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28 de Octubre de 2014

“No me quedaron deudas pendientes”, dijo la
remera rosarina María Gabriela Best




Si algo caracteriza a María Gabriela Best son las convicciones. Las tuvo siempre. Cuando se subió
a un bote por primera vez, allá por 1999, las mantuvo a medida que fue creciendo en la vida
y en su carrera deportiva y las sostiene hoy, cuando sólo hace un par de días decidió retirarse
de su disciplina, sorprendiendo a propios y extraños. El adiós dejó más de una boca abierta. No
sólo porque era la remera referente del seleccionado argentino sino por la cercanía con dos citas
demasiado seductoras: los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y los Olímpicos de Río de
Janeiro 2016. A los 29 años, la rosarina decidió cerrar la puerta del remo por la explosión de
un cúmulo de situaciones: falta de motivación, postergación de su profesión de kinesióloga,
nuevas prioridades y una mala relación con el francés Jean Raymond Peltier, jefe del equipo
argentino de remo, traído exclusivamente para potenciar los planes de trabajo hacia las
citadas competencias. De paso por Rosario, bajo el amparo de los afectos, le abrió las puertas
a Ovación: “Estoy contenta, no me quedaron cuentas pendientes, hice todo lo que quise” dijo.
Esta es Best, de cuerpo y alma.

—¿De qué te cansaste?

—Tenía pensado retirarme después de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 y seguí por inercia.
Pero me costó encarar este ciclo, pensé que cuando me iba acercando a Río 2016 me iba a dar
más ganas. Me mudé a Tigre (vivía en Zárate) para estar más cerca de los entrenamientos, dejé
de trabajar, fui por esto a fondo. Sin embargo, en lugar de contar un día menos para Río contaba
un día menos para el retiro, me empezó a pesar. Eso sumado a que no podía hacer cosas de mi
carrera, a que extrañaba trabajar, leer y formarme en kinesiología y a que no me estaba
entendiendo con el head coach de la selección, me hicieron pensar en el retiro. En las vacaciones
que tuvimos tras el Mundial Senior de Holanda, en agosto, lo analicé y la verdad es que no logré
volver a entrenar. Salía a correr, pero no tenía la iniciativa de subirme al bote y menos de
seguir el plan de entrenamiento que nos habían mandado. Ahí dije: “Ya está”.

—En el Mundial de Holanda no conseguiste los mejores resultados (2ª en la final C de singles),
pero te fuiste muy contenta con la performance. ¿Eso hizo más sorpresivo tu anuncio?

—El resultado final no fue el que había ido a buscar, pero salió todo bastante bien considerando
las condiciones en las que llegué: las físicas eran de las mejores de mi vida, estaba increíble, pero
de la cabeza no tanto porque el proceso de la temporada fue duro para mí, controversial, de mucho
quilombo y mucha presión. Si bien toda mi carrera fue así, esta vez no tenía ganas de seguir así:
ganaba en el agua, estaba dentro de los parámetros que me pedían y seguía sin estar fija en el
equipo, me parecía recontra injusto. Lo del Mundial salió gracias a que Gustavo Pacheco (entrenador
rosarino y del equipo argentino junto a Federico Querin, a quien Gabriela excluye de las diferencias)
hizo mucha fuerza para que yo vaya y por ende, que haya salido todo bien en la regata fue una
alegría extra, sirvió para demostrarles a los que no creían que podíamos lograr una performance
así. Pero en cuanto llegué y bajé los decibeles, puse la mente en blanco, empecé a pensar en otras
cosas y me di cuenta de que no podía seguir.

—Tu mayor problema era con el head coach francés. ¿En qué no estabas de acuerdo?

