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24 de Abril de 2014

Rugby: Máximas engañosas sobre amateurs y profesionales

Por Jorge Busico

E
l rugby argentino se viene escuchando o leyendo desde hace varios años algunas de
estas excusas convincentes pero vacías de contexto o falsas en la mayoría de los casos.
A saber:

- Los jugadores amateurs se entrenan hoy igual que los profesionales.

- Los jugadores -todos- quieren que jueguen los becados y los contratados. Siguiendo la
línea del "queremos jugar con nuestros amigos".

- El amateurismo desapareció porque los clubes tienen publicidad, contratan entrenadores y,
en algunos casos, dan trabajo a los jugadores que vienen del interior.

- Los que defienden el amateurismo son unos dinosaurios retrógrados.

- Los que defienden el profesionalismo son unos mercenarios.

- Los que defienden el amateurismo resguardan los valores.

- Los que defienden el profesionalismo provocan el crecimiento.

- Richie McCaw va y juega en su club amateur y nadie dice nada.


En las últimas semanas se viene instalando algunas más de esas máximas:

- Es lo mismo un becario que un contratado porque se entrenan la misma cantidad de horas
y siguen una misma rutina.

-No tiene nada de malo que un jugador venga desde el profesionalismo después de varios años
y salte como si nada a la primera de un club. Eleva el nivel. Contagia al resto.

- Hay que privilegiar la competencia.

Se sabe, y se escribió reiteradas veces, que el proceso que está transitando el rugby argentino
hacia el profesionalismo debe tener, necesariamente, un margen -amplio- de prueba y error. Ni
se discute ese recorrido. No hay planes ni personas perfectos. Pero lo que se repite es un discurso
muchas veces tramposo y acomodado a la conveniencia de las personas o los hechos. Un "siga,
siga", o un vale todo según la circunstancia, como se escribió en LA NACION 48 horas atrás, cuando
cinco jugadores de Buenos Aires todavía no habían renunciado a su contrato con la UAR para poder
jugar en sus clubes.

De la dirigencia del rugby argentino se escucha ante cada pregunta u ocasión que el amateurismo
es lo más importante. Los clubes, los valores, bla bla. Lo que está pasando trasluce maniobras para
abrir un camino y acomodar estatutos para que se termine en un profesionalismo liso y llano. No hay
problemas con eso. Los clubes seguirán subsistiendo como subsisten ahora, con su propia gente y
con una realidad que no tiene lugar en esta película. El problema es lo que no se dice con claridad.

En muchos sectores del rugby argentino -incluidos nosotros, los periodistas- se dice "los jugadores
quieren tal cosa." con el mismo desparpajo con el que los medios se refieren a "la gente". ¿Hablan
con todos los rugbiers de todos los clubes para ver qué piensan de lo que pasa? No.

Pero los jugadores, como casi siempre, son los que muestran el camino. Landajo, Cubelli, Moroni,
Lavanini y Montero renunciaron al contrato. No ocurrió lo mismo con Javier Ortega Desio, que fue
tan sincero como sus compañeros: "No puedo renunciar porque éste es mi trabajo y necesito el
dinero".

¿Ahora quedó claro cuáles son las diferencias? El amateur deja de jugar al rugby porque, en su
enorme mayoría, tiene que trabajar o estudiar. El profesional sigue jugando porque ése es su trabajo.
Tan noble uno como el otro. Pero no iguales, aunque sigan buscándole la vuelta y engrosando la
lista de sentencias del comienzo de estas líneas.


Fuente: Diario La Nación




 
 
 

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