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9 de Septiembre de 2014

El club Otxartabe o los efectos colaterales de
la reglamentación FIFA sobre menores de edad


Las sanciones de la FIFA al FC Barcelona y a la Federación Española por la contratación
irregular de menores, conocido como el ‘caso La Masia’, están teniendo unos efectos
colaterales devastadores en el deporte de base que pretenden practicar los jóvenes
inmigrantes.

A raíz de aquellas sanciones, por mandato de la RFEF, las federaciones territoriales
aplican la norma de forma estricta, dejando en la cuneta –en términos deportivos- a
jóvenes para los que no estaba concebida.

Así lo recoge un amplio reportaje que publica el diario El Coreo Vasco, en el que informa
de cómo licencias federativas que les tramitaban año tras año ahora han sido denegadas
por la Federación vasca, que alega atender las exigencias de la FIFA.

El citado reportaje toma como ejemplo lo acontecido en el pequeño club del barrio de
Otxarkoaga, que ha decidido luchar contra la federación internacional.

Su primer recurso está en el Gobierno vasco, pero está dispuesto a llegar hasta donde
haga falta «¡Maldita norma! Está hecha para proteger a los chicos, pero aquí les perjudica
gravemente».

Alvaro Pérez Alonso es un educador social de 29 años. Preside el Otxartabe, fundado hace
seis años, y ha firmado el pasado 29 de agosto un escrito solicitando al Gobierno vasco
que no aplique en Euskadi una norma de la FIFA. Espera tener una respuesta inmediata,
porque los chicos comienzan la Liga el próximo día 28 de septiembre. Se trata del
artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores, que prohíbe
los fichajes de chicos que no tengan 18 años de países de fuera de la UE a no ser que
sus padres tengan un contrato de trabajo en el país de destino.

“El asunto es que se ha llevado la norma al absurdo y no se permite jugar a fútbol a
quince muchachos de origen magrebí de entre 13 y 17 años, la mayor parte de ellos
marroquíes y el resto argelinos. Se les aplica una norma pensada para evitar el tráfico
de talentos, pero se olvida que son jugadores del montón para los que el fútbol es solo
una forma de olvidar su dura realidad e integrarse”.

Y se pregunta: “¿Contrato de trabajo para los progenitores de muchachos que han entrado
en el país bajo los ejes de un camión y que están tutelados por la Diputación? Petición
imposible”.

En su recurso ante el departamento de Deportes del Gobierno vasco reclama que se anule
la denegación de la Federación vasca y que «se declare el derecho a obtener licencia
federativa a todo extranjero no comunitario que acredite su vecindad administrativa» en
Euskadi. Eso es lo que se recoge en los reglamentos aprobados por el propio Ejecutivo, que,
alegan, están por encima de las normas federativas.

«Aquí han entrado de forma ilegal, pero ahora viven de forma legal. La FIFA tendrá que cambiar
el artículo 19 para que los niños tutelados por las instituciones puedan jugar porque lo que pasa
en Otxarkoaga pasa también en Londres, Berlín o Roma. En su norma falta esta realidad», zanja.

Por el momento, la respuesta de la Federación vasca no anima. «No se tramitará ninguna
licencia de jugador extranjero menor de edad que no cuente con la preceptiva autorización de
la FIFA», contestó al club en agosto y añadió que esa medida se aplicará a los futbolistas aunque
hayan «tenido licencia la pasada temporada», como es el caso.

El asunto supone un duro golpe al trabajo del Otxartabe, en riesgo incluso de no poder inscribir a
dos equipos cadetes y dos juveniles por no alcanzar el número de fichas necesarias. «Si nos
quitan a estos chicos, no salimos a competir», avisa Yeray Modroño, de 21 años, entrenador
de porteros del juvenil A.

Pero ante todo, pone en riesgo de destrucción el proyecto de integración de los inmigrantes en el
que el fútbol sala es una de las claves.

En el club Otxartabe son quince muchachos de entre 13 y 17 años que llegaron a Bizkaia de forma
ilegal. La mayor parte de ellos cruzaron la frontera entre Marruecos y España en camiones.
Detectados en la calle por la Policía, la Diputación les internó primero en su centro de Amorebieta
y luego les derivó a otros. Es la institución que tiene la tutela legal sobre ellos.

El club Otxartabe de Otxarkoaga les anima a jugar al fútbol sala para ayudarles en su integración
y que se creen lazos de unión entre ellos. Antes de cada entrenamiento les hace acudir a clases,
sobre todo de refuerzo de castellano. Si no hay estudios, no hay fútbol. Esa ha sido la norma en
los seis años de vida de la entidad.

Pero ahora corren el riesgo de quedarse sin deporte. Se lo puede arrebatar una reglamentación
aplicada sin sentido común.


Fuente: As



 

 
 
 

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