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17 de Junio de 2013

RUGBY Y ADOLESCENCIA

 

Por Dra. Inés María Benetti

Desde la concepción hasta la vejez, el organismo va necesitando determinados
nutrientes y diferentes estímulos para poder evolucionar saludablemente.
Cada una de las etapas de la vida presenta distintas demandas que son
imprescindibles cubrirlas para pasar a las etapas siguientes, sin deudas
pendientes, porque tarde o temprano se cobran con intereses, y a veces
difíciles de solventar.

Algunos ejemplos que podríamos enumerar son: la escasa ingesta de alimentos
que nos aporten calcio, hierro, vitaminas, minerales, aceites esenciales; la
escasa hidratación y la tendencia a reemplazar el agua por gaseosas y otras
bebidas con alto contenido de azúcar, colorantes, conservantes y otros químicos.
Y por sobre todas las cosas, el consumo semanal de alcohol desde edades muy
tempranas. Estos malos hábitos pueden traer como consecuencia alteraciones
en el correcto crecimiento y desarrollo durante la infancia y adolescencia,
propensión a las fracturas, disminución del rendimiento intelectual y físico,
sobrepeso u obesidad, bajo peso, problemas odontológicos, alteraciones
metabólicas, mayor predisposición a infecciones, constipación y otros.

Cuando nos referimos a los estímulos, uno fundamental es la actividad física.
En todas las etapas de la vida, es necesario incorporarla, siempre teniendo en
cuenta lo que se denominan "fases sensibles" del entrenamiento. Existen
momentos en que los niños están biológicamente mejor preparados para
desarrollar determinadas cualidades. Si uno desaprovecha esos momentos,
no quiere decir que no vaya a mejorar más tarde, sino que el nivel de mejoría
va a ser mucho menor. Toda rutina física que se indique debe ser personalizada
y controlada por preparadores físicos, entrenadores, kinesiólogos y médicos.
Cuando los deportistas comienzan a jugar en juveniles se ven físicos muy
dispares y esto genera una ansiedad por querer estar más grandotes
rápidamente, ya que notan que el amigo a los 14 o 15 años mide 180 cm.
y pesa 80 kilos, y ellos miden 150 cm. y pesan 45 kilos. Por eso, es tan
importante educar y brindar todas las herramientas para que estos jugadores
no se frustren y puedan esperar su turno del desarrollo, disfrutando del día
a día.

Los adolescentes no son adultos en miniatura ya que son únicos en cada fase
de su desarrollo. El desarrollo y crecimiento de sus huesos, músculos, nervios y
órganos depende en gran parte de sus capacidades fisiológicas y del rendimiento.
Cuando los niños aumentan su tamaño, también lo hacen todas sus capacidades
funcionales. Esto es válido para la capacidad motora, la fuerza, la capacidad
anaeróbica y aeróbica.

En febrero de este año, comenzamos junto al Lic. José Luis Arcodia y la Lic. María
Luz Pallotta un trabajo con jugadores de rugby, de un club de la ciudad de Rosario,
abarcando edades desde los 15 hasta los 34 años. Dicho trabajo consistió en
evaluar nutricionalmente a los deportistas, para conocer sus hábitos alimentarios
y en base a ellos diseñar un plan de alimentación acorde a sus necesidades y
entrenamiento. Además, se les realizó una evaluación de la composición corporal
y la potencia de piernas para relacionar dichos parámetros.

El estudio de composición corporal (cineantropometría) consiste en determinar la
cantidad de masa muscular y de masa adiposa en cada deportista. Estos valores
son de suma importancia a la hora de establecer el óptimo estado estructural
esperable por edad y por puesto, para confeccionar planes de entrenamiento
personalizados, adecuados a las características de cada jugador. En base a esta
información, se valoran índices relativos al deporte, como el índice adiposo
muscular y el índice muscular óseo. También se evaluó la forma corporal y se
la asoció con deporte y puesto, lo que permite establecer en edades tempranas,
qué tipo de función fisiológica (puesto de juego), es el más adecuado para cada
deportista, en función de su biotipología.

Las indicaciones de preparación física y entrenamiento cada vez serán más
individualizadas y dirigidas, según las necesidades, enriqueciendo al jugador
como individuo y la suma de los mismos beneficiará al grupo.

La evaluación de la potencia a través de saltos en plataforma de contacto permite
establecer los factores determinantes para esta cualidad. En el estudio citado,
encontramos, por ejemplo, un gran déficit en el terreno de la coordinación
intermuscular. Este hecho sugiere la importancia del trabajo de esta falencia
a edades tempranas, durante las fases sensibles y pone de manifiesto, a la
vez, el escaso tiempo que se otorga a desarrollarla en esas edades.

Qué se recomienda al adolescente que hace deporte:

1) Desayunar diariamente. En lo posible, antes de salir de casa. Un desayuno
completo consta de un lácteo descremado (leche, yogur o queso) más algunas
tostadas, pan o cereales en copos (granola, muesli, avena son los más nutritivos)
más una fruta fresca o exprimido.

2) Cubrir el requerimiento diario de calcio (1300 mg.). La forma ideal de llegar a
este valor serían cuatro vasos (de 200 ml.) de leche descremada más un yogur
chico o dos tazas de leche descremada (de 250ml.) más un yogur descremado
más una rebanada de queso descremado. Una opción que facilita llegar a cubrir
este requerimiento son las leches enriquecidas con calcio y los yogures
descremados que ofrecen un 50% más de calcio por pote.

3) Consumir agua durante todo el día y aumentar requerimientos cuando se hacen
ejercicios. Lo ideal sería usando recipientes individuales para evitar contagios y
poder controlar mejor los volúmenes.

4) No abusar de las gaseosas y no utilizarlas como fuente de hidratación. Se
recomienda consumirlas ocasionalmente, algunos fines de semana o eventos
especiales, por su alto contenido de azúcares simples, que favorecen la
deshidratación y otros compuestos que nos juegan una mala pasada con la
eliminación del calcio.

5) Consumir frutas y verduras diariamente para cubrir vitaminas, minerales, fibra
y agua. Sería fundamental que el deportista incorpore entre tres y cuatro frutas
todos los días.

6) No realizar ayunos muy prolongados. Lo ideal es comer algo cada tres horas
aproximadamente, por eso indicamos dos colaciones en el día, aparte de las
cuatro comidas principales.

7) Seleccionar grasas que nos dejen algo bueno a cambio. Como el aceite de
oliva, frutos secos (almendras, nueces, castañas, etc.), palta.

8) Realizar actividad física controlada.

9) Evitar el consumo de bebidas alcohólicas. El alcohol no va de la mano con el
crecimiento y desarrollo ni con el deporte.


Fuente: SUPLEMENTO ÑANDÚ Nº73/Revista Mundo Amateur

 

 
 
 

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