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8 de Mayo de 2014

El club: nuestro segundo hogar

Por Alfredo Armando Aguirre

Me encontraba presenciando un evento deportivo en la ciudad cordobesa de Bell Ville, cuando
pude leer en una de las paredes del recinto la siguiente frase: "el club es nuestro segundo hogar".

Aprecio que la misma da una idea aproximada de lo que el club representa en la vida argentina.

En 1983 se creó la Liga de Clubes Centenarios de la Argentina. Esta creación es una prueba de
que el club ha sido el ámbito específico que los argentinos hemos escogido para nuestras prácticas
deportivas, sin desconocer los aportes del sistema educativo.

Si bien en sus principios, el club fue un artefacto cultural, traído por los ingleses, con el tiempo fue
enraizándose de tal manera que ha devenido en una de las instituciones mas genuinas del acervo
popular argentino.

Los clubes desarrollan su actividad en el marco del derecho constitucional de libertad de asociación
establecido en el artículo 14 de la Constitución Nacional vigente y explicitado en el artículo 33 del
Código Civil. en lo referente a asociaciones civiles. Nuestros clubes, que son alrededor de diez
mil, son asociaciones civiles sin fines de lucro. Característica esta que pocas veces se pondera
y que lo diferencia de Ios clubes de otras latitudes.

También en pocas ocasiones se ha reparado en el carácter democrático de nuestros clubes. En las
recurrentes interrupciones que el orden institucional argentino sufrió en el último medio siglo, los
clubes continuaron eligiendo sus autoridades mediante el voto de sus asociados. Ese voto fue
siempre voluntario, lo que da  una pauta de su purismo democrático. Incluso hay clubes que llegan
a admitir a representantes de la minoría en sus cuerpos directivos Los clubes han sido y son escuela,
cuna y muchas veces refugio de la dirigencia argentina en todos sus ámbitos. El grueso de los
representantes que el pueblo ha elegido recientemente han pasado por la comisión o subcomisión
de uno o varios clubes Pero la democracia en ellos no se detiene en sus formas. En sus ámbitos han
convivido y conviven las más dispares ideologías, religiones o razas.

¡Cuantas veces hemos conocido o visto casos de que personas de una misma idea política se
enemistan por pertenecer a distintos clubes!

A veces las discrepancias no pudieron resolverse en el seno de la institución y ese ha sido el nacimiento
de nuevos clubes.

Los clubes tan cercanos al afecto de sus miembros son muy celosos de su identidad, por ello es
que son infrecuentes las fusiones. Muchas veces la fría estadística sugiere la fusión de clubes.¡ Más
hay razones que el corazón no entiende!

La versatilidad de los clubes es otra de sus características. Es lo que les ha permitido transitar por
los más diversos avatares a que ha estado sujeta la Argentina: Hay clubes para diferentes estratos
sociales, para diferentes situaciones geográficas.

Siempre están prestos para desarrollar las nuevas disciplinas que interesen a sus asociados y sus
Directivos son un dechado de creatividad, en lo que hace a la consecución de fondos para el
funcionamiento del mismo. Si alguien cree que un club se mantiene con las cuotas de sus asociados
está en un grueso error. Rifas, tómbolas, bingos, ferias de platos, bailes, funciones cinematográficas
o teatrales, etc. La memoria de cada club es un manual de creatividad.

Los casos que más me han conmovido son los de los socios que sacan créditos personales para
prestárselo sin intereses al club de sus amores. O cuando un socio pone el campo, otro la semilla,
otro, la maquinaria, y otro el combustible y el producido va al club y si es para darle el contramoquillo
al club rival mejor! ...

Y así se ha hecho el progreso de nuestros pueblos y de nuestros Clubes.

Estos son ámbitos donde los argentinos podemos hacernos más saludables y más cultos, practicando
nuestros juegos y nuestros deportes favoritos. En definitiva, aprendiendo a convivir permanentemente.

Los sucesivos gobiernos nacionales, provinciales y municipales han visualizado siempre a los clubes
como eficaces auxiliares de sus propósitos y por eso los han apoyado. Pero siempre ha sido mayor el
aporte de los clubes a los gobiernos, que el de los gobierno a los clubes.

Por todo ello, es que bien vale considerar al club como a una segunda familia. Y si hay que
desarrollar los derechos de la familia en tanto célula básica de la sociedad, hay que fortalecer,
fomentar y proteger a nuestros clubes. Y ello debe enfatizarse ante ciertas corrientes teóricas que
pretenden dar por concluido el ciclo de los clubes en la Argentina (el motivo: arruinan sus negocios
mercantiles o ideológicos). Atacar al club es como atacar a la familia, a la empresa privada, al sindicato,
a la cooperativa, a los partidos políticos.

El club es una de las instituciones constitutivas del ser argentino, el ámbito específico para que
convivamos y juguemos. Por eso, nuestro homenaje a la célula del deporte nacional.

Publicado en la revista "Mundo Amateur", de la ciudad de Buenos Aires, en su número  34, de 1986

 

 
 
 

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