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04 de Noviembre de 2014

La presión que ejercen los padres sobre
los niños deportistas puede ocasionarles
el Síndrome de Burnout


Lo que debería ser tomado como recreación, se transforma en un círculo de exigencias que,
no sólo es el mejor camino para conducirlos a que abandonen el deporte, sino que puede
afectar la salud del chico. Como consecuencia del Síndrome de Burnout éste puede
experimentar decepción, angustia, depresión y pérdida general de la confianza en sí mismo,
entre otros síntomas.

Los niños practican deportes por diversión, pero son muchos los padres que los acompañan
a los partidos, competiciones y entrenamientos en su afán de animarlos y terminan
generándoles una presión excesiva. Así, lo que debería ser tomado como recreación, se
transforma en un círculo de exigencias y pasiones que, no sólo es el mejor camino para
conducirlos a que abandonen el deporte, sino que puede afectar la salud del chico. “El niño
deportista recibe influencias estresantes severas y prolongadas que pueden ocasionarle
síndrome de Burnout”, explica Marcelo Godoy, Magister en Psicología Clínica y de la Salud y
Director de la carrera de Psicología de la Universidad de Flores.

Llevar al niño a realizar cualquier tipo de actividad recreativa se lo considera fundamental
para su crecimiento, pero a veces los padres se involucran de una manera poco saludable:
gritan directrices desde la tribuna, corrigen a sus hijos incluso contradiciendo las indicaciones
del entrenador, o mismo hay quienes generan presión indirectamente, sin querer hacerlo,
hablando todo el día de lo bien que juega, nada o corre su hijo. El comportamiento
de éstos influye negativamente en el menor.

“Los niños suelen comenzar sus actividades deportivas por motivaciones propias, sienten gusto
en realizarlas y predomina el carácter lúdico. Si bien muchas de estas prácticas incluyen la
competencia, la misma no es vivida como algo que anule la dimensión de juego, donde
predomina la diversión. A pesar de este comienzo basado en el gusto y el placer muchos
padres empiezan a vislumbrar condiciones que los hace pensar que pueden desarrollarse
profesionalmente. Estos jóvenes deportistas cambian de pronto el motivo que los llevo a
iniciarse en el juego y comienzan a sentir que deben responder a expectativas externas.
Lamentablemente, se convierte en un campo de presiones cruzadas y exigencias donde no
está ausente el dinero y los contratos prematuros que muchas empresas hacen con los padres
especulando con el talento del niño y el futuro profesional”, explica el especialista.

La práctica deportiva debe estar ligada al disfrute. Los padres que actúan de esta manera no
son conscientes del impacto que producen en la salud de sus hijos. Según Godoy, “llegado a
este punto, el 50 % de los niños y jóvenes van a sufrir agotamiento emocional, el 52 %
va a padecer agotamiento mental y el 65 % agotamiento físico. Así comienzan los primeros
síntomas de lo que se conoce como Burnout”.

¿Qué es el Burnout?

Es un síndrome según el cual las personas que lo padecen sienten una gran sensación de fracaso
y agotamiento absoluto. Esta sintomatología aparece como consecuencia de las demandas
excesivas que ponen en jaque los recursos personales para hacer frente a las presiones a
las que se ve sometido. También conocido como el Síndrome del quemado, se lo relaciona
con los síntomas que aparecen como una respuesta al estrés laboral prolongado, puntualmente
cuando las demandas laborales exceden la capacidad de respuesta de una persona.

El profesional de la UFLO explica el síndrome con respecto a la presión en los niños: “como
consecuencia del síndrome de Burnout el sentimiento de entusiasmo y deseo de jugar empiezan
a desaparecer y la energía comienza a disminuir. La disminución de esta potencia energética
lo lleva a que padezca abandonos coyunturales acompañado de decepción, angustia y depresión.
Al final se genera una perdida general de la confianza en sí mismo, un verdadero quiebre de
la autoestima, alienación y deseo de abandonar toda la actividad”.

¿Cuáles son las consecuencias?

Físicas: aparecen diversos indicadores psicosomáticos como insomnio, taquicardia, dolor de
espalda, trastornos y malestares gástricos y cefaleas frecuentes.

Psicológicas: depresión, reacciones explosivas de ira, intenso mal humor, agitación, cinismo,
sentimientos de culpa y quiebre psicológico.

Relación con el entorno: básicamente insatisfacción con la actividad que está desarrollando,
ausentismo a los entrenamientos, descenso de la productividad, de la eficacia, perdida
del rendimiento y tendencia al abandono.

La solución

Recordar que la felicidad del niño está por encima de todo y que el motivo por el que hace deporte
es porque le gusta; apoyarlo, gane o pierda, juegue bien o cometa errores; felicitarlo por participar
más que por competir; aprender a apreciar los logros pero no atar la autoestima a los mismos; y
conservar una vida social activa más allá de la que el deporte le ofrece.

Si el problema ya está presente se aconseja acompañamiento psicológico del niño deportista y
de la familia para redirigir las presiones.

Fuente: www.ladeportista.com.ar




 

 
 
 

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