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09 de Octubre de 2015

Los Padres en el fútbol...
¿excesiva presión para los pequeños futbolistas?




En el fútbol base actual la figura de los padres es fundamental para el apoyo
del niño a participar en el deporte. No obstante, dicha participación podrá
resultar provechosa o no a lo largo de su crecimiento (futbolístico y personal)
tanto para bien como para mal; ya que una mala educación por parte de los
progenitores podrá perjudicar al niño/a en su comportamiento, mientras que
una buena educación podrá fomentar la adquisición de valores para convertirse
en una buena persona en su etapa adulta.

La presión que pueda llegar a ejercer un padre a un joven futbolista puede
determinar su desarrollo tanto como deportista como persona, ya que adquiere
unos valores a través de la asimilación de los hábitos de los progenitores. La
figura paterna es un referente para el hijo/a que hace que adopte todo tipo de
conductas (tanto positivas como negativas) y luego las ponga en práctica a lo
largo de su vida.

Desgraciadamente, en cualquier partido de fútbol base se suele ver conductas
inapropiadas por parte de padres.

El objetivo fundamental cuando un padre a punta a su hijo a jugar al fútbol
debería ser verle disfrutar practicando el deporte que más le apasiona en un
ambiente idóneo y con un formador que le eduque en valores deportivos
adecuados. Sin embargo, existen padres que presionan en exceso a sus
hijos para que lleguen a ser jugadores profesionales (cuando a la élite no
llega ni el 1% de los jugadores de categorías inferiores) y se centran tanto en
que él que el futbolista puede llegar a dejar de disfrutar del fútbol y acabe
dejándolo.

Además, muchas veces el padre se olvida que su hijo/a ya tiene una figura
que le enseña a jugar al fútbol, en la que confía y a la que tiene que respetar.
Si el padre no respeta este límite podrá generar dudas a su niño/a, ya que
si las opiniones del progenitor no van encaminadas en la línea marcada por
el entrenador el futbolista no sabrá a quien hacer caso.

Este hecho se puede comparar con el colegio. El padre no se mete en las labores
que realiza el profesor de su hijo/a, confía en que el formador le educe de la
mejor manera posible y se limita a apoyar a su niño/a para que estudie.
Desgraciadamente, en el ámbito futbolístico no ocurre ya que el padre no
respeta estos límites y lo único que hace es perjudicar a su propio hijo, sin
verle disfrutar de jugar al fútbol. No obstante, esto no ocurre en todos los casos.

En un artículo de Patricia Ramírez en El Pais, realiza una distinción entre lo
distintos tipos de padres que se pueden encontrar en un campo de fútbol,
en los cuales inicialmente distingue entre positivos y negativos.

Dentro de los padres positivos podemos encontrar:

"Los que asumen papeles positivos. Son aquellos en los que el interés del
padre está en que su hijo disfrute de lo que hace.

El padre taxista. Acompaña a su hijo, le deja en el entrenamiento, le recoge.
Suele ser un padre al que los deportes le gustan bastante poco, pero le interesa
que su hijo sea feliz.

El padre positivo. Anima, refuerza, se preocupa por cómo han ido los partidos.
Le transmite entusiasmo pero sin presión. Felicita al chaval por el mero hecho
de jugar y entrenar.

El padre involucrado. Le gusta participar en las decisiones y propuestas del
club. Se interesa en la formación de los chavales o porque el centro obtenga
ingresos. Este tipo de padres son activos en la divulgación de valores en el club
y participan en cualquier acción que pueda mejorarlo."


Dentro de los padres negativos podemos distinguir:

"El padre pesado. Se pasa todo el día hablando de lo bien que juega, nada o
corre su hijo y de que apunta maneras. No presiona directamente al niño,
pero sin querer le traslada que su valor como chaval está en el juego.

El padre entrenador. Grita directrices desde la banda, corrige a su niño cuando se
monta en el coche, incluso contradiciendo las indicaciones del entrenador. Genera
confusión en el niño, que por un lado tiene una idea de juego que el profesional
trata de inculcarle, y por otro, la versión de su padre o madre. En deportes como
la natación, este padre está en la grada paseando de punta a punta de la piscina,
cronómetro en mano, midiendo tiempos y apuntando en una libreta. No es de
recibo crear presión en el niño con distintos mensajes. ¿A quién cree que debería
obedecer su hijo?

El padre que se cree Cholo Simeone. Trata de motivar, transmitir garra, le pide
al hijo que se entregue, que se esfuerce, que se deje la piel en la cancha, que
trabaje, que compita como si se le fuera la vida en ello. Pero olvida algo muy
importante: ni su hijo es un jugador de Primera División que tenga que ganarse
la vida jugando ni él es el entrenador del Atlético de Madrid. Solo consigue que
su hijo pierda de vista los valores que le transmite el club, donde normalmente
prevalece la generosidad por encima de la individualidad, disfrutar y aprender
por encima de los resultados, y el juego limpio por encima de competir a
cualquier precio.

El padre que resta en todos los sentidos. Da gritos desde la grada, desacredita
al míster, le dice a su hijo que no entiende por qué él no juega cuando sus
compañeros son peores que él, se comporta de forma grosera con el rival,
insulta al árbitro y otras impertinencias más. Es el padre del que cualquier hijo
se sentiría avergonzado."


Por tanto, lo ideal sería que el padre ejerciera un apoyo positivo en su hijo/a para
que disfrutara del deporte que más le apasiona, aunque muchas veces esto no
ocurra. Desde la web Fútbolconrespeto.com exponen su decálogo para padres,
idóneo para que tu hijo/a disfrute del fútbol.


"Acompaña a tus hijos a los entrenamientos y partidos siempre que puedas.

Tu presencia, un aplauso o una mirada cómplice pueden ser mejor que estar
gritando todo el tiempo.

Colabora con tu club para que sea un referente de juego limpio.

Los árbitros son personas que aciertan y se equivocan ¡Respétales!

Evita conflictos con otros padres y ayuda a crear un clima positivo fomentando la
buena relación, también con árbitros y entrenadores.

Recuerda a tu hijo/a que el resultado no es lo más importante. Pregúntale si ha
hecho amigos y si lo ha pasado bien.

¡No lo/a presiones! Lo importante es la diversión, el trabajo en equipo, la
superación y la adquisición de hábitos saludables. Si tiene cualidades llegará lejos.

No es bueno castigarlo/a sin hacer deporte. Busca otra manera de que cumplan
las obligaciones.

Evita conductas antideportivas y contribuye a la correcta utilización de las
instalaciones deportivas.

Confía en los entrenadores, profesores y monitores. Está claro que una actividad
física conlleva algunos pequeños riesgos, pero ellos son profesionales y están
capacitados para minimizarlos."



Autor: David Carrasco





 

 
 
 

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