—El trabaja con un sistema muy “dictador”, aunque es fuerte decirlo así, no sé si es esa la palabra.
Pero lo que él dice es así y no se discute. Y a mí me gustó siempre que me expliquen por
qué estamos haciendo cada cosa. Si viene un entrenador y me dice que me tengo que tirar de
un puente, pero que es por tal motivo, y me convence, me tiro. Si uno no tiene la confianza
con él no va a ningún lado. Pero si es así porque yo lo digo, a mí ya me empieza a costar. En
mi carrera tengo un haber de quejas importantes. Las cosas que veía y que no me parecían las
hablaba y al ser la única voz del equipo nos empezamos a enfrentar cada vez más. Por lo general
siempre la que habló fui yo, no es que nadie me mandó, me tocó, quizás es por mi personalidad,
porque nunca espero que nadie salga a decir nada por mí. Pero si me parece que estamos errando
considero importante hablarlo. Tal vez no le cayó bien. Además nunca tuvimos feeling, eso fue
notorio porque con la que menos flexibilidad tenía era conmigo.

—Cuando hablás de “no tener garantizado un lugar”, ¿a qué te referís exactamente?

—Se me tomaba en cuenta para algunas cosas y para otras no. Para el pre-panamericano obvio
que estaba recontra asegurada para los tres botes que corrí, lo mismo que para el Panamericano
de Toronto. Ahí no se iba a tocar mi lugar, pero para otras cosas más importantes como el Mundial,
sí. Se hizo una separación de remeros entre grupos A y B, y yo quedé más en el B que en el A y no
me parecía. Si bien no me puedo comparar en singles con Ariel Suárez y Cristian Rosso porque
ellos son muy superiores, tampoco estaba tan lejos y para estar en el grupo B me sobraba.
No me parecía bueno quedar afuera.

—En la carta en la que expresaste tu retiro dijiste algo muy fuerte, que a los deportistas
se los hace “esclavos” por percibir una beca. ¿Es tan así?

—Como sabe la mayoría, nosotros tenemos becas de la Secretaría de Deportes de la Nación y
en mi caso también del Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard). Ninguno de ellos
se mete en cuestiones internas, pero son cosas que sí usan los entrenadores para presionar,
porque ellos deciden las listas de quienes perciben las becas. Te dicen “tenés que venir a valuar
sí o sí por la beca, sino te la sacamos”. Podés estar enfermo, hecho “pelota” o lo que sea y tenés
que ir. Como yo tuve 16 años de carrera deportiva y el Enard se creó recién en 2010, la mayor
parte de mi carrera la hice con la banca de mi viejo, lo que no quiere decir que el Enard no
me haya ayudado porque la verdad es que me dio tantas cosas que no me puedo quejar. Pero
como yo nunca remé por la plata, porque tuve la suerte de que alguien me pudo bancar, mi
concepción no cambió. Siempre remé por objetivos deportivos, entonces que vengan y me digan:
“Si no valuás te sacamos la beca”, a mí sinceramente no me importaba, porque yo iba a seguir
remando de la misma manera que lo hice siempre, como los 10 años anteriores a que remé sin
que existiera el Enard. Pero hay casos de chicos que realmente tienen necesidad, que tienen
una familia que depende de eso. Y que lo usen como herramienta de presión no está bueno.

—El retiro iba a ser en dos años y se resolvió en pocos días. ¿Ya te sentís realmente afuera?

—Me siento recontra bien (risas). Hace dos meses que no remo, me tomé todo el tiempo
para decir: “Realmente esto es lo que quiero”. Y sinceramente lo siento así, la decisión está
bien tomada. Muchos me preguntan qué voy a hacer ahora, cómo voy a cubrir el tiempo que
usaba remando. Y tengo un plan: estoy haciendo reemplazos donde trabajaba antes (en
una clínica de neurorehabilitación en Saavedra) y estoy buscando más para tratar de afianzarme
en lo mío. En las vacaciones corrí maratón de montaña, me recontra entusiasmé y me estoy
organizando con un grupo para seguir corriendo. No entrenar sería imposible. Siento que mi
cuerpo necesita la descarga deportiva, aunque sea media hora al día. Y también tengo en
claro que no voy a dejar de remar. En algún momento voy a ir al club, me subiré a un bote,
correré alguna regata. No siento que el remo deja de ser parte de mi ser, seguirá estando
desde otro punto de vista. Arranqué a los 14 años, voy a cumplir 30, la mitad de mi vida la
dediqué a esto. Y salvo en 2010, cuando paré tres meses (se había alejado por diferencias
con la dirigencia), casi no tuve descanso.

