Principal

Historia

Principios

Estatutos

Comisión Directiva

Socios

Legislación

Que hacemos

Subsidios Nacionales

Congresos

Laboral

Explicativos

Historia de un club

Contáctenos

 

 

 

 

14 de Abril de 2016

Alarma en las inferiores: el eco de una sociedad en crisis



"Ahora sí que te hacés mala sangre con los pibes. Hace varios años, el primer día
le revoleé 20 metros un celular a Messi. Hoy le llego a revolear un teléfono a
éstos y me tengo que pelear tres días. «¿Quién es usted para hacerlo?», te dicen.
«Ni mi padre lo hace», te torean. ¿Qué tenés que hacer? Llevártelo a caminar,
explicarle, dedicarle atención. Bajarle línea una y otra vez. Antes venía casi todo
resuelto desde la casa y a lo sumo en un día les explicabas las normas de trabajo.
Lo que antes te llevaba un día ahora te lleva un mes." Gerardo Salorio es el que va
y viene en el tiempo, trémulo testigo de la metamorfosis, dueño de un crudo
retrato. El fútbol no es culpable de nada, simplemente refleja a la sociedad. "A los
chicos los empiojó todo lo que empiojó al país", resume el histórico preparador
físico de los seleccionados juveniles de José Pekerman.

A medida que el potrero dejó de ser el inagotable proveedor de cracks, aparecieron
temas coyunturales que acentuaron la preocupación alrededor de las divisiones
inferiores: fragilidades físicas, déficits alimentarios y, principalmente, serios conflictos
familiares: desde hogares violentos y disfuncionales, con causas judiciales incluidas,
hasta chicos que saliendo de la adolescencia ya son padres. La desarticulada red
social del país ha desembarcado en el fútbol.

"La droga es un problema grande", detalla Claudio Vivas, coordinador de las inferiores
de Banfield y uno de los candidatos a asumir en los juveniles de la AFA. Y avanza:
"Hay muchos casos. Algunos los detectamos, de otros sospechamos y en otros
quedamos como «vigilantes», pero es lo mejor para ellos. A principios de año les
hacemos estudios y tratamos de manejar la ayuda con discreción. Muchos llegan de
casas destrozadas, donde se ve de todo: bebida, violencia familiar, problemas con
la policía. Hay chicos que te llegan deprimidos y naturalmente bajan el rendimiento.
Entonces empezás a preguntar. Alguno te cuenta que se peleó con la novia o que
extraña a los viejos, que están en el interior, y otros te dicen que el padre la caga a
palos a la madre."

La fuga de conductas y educación se encarga de agravar el escenario. Muchos chicos
ya no escuchan a los grandes como antes. Encargados de las inferiores confían sus
luchas por que cumplan reglas básicas, como apagar las luces en determinado
horario. O la aparición de sábanas quemadas con picaduras de cigarrillo. "Varios llegan
de familias que viven de planes laborales, donde la mayoría no vio nunca trabajar al
papá. Familias donde los abuelos son muy jóvenes... Chicos que viven en zonas difíciles.
Hace muchos años el «ey amigo., tenés tal cosa o me das tal cosa.» no existía; ahora
todo es «ey amigo.». Las veces que les digo «aprendé a hablar.». Manejan 300 palabras
y de ahí no los sacás. Te dan ganas de boxearte un ratito con cada uno, pero mejor que
eso es comprometerse. ¿Por qué no tenemos líderes en la sociedad? Porque nadie se
involucra", agrega Salorio.

