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14 de Febrero de 2013

La disputa por el poder dentro de la UAR

 

Por Jorge Busico

Mientras el rugby argentino se alista para la frondosa y exigente temporada que tendrá en
la alta competencia con sus distintos seleccionados (Pumas, Pumitas, Pumas 7, Pampas,
Jaguares), el mapa político empieza a agitarse con vistas, primero, a la renovación parcial
del Consejo de la Unión Argentina de Rugby (UAR), prevista como fecha límite a fines del
mes próximo. Y si bien aún queda un largo trecho por delante, cualquiera sean los
movimientos, pueden extendérselos a dentro de un año, cuando concluyan los dos períodos
de Luis Castillo como presidente de la institución. 

Este año deben renovarse seis de los 12 miembros del Consejo: vicepresidente primero,
tesorero y cuatro vocales titulares. Cuatro de esos cargos les corresponden a las Uniones mal
llamadas del Interior, mientras que los dos restantes son de la Unión de Rugby de Buenos
Aires (URBA), que, vale recordar, perdió su histórico mando de la entidad cuando a fines
de 2009 la lista encabezada por Castillo, y apoyada por las 23 uniones, superó a la de Buenos
Aires, liderada por Néstor Galán. 

Aquel bloque de todas las Uniones del país con excepción de Buenos Aires no es ya tan
inquebrantable como en los dos primeros años de la gestión de Castillo. El desgaste político
que históricamente genera el rugby argentino, donde las disputas de cualquier tipo han ido casi
de la mano con el juego en sí, más otras diversas cuestiones, como la aparición de nuevos
compromisos, escenarios y hasta actores, muestran hoy un mapa con quiebres, que podrían
percibirse en esta próxima renovación del Consejo Directivo de la Unión madre del rugby
nacional. 

A fines de 2012, en el Seven de la República de Paraná (competencia y ciudad en las que
siempre se dirime el futuro político de la UAR) 19 de las 23 Uniones que llevaron a Castillo a
la presidencia (el tucumano para el segundo período también contó con el apoyo de la URBA)
elaboraron una lista para reemplazar a los 4 consejeros salientes. Esto fue refrendado el pasado
lunes en otra reunión. 

Castillo no está de acuerdo con esa lista (¿armará otra?), por lo cual convocó a una reunión para
mañana en Buenos Aires con todos los presidentes de las Uniones, cuyos costos de pasajes y
alojamientos correrán por cuenta de la UAR. Ahí intentará retener a algunos dirigentes de su
confianza en sus cargos (especialmente al tesorero, Carlos Barbieri, de la Unión del Noreste) y
nombrar a otros que no son los designados en Paraná. 

¿Y la URBA? Con una nueva conducción que recién empieza a caminar, la idea del Consejo que
preside Luis Gradín es mantenerse prescindente de esta disputa. En realidad, Buenos Aires tiene
bastante por resolver puertas adentro y si bien uno de los objetivos es recuperar terreno en las
decisiones de la mesa chica de la UAR, éste no sería el momento ideal. Ni tampoco para poner
en peligro sus dos vocalías. 

Si bien las relaciones en este tiempo se fueron desgastando por diversas internas (Tucumán
versus Córdoba o dentro de la misma Unión de Tucumán, a la que pertenece el presidente Luis
Castillo), lo que acentuó el quiebre fue la estafa dentro de la UAR, y de la que aún no se sabe
la cifra definitiva, pero que largamente superó los dos millones de pesos. 


Fuente: Cancha Llena

         

 

 

 
 
 

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