postal cuyas confesiones sirvieron para despojar a Armstrong de sus siete
títulos en el Tour de Francia y condenarlo de por vida?

Pound, que el lunes fue premiado por Play the Game porque sigue dando batalla aún
dentro del COI, recuerda que él también fue demandado por McQuaid por haber
criticado al ciclismo. Los controles antidoping, sigue Pound en Aarhus, fracasan (y no
sólo en el ciclismo) porque los países protegen a sus ídolos. España, dice el canadiense,
no supo responder sobre su política antidoping en la última asamblea del COI en Buenos
Aires y acaso por eso Madrid sufrió una nueva y dura derrota para ser sede de los Juegos
Olímpicos de 2020. Ex presidente de WADA (la Agencia Mundial Antidoping), Pound se
pregunta finalmente por qué los controles detectan apenas entre un uno y dos por ciento
de casos positivos cuando en realidad los atletas que se dopan son "por lo menos dos
dígitos". Pound recurre a Shakespeare: "Algo huele a podrido en Dinamarca". Pero Hamlet
-remata Pound- no diría "to be or not to be". Diría que la cuestión es "to be clean or
not to be clean'" (ser limpio o no ser limpio). Roger Pielke, otro de los conferencistas,
le da un matiz: "La pregunta -afirma Pielke- sería en realidad cuán limpio queremos que
sea el deporte".

"No es serio que si el número oficial de positivos es en realidad del 0,7 por ciento (porque
no contamos los casos de cannabis) se diga públicamente que los atletas dopados son
en realidad «dos dígitos». ¿Qué es dos dígitos? ¿El 10 por ciento? ¿El 99 por ciento?"
La queja, dirigida a Pound, pertenece a Walter Palmer, un ex NBA, dirigente de Uni Global
Union, de Sports Pro, una unión de atletas que critica la ejecución del actual sistema
antidoping. "¿Por qué un atleta limpio querría formar parte de este programa antidoping
que tardó diez años en descubrir a Armstrong?" Palmer, de 2,16 metros, y que en 1995
se fue de Ferro porque llevaba seis semanas sin que le pagaran un peso, enciende el
debate. Lo apoya el especialista antidoping alemán Perikles Simon. "Se puede desarrollar
el mejor control de todos y el sistema se volverá completamente inútil en tres años."
Simon advierte que los nuevos récords en los 100 metros coinciden con la aparición de
nuevas formas de doping, aún indetectables en los controles. Mensaje para Usain Bolt.

"El dinero que alimenta a la industria del doping -afirma a su vez Chris Eaton, un ex
Interpol que investigó arreglos de partidos para la FIFA- podría ser el mismo que
corrompe a los deportistas para las apuestas ilegales." Y Neil Garlick, de Europol (Oficina
Europea de Policía), sorprende al auditorio: "¿Saben que Billericay Town FC, un equipo de
la sexta división en Inglaterra, mueve más apuestas que el Barcelona?". Declan Hill describe
el mapa: Turquía al tope, pero además Zimbabwe, Corea del Sur, El Salvador, Zambia,
Grecia, Montenegro, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y Croacia. En total, cerca de 70 Ligas
nacionales bajo investigación. También selecciones nacionales. Al menos 150 partidos
internacionales. Y Singapur en el corazón del negocio. Richard McLaren, del Tribunal de
Arbitraje Deportivo (TAS), se pregunta si acaso no alimentan también la corrupción las
casas de apuestas oficiales que ofrecen jugar sobre tonteras como quién ejecutará el primer
tiro de esquina, la primera falta o el primer saque lateral. "¿No sería entonces mejor
darle directamente a Interpol el control del deporte?", pregunta un periodista, abrumado
ante tanto escándalo de doping y partidos arreglados. "No creo, el problema -responde
Pound- es del deporte, no un asunto criminal." Eaton, un policía australiano hoy residente
en Qatar, admite que, "si se trata de deportistas, el problema es del deporte. Pero si se
trata de criminales -afirma- el problema, la amenaza más grande que pende sobre el
deporte, pasa a ser entonces de los gobiernos."


Fuente: Diario La Nación

 
 
 

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