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29 de Julio de 2014

EL DEPORTE ES UN DERECHO, NO UN NEGOCIO

Por Sebastián Artola

Los clubes de barrio de nuestra ciudad llevan adelante una enorme tarea casi en soledad
y a pulmón.

El esfuerzo diario de familias y grupos de vecinos permite el sostenimiento de más de
350 clubes, a lo largo y ancho de Rosario, que sólo algún éxito deportivo o evento
excepcional hace visible a los ojos de las autoridades políticas o los medios de comunicación.

El Mundial de fútbol fue un claro ejemplo de esto.

Ahí nos enteramos de que muchos de los jugadores de nuestra Selección, antes de llegar
a los grandes clubes de la ciudad, para después irse rápido al extranjero, dieron sus primeros
pasos en clubes de barrio.

Es el caso de Di María que salió del Club El Torito, en el barrio El Churrasco; del propio Messi
que jugó en el Club Grandoli, en la zona sur; o de Lavezzi que surgió en Coronel Aguirre de
la vecina ciudad de Villa Gobernador Gálvez.

Los clubes de barrio desarrollan una acción social y educativa imprescindible, sobre todo en
zonas de la ciudad atravesadas por necesidades de todo tipo, promoviendo una práctica
deportiva desde los primeros años que logra funcionar como un semillero de jugadores,
sin el cual es difícil pensar la condición de “grandes” de los clubes más importantes de la ciudad.

La realidad de un barrio que tiene un club a uno que no, cambia de modo radical en términos
de integración y forma en que se dan las relaciones sociales.

Pero lamentablemente el reconocimiento dura poco y no se traduce en un acompañamiento por
parte del Estado que permita el fortalecimiento de estas instituciones.

Es comprensible que la intendenta Mónica Fein se saque una foto en el mural de homenaje
a Di María en El Torito, pero desde el municipio debería hacerse algo más por los clubes de
nuestra ciudad.

Mientras las oportunidades son concentradas por quienes manejan los clubes más grandes
y las penas quedan en los más chicos, desde el Estado provincial y local poco aporte se hace
a un diseño que distribuya de modo más justo los recursos (materiales y técnicos),
promoviendo un desarrollo deportivo equilibrado.

Si esta es la realidad del fútbol, ni que hablar de aquellos clubes donde se practican deportes
amateurs.

El deporte es un derecho y no un negocio al que sólo pueden acceder los que tienen los recursos
para hacerlo. Y los clubes de los barrios, por estar metidos en el corazón mismo del tejido social,
cumplen una tarea primordial en la formación de los niños y niñas, en la inclusión, en la
promoción de lazos solidarios, en la connivencia comunitaria, en el derecho de cada joven a
soñar y a construir un proyecto de vida digno.

Un Estado que garantice el derecho al deporte es un desafío imprescindible para el desarrollo
integral de una comunidad, y éste tiene que empezar por el fortalecimiento y promoción de los
clubes de barrio.

Fuente: Info News




 

 
 
 

Asociación Rosarina de Entidades Deportivas Amateurs - Buenos Aires nº 1252  . Tel 4242301. 
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