Las adyacencias culturales de las canchas se han empobrecido. "El fútbol es una cuestión
de Estado, de país, de cultura. El fútbol es un juego y el juego hay que entenderlo. Y
para entenderlo hay que pensar y para pensar hay que ir a la escuela. No todo termina en
el fútbol, hay un contexto mucho más grande en el que hay que fijarse. En ese sentido,
no estamos como estábamos antes", explica Javier Mascherano. Se suma Vivas: "Cuando
me siento con un jugador de primera que no hizo ni la primaria ni la secundaria y le
quiero explicar un nuevo sistema táctico, a veces me mira con los ojos desorbitados.
Le cuesta mucho más a ese chico jugar al fútbol porque el nivel interpretativo del
futbolista ha caído mucho. Y va de la mano, lógicamente, de su mala formación educativa".
Muchos pibes creen que nadie puede enseñarles nada. "Los chicos tardan en madurar
porque están pendientes del celular, de la minita. Antes no había nada. Lo único que
a mí me importaba era jugar en primera, y si para eso tenía que comer pasto, me
comía un kilo. Hoy tienen todo al alcance y eso los retrasa", reflexiona Gabriel Heinze.

"Hay chicos de 16 y 17 años que ya son papás. El proyecto de formación de un futbolista
ahora abarca mucho más que hace 20 años; cuando empecé a trabajar en las inferiores
de Newell's, mi mayor problema era a quién ponía entre los tres N° 9 que tenía, mi trabajo
se limitaba a lo que ocurría en la cancha y punto", compara Vivas. Si antes las figuras
centrales en las inferiores eran el técnico y el delegado, ahora los que tienen una agenda
sobrecargada en los clubes son la asistente social y el psicólogo.

Justamente Marcelo Roffé, psicólogo deportivo con 21 años de trayectoria y experiencia
en las selecciones de la Argentina y Colombia, acerca su impresión: "Estos adolescentes
tienen que madurar antes de tiempo. Algunos ya son padres de familia y el sostén
económico de todo el grupo familiar, o por el dinero que les da el club para que nadie
se los robe o por la plata que les da el representante. Así se aceleran los tiempos
de esos chicos, y lo apurado generalmente sale mal. «Todo me pasó demasiado rápido»,
es una frase que escuché muchas veces en boca de varios futbolistas. Y es así".

La tarea de Marcela Bracco, desde hace 18 años trabajadora social de las selecciones
juveniles de la AFA, precisamente es conocer a los chicos desde otra óptica. Los describe
como mucho más desinhibidos que antes. E introduce el elemento económico en el
análisis. "Ahora aparece muy precozmente el manejo del dinero; a los 16 años los chicos
tienen su propio auto, y son autos de alta gama. Y la precocidad se extiende a la
administración de las emociones; así te encontrás con chicos de 15 años viviendo en la
casa de los padres de su noviecita, y ése es otro gran cambio por todo lo que significa
vivir con una familia política. Muchos todavía no saben ni quién son y todos los días
comparten el techo con sus suegros, en un particular mundo de intereses."

"La desocupación -analiza Salorio- es la raíz de todo. Entonces esos padres sueñan
con la salvación. Padres que ya gastaron su vida y ahora quieren gastar la del otro, pero
el otro es su hijo. El pibe a los 12 o 13 años está desgastado, ya no tiene ganas de jugar.
Ahora no llega el mejor, llega el que sobrevive., ésa es la presión a la que los someten.
Te llegan informes de la asistente social donde las familias dicen «vivimos de lo que
genera mi hijo», que quizá cobra 5000 pesos por mes porque el club le da ese viático por
miedo a que se lo lleve otro club. Cuando veo que las familias viven de un pibe que
todavía no se sabe si llegará a primera digo «pucha, qué mal que estamos»."

"La conducta de los chicos es cada vez peor. Las marcas que visten a la primera
generalmente te entregan 10 o 12 pares de botines para las inferiores. pero si no son
de alguna de las dos o tres marcas principales, los pibes te los tiran por la cabeza.
Cada vez más pequeños tienen representantes y te exigen un viático. Los pibes hoy te
pasan por al lado y no saludan., es una lucha permanente que arrojen la botellita
de agua en el cesto y la ropa la devuelvan en la mano al utilero. Tiran todo por cualquier
lado, es una lucha cultural ya. Si se va la pelota a la calle, les digo que la tienen que
ir a buscar porque esa pelota vale 1000 pesos. Y van, pero obligados y puteándote por
dentro", se lamenta Vivas.

