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17 de Junio de 2015

¿Cuándo dejó de ser divertido el fútbol?

Deporte y política. Los cargos contra Joseph Blatter destaparon una marea de corrupción.
El autor de la nota nos lleva a los tiempos cuando el juego tenía mucho de nobleza y nada
de avaricia financiera.



Herr Blatter ha dimitido y probablemente otros lo harán también. Pero es dudoso que el
problema haya quedado resuelto.

Hace muchos, muchos años, cuando mis amigos y yo bajábamos las escaleras corriendo para
jugar al fútbol en la calle todo era menos complicado. Nadie había oído hablar de Qatar, no
existía la FIFA y no había ninguna regla sobre el fuera de juego. Pero estoy seguro de que nos
divertíamos mucho más. Es cierto que era un juego de hombres. Las niñas no jugaban al fútbol
en aquellos tiempos. Hoy, cuando veo el fútbol en Estados Unidos, necesito al menos cinco
minutos para saber qué sexo está jugando; las mujeres suelen jugar más agresivamente,
mientras que los hombres, especialmente los profesionales, rehúyen el contacto físico, muchas
mujeres no tienen tales inhibiciones.

En general, los juegos se han vuelto más civilizados que en la Edad Media, cuando morder era
bastante común, y morder la oreja a los jugadores opuestos no era la peor ofensa. El ambiente
general es ahora más civilizado... Los libros de historia no nos hablan acerca de “guerras de
fútbol”, como la que existió entre Honduras y El Salvador, que duró sólo cuatro o cinco días,
pero en la que después murieron seis mil personas. Pero esta guerra no fue ­realmente por
el fútbol, otros muchos asuntos estaban mezclados, como la inmigración ilegal (desde El Salvador).

¿Cuándo se torcieron las cosas? ¿Cuándo la gente comenzó a divertirse menos? ¿Fue cuando un juego
de aficionados se convirtió en un gran negocio? Esto puede ser cierto en parte, pero ciertamente no
es toda la verdad. La historia del fútbol moderno comienza como todo el mundo sabe en Inglaterra
en el siglo XIX. Desde el momento en que el fútbol se organizó y los equipos competían en un
campeonato, hubo problemas. Los historiadores del fútbol nos dicen que uno de los puntos de
inflexión fue un partido en enero de 1884, cuando un club llamado Preston North End jugaba contra
el Upton Park, un club de Londres.

Preston es una ciudad industrial en el centro de Inglaterra, el equipo todavía existe y juega en la
segunda Liga. El Upton Park desapareció. Pero en su momento fue un club líder y cuando se
celebraron los Juegos Olímpicos de 1900 en París se disputó un minitorneo de fútbol en el que
ganó la medalla de oro. El Upton ya no existe. Le sucedió un equipo bien conocido en la actualidad,
el West Ham United.

Cuando el partido contra el Preston acabó, el Upton presentó una protesta: alegó que el Preston no
era un equipo amateur sino que empleaba a profesionales. El gerente y propietario del Preston no
lo negó. Sostuvo que todo el mundo lo estaba haciendo. Había contratado, por ejemplo, a Artur
Wharton, un hombre negro que poco tiempo antes había establecido un récord mundial al correr
100 yardas en diez segundos. No sabemos cuán exactos eran los cronómetros entonces, pero no
hay duda de que corría rápido.

La Asociación de Fútbol, la organización británica que dirigía el campeonato, aceptó la protesta y el
Preston fue excluido de la asociación. Pero un año más tarde las reglas fueron cambiadas, se
hizo legal pagar a los jugadores, pero sólo en ciertas condiciones. Desde entonces ha habido cambios
en las normas sobre los profesionales y amateurs, no sólo en el fútbol sino en casi todos los deportes.

Un caso famoso en su momento fue el de Jim Thorpe, un indio estadounidense que ganó el decatlón
en los Juegos Olímpicos de Estocolmo (1912). Cuando el rey sueco le entregó la medalla de oro, le dijo:
“Usted, señor, es el mejor atleta del mundo”. Pero poco después Thorpe fue descalificado porque se
averiguó que había cobrado no para competir en las disciplinas atléticas sino en otros deportes
como el béisbol y el baloncesto. Se le pagaron dos dólares por partido y 35 dólares a la semana. Treinta
años después, la medalla le fue devuelta.

En muy pocas disciplinas, como el golf, siguen existiendo los amateurs. El problema de las prácticas
delictivas, incluso criminales, contrarias a la ética, se ha convertido en el deporte en prácticas
poco éticas de comportamiento o incluso criminales tales como el pago de atletas, entrenadores y
directivos para amañar el resultado de una competición, y se ha vuelto más y más grave... Cuanto
más ­dinero haya involucrado en un deporte, mayor es la probabilidad de propagación de la corrupción.

En los primeros días del fútbol, a los jugadores o entrenadores se les pagaban pequeñas cantidades de
dinero, pero las sumas crecieron exponencialmente así que los ingresos de las competiciones aumentaron.
En ningún otro deporte ha sido el peligro de negligencia mayor que en el fútbol. En la actualidad hay jugadores
que se cree que pueden ganar hasta setenta millones de euros anuales por concepto de salarios, diversos
beneficios e ingresos por una gran variedad de productos –ropa, zapatos, cosméticos y otros. Pero los
actuales escándalos que involucran a la FIFA no se refieren a los jugadores. Tienen que ver con las
actividades de los gestores que compraron sus cargos privilegiados en una variedad de organizaciones.
Algunos han llegado a ser muy ricos, pero dudo que se diviertan tanto como aquellos chicos a los que
recuerdo jugando en la calle.

Los corruptos habían logrado hasta el momento escapar de las pesquisas de las investigaciones, pero
no es seguro que vaya a ser igual en el futuro. La ironía del caso es que la iniciativa de investigar vino
de Estados Unidos, el país menos interesado en el fútbol del planeta.

Fuente: Revista Ñ




 

 
 
 

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