—¿Te hubiese gustado irte de otra manera o así está bien?

—Siento que me despedí en el Mundial, en cierta forma. No me veía retirándome con bombos
y platillos, estilo Lucha Aymar, por ejemplo (risas) con una “regata despedida de Gabriela Best".
De hecho no pensé que el tema de mi retiro iba a generar semejante tsunami de cosas, llegó
a ligarse con temas políticos.

—¿Si mirás para atrás, qué ves?

—A veces no puedo creer que haya hecho todo lo que hice, cosas que no podría volver a hacer,
como la carrera de kinesiología. Vivía en Zárate, entrenaba a las 6.30 de la mañana, me tomaba
el colectivo dos horas a Capital para ir a cursar, volvía y cerca de las 20 iba de nuevo a entrenar.
Después, en lo deportivo, hay lugares con los que uno siempre los sueña. Empecé a remar en
el 99 y me acuerdo de haber estado sentada en casa con mi familia mirando el Panamericano,
el más exitoso de la historia para el remo y yo pensaba que quería estar ahí. Lo mismo con un
Juego Olímpico. En ese momento no me imaginaba que iba a llegar y que encima iba a correr
dos. Me di el gusto de hacer todo lo que quise: gané Sudamericanos, Panamericanos, clasifiqué
a Juegos Olímpicos y a uno de ellos de forma intercontinental que también es muy difícil. Por
eso me voy con alegría, no tengo ninguna cuenta pendiente. Si bien me hubiese encantado
correr una final olímpica no es algo que me quite el sueño.

—¿Y si pudieses elegir un momento de tu carrera cuál sería?

—Hay dos muy importantes: mi primera competencia juvenil porque me acuerdo estar en la largada
y en lugar de nombrarme a mi dijeron “Argentina” y dije: “Apa, no soy Gabriela Best acá, soy
Argentina”, sentir eso por primera vez en Croacia fue fuerte, supe que quería hacer esto toda
la vida, me fascinó y fue el motor para seguir entrenando todos los años. Y después la
clasificación a Londres con María Laura Abalo en el dos sin timonel. Parecía algo imposible y lo
logramos. Fue la mejor regata que corrimos en nuestras vidas, salió todo perfecto. Lo que se hizo
valió la pena para ese momento en ese lugar y encima de golpe Argentina pasaba a un lugar
importante en el remo cuando nadie apostaba por nosotras. Esas fueron las cosas que más me
marcaron.

► "Entrenadora no, pero contar lo que aprendí me encantaría". Best sabe que no se termina el remo
y piensa aportar desde su lugar: " No planeo ser entrenadora porque por algo estudié kinesiología.
Pero sí me encantaría estar en un nivel inicial o en las escuelas de remo para transmitir lo que
aprendí en 16 años, yo no tuve a nadie que me cuente cómo era".

► Kraljev y Rohner, compañeras de selección y grandes amigas. Cuando volvió del Mundial de
Holanda y comenzó a madurar el retiro, Milka Kraljev y Clara Rohner, también rosarina, fueron de
gran sostén para Gaby: "Ellas fueron mis consultoras, si bien siempre respetaron mis decisiones,
también fueron muy honestas en hacerme saber lo que pensaban", contó.

► Con la cabeza al 100% es más fácil. A la hora de hablar sobre los aspectos fundamentales con
los que hay que subir al bote, Best fue categórica: " La cabeza juega el ciento por ciento. Corrí
regatas estando mal físicamente pero muy bien de la cabeza y he hecho cosas que ni yo imaginaba
que podía hacer y también me ha pasado al revés".

Fuente: Diario La Capital (Por Vanesa Valenti)





 

 
 
 

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