Las tentaciones están siempre al acecho. "En el Sudamericano Sub 15 que jugamos en
Colombia a fines del año pasado, en la última noche se me llenó el lobby del hotel de
nenas, chiquitas. Saqué a todo el mundo, cerré la puerta del hotel, me quedé con las
llaves y hasta las 5 de la mañana me la pasé caminando por los pisos de los pibes hasta
que todos cayeron dormidos. No pasó nada. ¿Cuál era mi deber? Se lo dije el día que
salimos de Ezeiza: «Yo soy dueño de ustedes desde hoy y hasta cuando los devuelva». Yo
era el responsable de ellos. Les tenés que dar el cariño y el cuidado que quizás en la
casa les dan con cuentagotas", describe Salorio.

"Cuando les interesa un jugador, desde Europa preguntan mucho por el costado profesional.
¿Se cuida, qué familia tiene, vive solo, está casado, tiene una sola esposa, le da bola a la
preparación, le gusta el fútbol. El argentino se hace futbolista fuera de su país, cuando
entiende que se tiene que cuidar todos los días", relata Heinze. Cuando Sergio Agüero
llegó en 2006 a Atlético de Madrid, el nutricionista del club colchonero abrió muy grandes
los ojos al conocer los hábitos alimenticios del Kun: "Come solamente carne y no toma
agua porque dice que no le gusta ni en pintura". A muchos futbolistas argentinos que
llegan a Europa les cuesta adaptarse a las nuevas pautas de nutrición. "Aquí está: la
famosa Mila-Messi. Es lo que come el Leo siempre. Y de postre, heladito de fresa y
chocolate, acompañado con Coca-Cola. Siempre", cuenta Jorge, uno de los dueños del
restaurante Las Cuartetas en el libro Ni rey ni D10s, de Sebastián Fest y Alexandre
Juillard. La mala costumbre se cortó en 2009, era incompatible con la elite. Los excesos
de grasa, el vicio por la carne roja, el rechazo a la leche, el pescado y las verduras
describen un costado poco profesional. Claro, de chicos, algunos ni acceden a esa dieta.
Ahí también llega el socorro social de los clubes.

La licenciada Bracco intenta ayudar a los pibes a resolver ciertas problemáticas. Pero
cambió el escenario brutalmente. "Por ejemplo, hay chicos de 14 o 15 años que están
transitando un desarraigo acá, en Capital, porque son de alguna provincia, y mientras
tratan de adaptarse a un nuevo colegio, un nuevo club y otros amigos, encima les llega
una propuesta del exterior. Eso los conflictúa y los mantiene en una atmósfera de
castillitos en el aire. Entonces, se sienten más omnipotentes. Y el panorama se agrava
si las familias apoyan estas cuestiones en lugar de alentarlos a que vivan las etapas,
en lugar de quemarlas."

Tantas fotografías oscuras proyectan una sombría película. El deterioro de varias
estructuras básicas impacta sobre la producción del semillero. Frente a la sentencia
de que ya no aparecen cracks como antes también convendrá rastrillar las razones más
allá de los límites de una cancha: la avería sociocultural del país es parte de la explicación.


El mismo juicio en los extremos generacionales

Maxi Rodríguez anda por los 35 años. "Hoy, un pibe de 14 años tiene representante, y eso
ya es una distorsión. Ellos les dicen «mirá que te voy a llevar al Manchester y te doy dos
pares de botines.». Entonces a ese pibe, después de darle dos pares de botines y un viático,
ya se lo meten en el bolsillo. Y a la familia también. Ayudarlos está bien, pero no
abusarse. Los pibes están más relajados porque no les cuestan las cosas, a muchos les da
lo mismo ganar o perder. Hoy, en primera todos los chicos tienen auto, y yo me acuerdo de
que siendo jugador de primera iba a dedo a las prácticas o me tomaba algún colectivo. Hoy
los pibes se te quejan porque no recibieron el último modelo de un botín." ¿Y saben de
fútbol? "La mayoría no. No ven fútbol, están en otra. Es difícil cambiar a un chico de casi
20 años que está pendiente de la Play, la gorrita, la marca de la ropa. cuando están con
esas boludeces descuidan la prioridad, que es jugar al fútbol. Además, desde hace un
tiempo al vestuario te llegan chicos con problemas familiares muy graves."

Giovanni Simeone aparece en el otro extremo generacional. Nació en Madrid y se radicó en
la Argentina a los 10 años. Él es una rara avis en medio de las nuevas camadas. "¿Qué
logran las personas que no se cuidan, que no se esfuerzan? Es gente que padece una
enfermedad: la comodidad. La mayoría de los pibes es así, no viven el fútbol. No sé si
no los apasiona. el entorno embarró mucho a los jugadores. Los padres no los aconsejan
bien, muchos representantes no los ayudan. Por ejemplo, el presidente de la Nación quiere
sacar a los «trapitos» de las calles, pero no es fácil tomar el control porque hay muchos
condicionantes, ¿no? Y acá es igual, más allá de las intenciones de algunos, hay mucha
gente en el medio. ¿Cuántos futbolistas terminan el colegio? Muy pocos, y sería esencial
para entender un poco las cosas. Mis papás siempre me enseñaron qué es lo bueno y
qué es lo malo. Algunos llegan a primera comiendo en McDonald's y es difícil cambiarles
la costumbre... Por ahí debutaste en primera, pero eso no significa nada, nos sos nadie
todavía." Simeone tiene 20 años.


Agremiados y un proyecto de vida alternativo

La Fundación El Futbolista, brazo educativo de Agremiados, tiene un eslogan: "Tu progreso,
nuestro desafío". Ellos trabajan con futbolistas con inquietudes. A la fundación llegan chicos
con interés. "Se ven mucho chicos-padre y muchos chicos con problemas de drogas
también. Pero no es un tema del fútbol; quizá sí, el fútbol amplifica, pero a toda la
juventud le pega", acepta Carolina Ramenzoni, asistente del área educativa. "Si no estudiás,
no tenés pensión, ésa es una decisión muy importante que están tomando varios clubes. Ha
cambiado mucho el nivel de asistencialismo de los clubes; los profes y los técnicos están más
atentos a lo que les pasa a los chicos. Muchos clubes ofrecen psicólogos, nutricionistas y
asistentes sociales. Si la situación social se agravó, también creció la respuesta. El
fútbol no se hace el distraído y atiende esas carencias", analiza Carolina.

"Empezamos a trabajar en el 2000 y desde entonces la Fundación no para de crecer, y
eso da cuenta del interés de muchos chicos. Encuentran un lugar que los escucha y
que les ofrece herramientas. Encuentran un lugar para capacitarse para su futuro, porque a
primera llegan muy poquitos. El fútbol tiene fecha de vencimiento y deben prepararse para un
proyecto de vida alternativo. Nuestro abanico abarca desde terminar el secundario, becas
para el nivel terciario y universitario y distintos cursos, por ejemplo de idiomas,
computación, producción audiovisual, diseño multimedia, oratoria deportiva y taller de
radio, primeros auxilios, varios más. Y totalmente gratis", detalla Georgina Monteleone,
asistente social de la fundación.

Además, especialistas de la Fundación acuden periódicamente a los clubes y ofrecen talleres
de sexualidad responsable y adicciones a chicos de hasta 8va división. También hay un
acompañamiento con los casos de doping. "El problema del futbolista siempre fue el
mismo: cree que su vida como futbolista será para siempre. Un chico hace todas las
inferiores y a la hora del primer contrato, el club elige sólo a dos y el resto se frustra. Esos
chicos tienen que prepararse para las malas noticias y acá intentamos ofrecerles alternativas",
completó Carlos Pandolfi, presidente de Agremiados.


Fuente: Diario La Nación

 

 

 

 

 

 
 
 

Asociación Rosarina de Entidades Deportivas Amateurs - Buenos Aires nº 1252  . Tel 4242301. 
aredaclubes@aredaclubes.arnetbiz.com.ar - hector@ejugar.arnetbiz.com.ar